Muerte durante estallido de motín en el penal de Chiclayo en reclamo de mejoras

Se supo que todo empezó luego que dos internos pelearan al finalizar el encierro en sus celdas. Personal del INPE no estaba en sus puestos de trabajo cuando el fuego se propagó, por lo que hubo numerosos heridos. Reclusos piden destitución del director del penal y de otros funcionarios por abusos.

11 Oct 2015 | 5:00 h

Dos internos del penal de Chiclayo (ex Picsi) encontraron la muerte al producirse un motín en el centro carcelario la madrugada de ayer, el que se prolongó hasta pasadas las dos de la tarde de ayer. Uno fue quemado vivo en su celda luego de ser atacado con un arma punzocortante y el otro murió tras quedar con casi el 90% de su cuerpo quemado.

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Las víctimas mortales han sido identificadas como Juan Diego Cancho Quispe, natural de Lima, recluido en esta cárcel por el delito contra el patrimonio, y Jaime Gil Contreras, quien murió en el Hospital Regional debido a sus graves lesiones y a la inhalación de humo.

Se conoció que los presuntos homicidas habrían rociado combustible sobre la víctima, que agonizaba, y al prenderle fuego no se dieron cuenta que las llamas se propagarían con rapidez por el lugar, afectando al resto de internos que estaban encerrados en sus celdas y no podían salir para salvarse.

Ante esta situación pidieron ayuda a los servidores del INPE, pero –según los internos– el personal penitenciario no se hallaba en sus puestos, lo que impidió una reacción inmediata y eficaz que pudiera evitar la desgracia. Uno de los reos debió tomar las llaves de las celdas y abrirlas para que pudieran salvarse. Así le brindaron auxilio a los heridos y los llevaron al tópico del penal. Luego de ser atendidos fueron derivados a los hospitales del Ministerio de Salud, en donde finalmente murieron.

Los primeros reportes del INPE revelan que cerca de las 8:30 a.m., cuando la situación aparentemente estaba controlada y el incendio extinguido, un grupo de reos (al parecer trasladados de otros penales) incitó a los presos a amotinarse para reclamar mejoras en su condición de vida, además de pedir la destitución del director del INPE y de su jefe de seguridad del penal de Chiclayo.

También exigieron la salida de algunos trabajadores a los que tildaron de abusivos, pues les cobraban dinero para supuestamente hacer valer sus derechos o para que ingresen a visitarlos.

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Así, fuera de control, los presos lograron alcanzar los techos de los pabellones A y B, y empezaron a quemar colchones exigiendo la presencia de las autoridades para que escuchen sus quejas.

A partir de ese momento aumentó la tensión, pues incluso en los exteriores del penal los familiares de los internos se apostaban para obtener cualquier información de lo sucedido y saber cómo estaban sus parientes. La Policía usó gases lacrimógenos para controlarlos.

Sin embargo, personal del INPE tras varios minutos de luchar con los reos retomó el control de los techos y desde allí descargó rondas de balas de goma y perdigones.

Lista de Heridos
Minutos antes de que se registrara la revuelta, el director del penal Walter Adriano reafirmó que la reyerta en el centro penitenciario se originó por la pelea entre dos internos. Algunos de los heridos fueron evacuados por los techos del penal, pues no podían salir por las puertas principales por los bloqueos.

Entre los heridos están Juan Florián Ramírez, Mauro Vera Bacca, Ismael Gonzales Gastulo, César Cabrera Escajadillo, Segundo Fernando Rojas, Freddy Macco Torres, Carlos Reyes Prada, Orlando Coronel Aro, Fidel Castro Sánchez, Alberto Cabrera Vásquez, Hugo Martínez Ruiz, José Puzén Sánchez. Los que están graves son Orlando Coronel Aro y Freddy Macco Torres.

En tanto el defensor del Pueblo, Julio Hidalgo, visitó el penal y se entrevistó con los presos. Hizo un balance de los heridos indicando que se habían registrado 43 internos con lesiones (incluyendo a los 13 reos heridos en el incendio), así como 12 agentes del INPE que resultaron heridos al momento de ingresar al penal y tomar el control de las instalaciones.

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Aunque se intenta mantener en reserva este hecho, se informó que un grupo de presos logró abrir uno de los portones del pabellón B y habría llegado hasta las oficinas administrativas en donde ingresaron a la oficina de la alcaide. Allí golpearon a un servidor del INPE e intentaron tomar como rehén al alcaide; empero, la rápida reacción de los trabajadores penitenciarios evitó que esto suceda.

Los internos intentaron justificar sus acciones alegando maltrato por parte de los servidores del INPE, quienes les harían cobros indebido, e incluso harían propuestas deshonestas a sus esposas e hijas para que puedan tener ciertos privilegios al momento de visitar a sus seres queridos.

A esto también sumaron el hacinamiento en el que viven, al exceso de carcelería que algunos tienen y otros que hasta ahora no tienen un juicio.

El defensor del Pueblo, Julio Hidalgo, se comprometió a investigar estos sucesos, además de tramitar su pedido de destitución de los funcionarios del INPE.

Testimonios de reos sobrevivientes
Ismael Gonzales Gastelo, uno de los internos afectados por el incendio de la madrugada en el penal de Chiclayo, comentó que todos los problemas se suscitaron luego de ser encerrados, después de la cuenta.

Contó que a pesar de lo sucedido se quedó en el interior de la celda para intentar salvar a sus compañeros, entre ellos Orlando Coronel Aro, quien sufrió graves quemaduras en casi todo su cuerpo, pero luego debió salir del lugar porque estaba a punto de quemarse vivo.

Él sufrió quemaduras en la cabeza y otras partes del cuerpo, por lo que fue evacuado junto a otros de sus compañeros hasta el Hospital Las Mercedes, en donde quedó internado.

Algunos internos de esta cárcel, en llamadas telefónicas a La República dieron cuenta que el personal del INPE no reaccionó a tiempo y por ello el fuego se propagó rápidamente por todo el lugar y varios presos terminaron afectados por la inhalación de humo.

Incluso se dijo que debieron someter al servidor público para quitarle las llaves y poder abrir las puertas de las celdas, para que los reclusos puedan ponerse a buen recaudo. “Debimos detenerlo y quitarle las llaves sino nos quemábamos vivos”, dijo uno de los presos después del siniestro.

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