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Aparece la policía literaria, por Mirko Lauer

La polémica sobre una novela premiada y el uso de inteligencia artificial abre el debate sobre la autoría, la calidad literaria y el futuro de la creación

IA
La IA está cambiando el trabajo ¿qué debes aprender para seguir siendo empleable?.

«Yo la escribí». «La inteligencia artificial generativa la escribió». Polémicas como la que se define en las dos frases anteriores se parecen mucho a las del plagio, pero son muy distintas. En el Perú recién hemos llegado al tema de la IA con la discrepancia en torno a Donde el agua trabaja, la premiada novela corta de David Silva, acusada de ser obra de la IA.

Silva rechaza esas acusaciones, las cuales se apoyan en un programa llamado Pangram, que detecta la factura o participación de IA en un texto. Pangram es la versión IA de Turnitin, que se utiliza para detectar plagios vulgares y silvestres, sobre todo de estudiantes. Pero el plagio es un asunto académico, mientras que el uso de la IA está sobre un horizonte industrial.

La librería en línea Goodreads ya en 2024 había mostrado una lista de algo más de 100 libros que consideraba escritos por la IA. Nada notable, nada premiado; en general, libros del montón, como se suponía que podía producirlos una máquina electrónica. Lo que hace la diferencia con el libro de Silva (2026) es, obviamente, el premio latinoamericano.

Pero al lado de los debates sobre si un libro viene de la IA o no, están las discusiones sobre qué espera un lector de una novela. En un primer momento se estaba exigiendo que ella pareciera escrita por un humano. Pero ahora parece que se le reclama, sobre todo, que sea un libro de calidad, es decir, que no sea robótico. ¿Cuál es ese libro?

Todavía no han aparecido, que sepamos, ni la obra ni la máquina que hayan irrumpido en los mundos del bestseller o del premio mundial. Al revés, el libro IA es un personaje clandestino de la literatura. Allí vemos a Silva defendiendo la humanidad de la novela que firma como suya, y que quizás lo sea, ¿por qué no?

Podemos imaginar al editor que ya prepara una colección de los mejores libros de la IA y la formación de un público adicto al género. Quienes todavía no hemos leído uno solo tenemos dificultades para imaginarlos. Si así sucede en la narración, la cosa puede ser más reumática con la poesía, de la que sí hemos leído algo.

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