
Mientras el Gobierno no cesa de dar traspiés, como la fracasada visita de la presidenta a El Salvador, la oposición parece haberse contagiado de esta cotidiana demostración de incompetencia y carencia de ideas. El humor, ese perpetuo mecanismo de desahogo nacional, ha hecho que al partido Ahora Nación se le llame Ahora Fracción. Mientras que Buen Gobierno ha sido caricaturizado por Andrés Edery como Buen Tibierno. En ambos casos, las denominaciones satíricas aluden a la facilidad con que se están desmembrando ante la tarea de confrontar al Gobierno. Con la diferencia de que, en el caso de Ahora Nación, ha sido el líder del partido quien ha excluido de su condición de voceros a Indira Huilca y César Holguín.
La risa, como decía Sofocleto, es un remedio infalible. Pero insuficiente para curar el mal de raíz. Lo paradójico es que, a pesar de que se la ponen fácil, la oposición no resiste el más ligero embate y se fragmenta. Difícil saber si se trata de corrupción —por ejemplo, ante el pedido de interpelación del ministro de Educación—, miedo o autoritarismo grotesco en una representación tan exigua en la Cámara de Diputados como la que lidera López Chau. Lo cierto es que las explicaciones del senador Gavidia, entrevistado por Rosa María Palacios en su programa Sin Guion, son de una puerilidad sospechosa. Se opuso al partido que le dio la curul —Buen Gobierno— porque “son caviares”. Por supuesto, cuando la entrevistadora le pidió al representante que explicara lo que entendía por “caviares”, ni su profesión de biólogo le permitió esbozar siquiera un atisbo de definición convincente. Lo cual es inevitable, porque es imposible explicar un significante vacío. En cambio, sí hace pensar en el mensaje que está enviando al fujimorismo: ¡soy de los suyos! ¡Odio a los caviares!
Es profundamente desalentador que esto esté sucediendo al inicio de lo que se anuncia como un largo y doloroso quinquenio. También Juntos por el Perú —ya saldrá su “chapa”— se sumó a este transfuguismo compulsivo. Parece improbable que se trate de problemas políticos en sentido estricto. Más bien, serían señales tempranas de su principal interés en el Congreso: ofrecerse al mejor postor. Y todos sabemos cuál es este. Del mismo modo que el filósofo coreano Byung-Chul Han conceptualiza un capitalismo de la autoexplotación, estos congresistas practican la autocorrupción. Apenas pudieron, se ofrecieron para lo que haga falta.
Es penoso e indignante que, mientras el Gobierno demuestra a diario su clamorosa incapacidad para enfrentar los gravísimos problemas actuales y futuros de la sociedad peruana, estos representantes se arrojen en sus brazos. Acaso antes de que los hayan comprado: avisan que están disponibles para lo que haga falta. De nada servirá que hasta un gobernante autoritario, como Bukele, le diga en público a Keiko Fujimori que su viaje ha sido en vano, pues los problemas peruanos no son comparables con los de El Salvador.
Mientras este escenario vergonzoso tenía lugar en El Salvador, en Chincha la bailarina Vania Masías anunciaba que el festival que estaba organizando con Miguel Ballumbrosio fue cancelado por el asesinato de una productora, por lo que tuvo que trasladarse al hotel-hacienda San José (en El Carmen). Ante el crimen organizado, gesticulaciones frívolas, en flagrante negación de la realidad. Cuando más necesitaríamos una oposición unida que nos represente y defienda, varios de sus integrantes se promocionan como facilitadores de la andanada retrógrada encabezada por el fujimorismo.
La salita del SIN ha sido integrada al mundo interno de congresistas que sueñan con esas rumas de billetes de los vladivideos. Aún no están claras, es preciso aclarar, las razones por las cuales López Chau retiró de sus cargos de voceros a Huilca y Holguín. Me temo que, en este caso, el envanecimiento y el afán protagónico del líder del grupito puedan estar siendo determinantes. Lo dramático es que esto sucede mientras se siguen atropellando los derechos de los peruanos, en particular de las peruanas. Más específicamente, de las campesinas. Lo acaba de anunciar Margarita Rojas, presidenta de la Asociación de Mujeres Esterilizadas de Chumbivilcas. Según revela el editorial dominical de La República, es posible el archivo definitivo de la investigación por las esterilizaciones forzadas durante el gobierno de Alberto Fujimori.
Todo esto, que ya es mucho, mientras el fenómeno de El Niño y la minería ilegal avanzan a pasos agigantados. Es imposible no percibir la soledad en que esto deja varados a la mayoría de peruanos, en particular a quienes enfrentan cifras alarmantes de inseguridad alimentaria y dificultades de acceso a servicios indispensables como el agua potable (ver los datos precisos en el artículo de Las Tejedoras en La República dominical, firmado por la ingeniera Nancy Goyburo Reeves, especialista en políticas de inclusión financiera y desarrollo).
No somos los únicos en la región, por lo demás. Acaso por eso se ha sentido una enorme ola de esperanza con el triunfo de Lula en Brasil. Todas las encuestas daban por vencedor al ultraderechista Flavio Bolsonaro, quien huyó de su país para refugiarse en EE. UU. apenas se anunció su derrota. No es que Lula sea perfecto ni la tendrá fácil con el Congreso en manos de personas cercanas al clan Bolsonaro. Es el triunfo de las masas populares contra los algoritmos en manos de billonarios lo que ha generado tanta algarabía. Es un mensaje de esperanza, pues, cuando todo parece perdido, surge del sector popular un hombre como André Janones, quien cambió el curso de la historia.

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