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¿Occidentales? ¿Cuán occidentales?, por Mirko Lauer

"El racismo es típico vicio de personas poco seguras de su condición occidental, y con toda razón. Aún más típico entre quienes no se consideran racistas"

occidentales
Mirko Lauer

¿Es el Perú un país occidental? Hay discusión sobre eso. Es obvio que una parte importante de la cultura no es occidental, en cuanto conserva, con diversa intensidad, rasgos de lo ancestral. Pero eso no significa que el resto de la peruanidad resulte automáticamente occidental. Los criterios de la definición son variables.

Ni siquiera lo que nos gusta llamar el Perú moderno, es decir**,** algunas ciudades de la costa, entra en los criterios de la occidentalidad. Los ingresos, los derechos, las conductas, el tipo de producción, no son los mismos. Ese Perú moderno es una totalidad definida solo por una de sus partes. Algo así como que se parece, pero no es.

¿Es una idea ofensiva? Más bien es inexacta. Lo occidental es un criterio relativo, que en la era del auge chino o hindú no acarrea mayores méritos. Pero a nuestro “peruano moderno” le gusta poder sentirse europeo, o por lo menos algo europeo, dentro de su hogar. ¿Cómo se logra? Probablemente por la vía del consumo conspicuo.

¿Más occidentales o menos occidentales? Hay países en la propia América Latina donde es más fácil sostener las ilusiones de lo “moderno occidental”. Chile, para no ir más lejos; Uruguay, si queremos ir más allá. Pero nadie hace esas comparaciones. Lo habitual es concentrarse en admirar las importaciones.

Si comprendiéramos cuán delgada es la pátina de nuestra occidentalidad en las ciudades costeñas, no persistiríamos en el maltrato cultural a las naciones más próximas a lo autóctono. El racismo es típico vicio de personas poco seguras de su condición occidental, y con toda razón. Aún más típico entre quienes no se consideran racistas.

Sorprendería a muchos todo lo que en la cultura andina se ha generado mediante el contacto con lo hispano, y que se mantiene allí. Al no parecerse a lo “moderno costeño”, se le excluye del mismo Occidente en el que con tanta irreflexión nos zampamos. Decir país mestizo o todas las sangres no resuelve el problema.

El argentino Jorge Luis Borges nos consideraba a todos “europeos en el exilio”. Luis Alberto Sánchez consideraba a la nuestra “una clase media de la inteligencia y de la virtud”. Si el camino al Occidente verídico pasa por la OCDE, es evidente que nuestro peregrinaje es largo. Más fácil emigrar a Madrid.

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