
Como las alzas en el precio del combustible diésel auguran una derrota de los republicanos en las elecciones parlamentarias de noviembre próximo, Donald Trump está presionando al jefe ucraniano Volodímir Zelenski para que no siga atacando las refinerías rusas. El petróleo es la verdadera patria del presidente de los EE. UU.
Desde el inicio de la invasión, Ucrania ha peleado con las manos atadas. Europa moderaba el tono para no provocar la enemistad con Moscú, que de todas maneras vino. Para Trump, las relaciones con Rusia siempre fueron un buen negocio. Además, nadie pensaba que Zelenski iba a poder resistir a Vladímir Putin, como viene sucediendo.
Hoy existe la sensación de que Putin no pierde esa guerra solo porque las democracias occidentales lo protegen, mientras Rusia se va entregando a los cuidados del régimen chino. Al igual que en las traiciones de Trump, el nombre de estas maromas finalmente prorrusas también es petróleo. Más ahora que el precio sigue subiendo.
En una situación así, no sorprende que Putin no quiera la paz, a pesar de no estar ganando. Un país en guerra es un argumento óptimo para perpetuar una presidencia autoritaria. Tanto así que las elecciones truchas de este mes fueron presentadas como un referendo sobre la guerra. Allí sí Rusia le ganó a Ucrania.
Si la guerra fuera un asunto de materias primas y demografía, Rusia la hubiera ganado hace tiempo. Pero hay muchos otros factores. Un pueblo que lucha por su libertad tiene una energía muy distinta que un pueblo que apoya a un gobierno invasor de su vecino. Por lo general, este último profesa un patriotismo mezclado con desgano.
La invasión de Ucrania ha servido para reforzar a la Unión Europea, sobre todo en torno de la OTAN. Lo mismo se ha dado frente a la indecente actitud de Trump, que confunde aliados con víctimas de su rapiña. Que se haya pedido a Ucrania no apuntar contra las refinerías rusas lo pinta de cuerpo entero, como un mercachifle posando de estadista.
Ante ese personaje es que la Cancillería peruana se está inclinando en todos los escenarios. Algo que no parará hasta haber convertido a China en un enemigo.






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