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Opinión

El laberinto de la “etnicidad”

“Resulta significativo el reciente nombramiento de Rocilda Nunta Guimaraes, lideresa shipibo-konibo, como viceministra de Interculturalidad”.

larepublica.pe
“Resulta significativo el reciente nombramiento de Rocilda Nunta Guimaraes, lideresa shipibo-konibo, como viceministra de Interculturalidad”.

En un evento académico en Alemania, hace unos años ya, conocí a un periodista y activista mapuche. En una pausa del evento, conversando en los pasillos del edificio, el periodista se refirió a “la guerra con Chile”. Hablaba animadamente y no lo quise interrumpir, pese a haber quedado un poco confundida. Siendo chileno no podía estarse refiriendo a lo mismo que los peruanos llamamos “guerra con Chile”. No tardé en reparar que estaba aludiendo a la guerra que el Estado chileno lanzó contra los mapuches durante la segunda mitad del siglo XIX. Una guerra de ocupación militar, de exterminio, de despojo de tierras y de aculturación. Los grupos originarios dispersos de la zona surcentral de Chile que vinieron a identificarse como mapuches al calor de sus luchas contra una ocupación que experimentaron como foránea, nunca fueron conquistados en el periodo colonial. No debe extrañar el escaso apego de muchos a la comunidad nacional de Chile, aunque eso, a juzgar por los desarrollos políticos más recientes, podría estar cambiando.

Más cerca en el tiempo, en Trujillo y, más precisamente, en la ciudad prehispánica de ChanChan, un guía de turistas hablaba elocuentemente de la historia temprana del lugar, haciendo referencias recurrentes a la “invasión”. Asumí que se refería a la invasión española del siglo XVI. Pero estaba aludiendo a la invasión inka del reino Chimú, sometido por los cuzqueños antes del arribo de las huestes de Pizarro al Tawantinsuyu.

Este tipo de historias, complejas, de nuestro continente vienen a mi mente cada vez que se intenta aplanar la experiencia de los hoy llamados pueblos indígenas como si se tratase de un todo homogéneo, como si sus traumas y memorias históricas pudieran reducirse unívocamente a 1492, o 1532, o cuando se juzga su silencio o indiferencia frente a las celebraciones de Colón tácitamente como signo de ser “colonizados”. La verdad, bien podría hacerse el argumento inverso. Ya que, como ha notado la antropóloga Olivia Harris, fue el propio Colón quien buscó fijar, afanosamente para la posteridad, un 12 de octubre como un antes y después en la historia universal (un poco de indiferencia podría ser no darle en la yema del gusto...).

El Perú, donde las poblaciones del macizo andino fueron tempranamente sometidas al Estado colonial, y –rebautizadas como indios– obligadas a pagar tributo como signo de vasallaje al rey de España desde el sigloXVI, parece un caso poco aparente para una comparación con Chile. Especialmente porque ha sido una constante entre nosotros que los llamados indios –y posteriormente indígenas– reclamen su condición (negada) de peruanos en sus luchas por el reconocimiento de sus derechos ciudadanos en el transcurso de la república. Un reclamo acorde con el famoso decreto de San Martín que abolía el tributo indígena y ordenaba que “en adelante no se denominarán [a] los aborijenes [sic] Indios o Naturales: ellos son hijos y ciudadanos del Perú, y con el nombre de Peruanos deben ser conocidos”.

Sin embargo, las analogías, con los matices del caso, son posibles. El llano amazónico peruano, por ejemplo, nunca fue conquistado por los españoles, y tampoco por los inkas, pero en el período republicano se llegó a someter a buena parte de sus habitantes con ferocidad, llegando a nivel de genocidio con la explotación del caucho. Hoy las poblaciones amazónicas, además de estar entre las más desventajadas en educación y salud, sufren a diario el embate cada vez más violento y avezado de las mafias de narcotraficantes, traficantes de tierras, de la tala y la minería ilegal. “Solo durante el 2020″ según Global Witness, citado por Ojo Público, “han sido asesinados seis defensores ambientales, cuatro de ellos indígenas que previamente recibieron amenazas de narcotraficantes”.

Por ello resulta significativo el reciente nombramiento de Rocilda Nunta Guimaraes, lideresa shipibo- konibo, como viceministra de Interculturalidad. Docente bilingüe con diplomados en Derecho y Gestión Territorial, Nunta fue, hasta antes de su nombramiento, dirigenta de AIDESEP (Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana), donde impulsaba la participación de mujeres en el liderazgo político. Un perfil aparente para el cargo y un nombramiento histórico que puede cambiar las percepciones de lo que significa ser “indígena” y shipibo-konibo en el país.

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