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En 1986, la explosión del reactor de Chernóbil obligó a que los perros fueran abandonados por sus dueños; décadas después, estos formaron grupos genéticos distintos

Un estudio revela que estos animales cerca de la central nuclear presentaron variantes genéticas, lo que demostraría sus adaptaciones a diferentes entornos.

Los perros callejeros de Chernóbil son genéticamente diferentes. Foto: Clean Futures Fund
Los perros callejeros de Chernóbil son genéticamente diferentes. Foto: Clean Futures Fund

La explosión del reactor nuclear de Chernóbil, ocurrida en abril de 1986, obligó a miles de personas a abandonar sus hogares. Algunas no pudieron llevar consigo a sus mascotas, por lo que numerosos perros quedaron atrás. Cuatro décadas después, sus descendientes y otros perros que viven libremente en la región presentan diferencias genéticas según el lugar donde habitan.

Un estudio publicado en Science Advances en 2023 analizó el ADN de 302 perros de tres zonas de la región. Los investigadores encontraron perfiles genéticos diferentes entre los animales que viven cerca de la central nuclear, los de la ciudad de Chernóbil y los de Slavutych, situada a unos 45 kilómetros de la planta. El análisis también reveló una extensa red de parentescos entre los animales.

Los perros de Chernóbil no forman una sola población

Entre 2017 y 2019, los investigadores recogieron muestras de sangre de perros que viven libremente en las tres zonas. Para estudiar sus relaciones genéticas, compararon 129.497 marcadores presentes en el ADN de los animales.

Los resultados mostraron que los perros que viven cerca de la central nuclear tienen perfiles genéticos diferentes de los que habitan en la ciudad de Chernóbil, ubicada aproximadamente a 15 kilómetros. Slavutych, por su parte, también presentó una población diferenciada.

La investigación encontró además que los animales no están completamente aislados entre sí. De los 302 perros estudiados, 233 —alrededor del 77%— tenían un progenitor o descendiente presente en el conjunto analizado. En total, los científicos identificaron 15 grupos familiares.

El grupo más grande estaba compuesto por más de 162 perros e incluía animales estudiados en diferentes lugares. Esto demuestra que existen vínculos familiares que atraviesan distintas zonas, aunque las poblaciones siguen conservando diferencias genéticas.

Una red familiar extendida por la región

La presencia de perros emparentados en lugares diferentes sugiere que algunos animales, o sus antepasados, pudieron desplazarse entre las distintas zonas. Sin embargo, esos movimientos no fueron suficientes para hacer que todas las poblaciones fueran genéticamente iguales.

Los científicos también analizaron la ascendencia relacionada con razas de perros occidentales. Las diferencias encontradas entre las poblaciones aportaron más información sobre su historia genética, aunque el estudio no permitió determinar que cada animal descendiera directamente de una mascota abandonada durante la evacuación de 1986.

La situación de estos perros también está relacionada con las condiciones particulares de la región. La zona de exclusión incluye instalaciones industriales, asentamientos abandonados y áreas boscosas. Además, la actividad humana continúa alrededor de la central nuclear y algunos trabajadores proporcionan alimento a determinados perros.

El estudio no demuestra que la radiación causara las diferencias

Aunque Chernóbil es un entorno marcado por la contaminación nuclear, la investigación no demostró que la radiación haya provocado las diferencias genéticas observadas entre los perros. Su objetivo fue estudiar la estructura de las poblaciones, su ascendencia y las relaciones familiares.

Por ello, no se puede afirmar a partir de este trabajo que la exposición a la radiación haya producido mutaciones o adaptaciones específicas en los animales. Para determinar si una exposición prolongada a niveles bajos de radiación ha afectado su biología serían necesarios nuevos estudios que permitan separar ese posible efecto de otros factores.

Cuatro décadas después del desastre, los perros de Chernóbil ofrecen a los científicos una oportunidad para estudiar cómo una especie doméstica puede mantenerse y desarrollar diferencias entre poblaciones en un territorio transformado por el abandono humano, los desplazamientos y las nuevas condiciones ambientales.

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