
En el imaginario de la narrativa hispanoamericana contemporánea, la colombiana Margarita García Robayo tiene un lugar muy bien ganado. García Robayo ha explorado, con éxito, varios géneros y registros. En cuanto a lo segundo, se ha impuesto como la que más ha profundizado en las parcelas del yo, en donde lo autobiográfico adquiere relevancia, en donde la anécdota queda aplastada por la perspectiva y en donde la escritura denota un compromiso con lo que se quiere decir sin importar la exposición personal. Uno de sus libros más emblemáticos, Primera persona (Anagrama), acaba de ser reeditado y presentado en la FIL de Lima. Las once narraciones que lo componen transitan por las dimensiones familiares, amicales, sentimentales, sensoriales y sexuales que nos revelan la vigencia de un registro complejo pese a su aparente facilidad. Sobre lo autobiográfico, La República conversó con Margarita García Robayo.
-¿Qué te lleva a usar tu propio mundo interior como materia literaria?
-Realmente creo que todos los escritores usamos materia del mundo, materia viva, materia propia o cercana para construir ficciones. Lo que pasa es que en este tipo de textos el registro lleva como el sobreentendido de que es real, de que es realmente algo que te pasó. Yo creo que no es así, yo creo que el yo es una construcción, es un personaje como cualquier otro y, en todo caso, debe presentarse como un personaje despojado, honesto para hacerlo más convincente. Es una construcción como si yo estuviera escribiendo un cuento en tercera persona. Yo siento que en la tercera persona puedo contar más cosas y puedo camuflar más que en la primera persona, porque nadie está esperando que eso sea cierto. Lo que me lleva a escribir casi siempre tiene que ver con algún tipo de incomodidad o de injusticia, de esa pequeña microviolencia que se detecta en la cotidianidad. No es que use mi vida, es que cualquier cosa que me resulta llamativa, porque creo que es una anomalía, porque es como algo que no puedo tolerar, se me convierte en materia narrativa.
-¿Qué tipo de verdad hay en Primera persona?
-Es una verdad mucho más emocional o mucho más filosófica que una verdad fáctica. Es mi versión de las cosas. Mucha gente piensa que es una copia de la vida o un calco de la vida. Yo creo que es una subversión de la vida, como esa versión que no toleras y haces una subversión en la escritura. ¿Cómo es que fue así? ¿Cómo podría haber sido?
-La mayoría de los textos fueron por encargo.
-Así es. Muchos de ellos fueron encargos de la revista Piauí de Brasil. Una vez me dijeron que escribiera sobre el mar, entonces, como yo crecí cerca del mar, usé esos recuerdos. Esos encargos fueron como un regalo porque me permitieron colar aquello que quiero decir sobre lo que pienso. Si me piden un texto sobre la locura, uso la experiencia de mi madre que padecía una condición no diagnosticada. Si me piden un texto sobre las relaciones amorosas, busco un patrón en mis relaciones amorosas, en las que casi siempre he estado con hombres mayores que yo, y escribo sobre eso. En este registro me siento como pez en el agua.
-Últimamente, estoy viendo un prejuicio con el yo. ¿Tú, como cultora del registro, también lo notas?
-Toda la vida. Entre el yo anecdótico y el yo literario hay un gran tramo. La gente piensa que con solo contar una anécdota de sí misma ya eso alcanza. Creo que no alcanza ni para un texto de Instagram. Lo interesante finalmente es la habilidad que tenga un autor para hacer de esa anécdota literatura. Eso no es nada fácil. A mí lo que me interesa en todo caso en estos textos en particular es que lo que se cuenta de experiencia se cuente mientras el autor está transitando esa situación particular, porque lo hace en un texto ni siquiera real, sino vital. O sea, esto te está pasando, lo estás contando, aunque es un truco también, porque por supuesto que uno no cuenta mientras le pasan cosas. El presente narrativo está en estos textos.
"Primera persona". Imagen: Difusión.
-Más que autobiográfico, es el registro.
-Sí. Yo diría que es un registro del malestar; todos mis textos parten de una incomodidad.
-Pienso en el texto “Leche”, en el que cuentas tu experiencia cuando amamantabas a tu hijo.
-Sobre ese texto me han escrito una gran cantidad de hombres contándome lo que sufrían sus parejas cuando amamantaban. Eso es lo vinculante. Hay que poner el punto de vista en lo que escribes. Con este texto se sintieron cercanas muchas personas. No eran tips de cómo amamantar que puedes encontrar en alguna revista o página web. La literatura es la mirada. Es lo que distingue a un autor de otro, de cómo mira el mundo.
-En Perú, e imagino en todos lados, se ha criticado el registro del yo. Percibo que hay un abuso en su uso.
-En todos lados hay un abuso del yo. Yo creo que tiene que ver mucho con las redes sociales, que dan una ventana y una exposición que te engaña, que te hace creer que todo es válido. Que si yo te cuento ay, estoy en esta situación; ya eso es un relato, ya eso es un cuento. Eso no es nada, pero te da la sensación de que otros te leen, que alcanza con que uno cuente una anécdota para ser leído. Y es lo peor que le puede pasar a la literatura en ese sentido, porque no alcanza, porque la banaliza. Entonces yo entiendo que la gente venga y diga uy, no, me vas a contar algo de ti, basta, no quiero. Hay una sobreabundancia de yo expuestos en las redes sociales que hacen que, si lo llevas al formato libro, la gente tenga sospechas.
-Pero también pasa con los géneros.
-Hay tal cantidad de material malísimo sobre ciencia ficción, terror, y después hay unas novelas notables y hay unas escritoras notables que están haciendo terror o ciencia ficción, que no todo es parejo; todo depende finalmente del envase que le das a tu material y de la habilidad de cada autor. La sospecha ante el yo para mí tiene que ver con la abundancia de yo expuestos en el mundo que no te dicen absolutamente nada.
-Hace un momento dijiste que el yo no es nada fácil.
-Yo doy muchos talleres. Cuando un alumno viene y me dice que quiere escribir sobre una discusión que tuvo con su papá, yo le digo tú no quieres escribir sobre eso. Pregúntate bien sobre qué quieres escribir porque eso puede ser una excusa. El argumento puede ser una excusa. Tiene que preguntarte qué es lo que te convoca a sentarte a escribir. Si uno no tiene claro qué quiere decir, no vale la pena sentarse a escribir.
-¿Las redes sociales están afectando la escritura literaria?
-Sí, sin duda, sin duda. Ya hay como un abanico de cosas, no solamente las redes sociales, sino la inteligencia artificial y todo lo que hace que la literatura se reduzca a una sola expresión, bien sea un post, un relato que se me ocurrió colgar sin ningún otro filtro que mi necesidad de contarlo o la construcción de relatos que están como motivados por mandatos. Ah, está de moda escribir terror; bueno, ahora te voy a escribir un cuento de terror. Esos textos no son de adentro. Eso es lo que impide que haya como material genuino. Cada vez hay menos material genuino, singular. Cuando se escribe pensando en tendencias de escritura, no se llega a nada, se cae solo.
-Cuando escribes desde el yo, no la piensas mucho.
-Tiene que ser así, de lo contrario mi escritura sería artificial. Cuando escribo, no me abstengo. No me pregunto qué va a pensar la gente. Uno no puede ser mezquino en eso. Si uno se censura, eso es mezquindad. Es como tirarse a una pileta, pero vestido. Si ya te tiraste, quítate la ropa, porque si no, ¿cuál es la gracia?



