
¿Hemos aprendido algo del COVID-19? Seis años después de la pandemia que causó en Perú la muerte de casi un cuarto de millón de personas (221,093 según el MINSA), el escenario de la Casa Yuyachkani, con música y testimonios, se convierte en un ejercicio de memoria y un reclamo tan contundente como vigente. Tras una función a sala llena que fue seguida por un conversatorio, hablamos con Nani Pease, actriz y coautora de Señor ministro de salud, ¡¿qué hacer?!?
— Ustedes inician diciendo que no son quién para hablar de la crisis por la pandemia. Es decir, no fue lo mismo mantener un trabajo por Zoom que tener como única opción salir, ¿no? Entonces, después de vivir esa tragedia, ¿el arte como la salud no pueden ser vistos como un negocio?
Hay muchas maneras de hacer arte y no sé si quiero decirles a las otras personas cómo hacerlo, pero sí creo que hay una responsabilidad de atestiguar tu tiempo. Es bien interesante lo que dices porque nos cuestionamos mucho si teníamos derecho a contar esta historia porque claro, nosotros hemos estado trabajando por Zoom, ¿no? Los actores la pasamos súper mal, no había teatro, pero era una tragedia absurda comparada con las otras que hemos visto. Entonces, lo primero que hicimos para hacer la obra fue leer mucho, recoger muchos testimonios. Todas las historias que se cuentan tienen un total o un pedazo de verdad de algo ocurrido para darle voz. Ese era el origen del teatro, dar voz al que no tenía voz.
Más allá de que sea una obra tuya, ¿crees que es un tema que debería llevarse a otros escenarios teatrales?
— Ojalá. Nosotros sentimos que es una obra que es un ejercicio de memoria y los ejercicios de memoria deberían ser permanentes, sobre todo porque, como dice Tirso en su monólogo, parece que hubiera pasado un millón de años ¡Ha sido hace seis años! Entonces, qué locura que ya estemos hablando de pasar la página. Nos han dicho: dejen eso, pasen la página y están desenterrando muertos.
¿Es esa una posibilidad con un sistema de salud aún precario?
— Es la misma locura y yo diría que hasta peor, ¿no? Es más, ya en otros países ha vuelto el COVID y si no es eso es el Fenómeno El Niño lo que está ocurriendo. Hay como la sensación de que, si nos olvidamos y pasamos la página, las cosas se van a reparar solas. A mí me alucina que no hayamos debatido salud en el debate público actual, ¿no? Y sí creo que, claro, no es que tengamos mala memoria los peruanos por malos es que hay voluntades políticas de olvido.
— La obra permite también repensar en lo normalizado que está, por ejemplo, las colas para una atención o las dificultades que enfrentan los pacientes oncológicos, ¿no?
Por supuesto, y la gente se muere esperando la quimioterapia o la operación. Yo creo que tiene que ver con una suerte de indefensión aprendida. De que hemos aprendido que al Estado le pides y no te dan nada. Entonces, no le pides nada y llega un momento en el que te las arreglas, pero es una costumbre terrible, terrible, terrible. Y creo que por eso los ejercicios de memoria son importantes. Porque recordar duele, no es placentero, es incómodo, pero te obliga a situarte, ¿no? Y poder decir dónde estás.
¿Los peruanos nos hemos acostumbrado a la orfandad de figuras en la política?
Mira, qué bonita pregunta. Pareciera que no tenemos a quién admirar. Y por eso también queríamos, de alguna forma, ha habido heroísmos que no se han visibilizado como se debería como el ángel del oxígeno, los médicos, las maestras, ¿no?, pero no es la clase política. ¿Cuántos admirábamos a Vizcarra? Y de pronto se vacunó 5.000 veces. Entonces es como: ¡qué decepción inmensa!
Otra parte interesante de la obra es que señalan que es una historia que se repite desde la época del caucho. Pero podríamos agregarle contextos no muy lejanos en que algunos sacaron ventaja de la crisis, por ejemplo, del primer gobierno del APRA o de los 90 y el fujimorismo. Algunos dicen: Es que así son los peruanos.
No, no, yo creo que somos mucho mejores que eso, pero yo creo que tenemos una falta de conexión con el otro. Creo que, de alguna manera, el sistema nos ha hecho este neoliberalismo salvaje que se impuso desde los 90, nos hace concebir al otro como enemigo. Y eso es bien cultural, bien arraigado en la manera como uno se construye frente al otro: ‘el otro me va a quitar’, ‘el otro me va a robar’. Y bueno, si te roban y te quitan hay una permanente sensación de alerta que en los lugares más colectivistas del Perú no existe. Pero la ciudad, esta ciudad horrorosa en la que vivimos, es muy violenta en ese sentido. Entonces, claro, si el otro es una amenaza, yo al otro le quito, como lo que pasó en el COVID, ¿no? Y empezó el negocio para tener una cama por lo bajo. Pero creer que todos los peruanos son así es perfecto para el control social.
'Señor ministro de salud, ¡¿Qué hacer?!' en la Casa Yuyachkani.
— ¿No hay temor que cuestionar el tan defendido modelo económico?
No, no le tememos (sonríe). Estamos, la verdad, que bien cansados. Siempre fue así la obra y estamos más molestos por el último proceso electoral. Tenemos cada vez más rabia. Es que lo que pasa es que es insólito, es como si fuera intocable. Hay gente muy valiosa, brillante e inteligente que te dice: “lo que sea menos el modelo”. Un modelo es por definición algo de construcción, algo que se tiene que remirar. Y si no funciona, si excluye a la mayoría de peruanos, entonces ¿cómo no lo podemos mirar? Nadie está diciendo que te vamos a hacer un país como Cuba o Venezuela, hay 89 mil puntos medios, ¿no? Entonces, ¿cómo así no podemos ni siquiera hablar de eso?
Sobre la puesta en escena. En un momento hostil para hacer arte, pasan de hablar de Javier Heraud a la canción Flor de retama y a la música de Daniel F.
Es que, en realidad, creo que el peor escenario es la autocensura, cuando le das poder al enemigo, al construirlo como alguien al que le tienes que temer y por eso no dices nada. Creo que estamos en un lugar tan límite porque está tan agredida la memoria en nuestro país y creo que es el momento de pararse. Y por eso, gran parte de lo que hemos actualizado tiene que ver con agarrar el megáfono y gritar. Estamos hartos.
Ustedes estrenaron, en 2024, la primera versión de esta obra en el LUM, donde hace poco cancelaron la proyección de una película palestina. ¿Qué crees que está pasando?
Creo que se veía venir esto con el nuevo gobierno que tenemos. Se vienen muchas cosas más porque hay una intención de silenciar memorias y plantear una historia salvadora desde el fujimorismo como agenda, ¿no? No creo que lo hagan rápido, creo que lo van a hacer de a poquitos. Hay que resistir. Lo que pasó el 28 de julio para mí fue esperanzador de que el LUM se llenara. De hecho, Alfredo, nuestro baterista, separó su 28 de julio para ir, ¿no? Mucha gente fue y ha sido esperanzador. Donde hay poder prepotente absoluto, hay resistencia.
Tirso, que está participando en el conversatorio, nos responde tras el evento:
¿Cuál dirías es la contradicción estructural más urgente de solucionar?
—Creo que la contradicción estructural más urgente de mirar es cómo en estos tiempos retroceden derechos fundamentales para toda democracia. Hablo en específico de la salud como derecho. No se trata solo de la ineficiencia y los pocos recursos de nuestro sistema de salud; se trata de una manera de organizar y pensar el Estado que precariza el sistema de salud. Para que exista democracia, en primer lugar, toda persona debe tener derecho a estar saludable e, incluso, a no destruir su economía por salud.
La obra es dolorosamente actual. ¿Crees que los peruanos hemos olvidado reclamar? ¿Por qué?
—Creo que los últimos años de inestabilidad política nos han desgastado a muchos niveles. Si ya antes de la pandemia reconocíamos fisuras estructurales en el proyecto de nación, la mezcla de la ingobernabilidad producida desde el Congreso y sus pactos mafiosos terminan por minar la esperanza. La pandemia es paralela a esta crisis y la potencia: no solo perdimos la sensación de estabilidad democrática, también perdimos seres queridos y amigos excesivamente. El país estaba de duelo y, mientras tanto, la clase política aprovechó para lucrar y mover el aparato estatal hacia sus intereses.