Juan Gargurevich: “El periodista tiene un poder pequeño, pero poderosísimo”

19 Mar 2015 | 4:46 h

Maritza Espinoza

Ha dedicado su vida a hurgar en la historia del periodismo. ¿Por qué le fascina tanto?


Yo tengo tres definiciones bien claras sobre el periodismo. El periodismo es el oficio de recoger, procesar y difundir información. Luego, el periodismo tiene funciones: la de informar, entretener y divulgar. Pero el periodismo, sobre todo, son cuatro cosas: oficio, profesión, vocación y pasión. 


¿Todo eso es para usted?


Cuando uno es periodista de vocación no se puede dedicar a otra cosa. Es como ser bombero o médico: una vocación intensa. Es bien interesante: yo enseño y a los alumnos que llegan y quieren ser periodistas no se les ocurre hacer otra cosa.

 
Pero hay muchos que entran al periodismo porque piensan que es pariente de la literatura.  


Puede ser, son caminos. El camino de estos literatos que hacen periodismo por razones de sobrevivencia, y el de los periodistas de vocación, de raza. Esos periodistas son los que yo llamo la infantería: los del cuadro de comisiones, los todoterreno, los que hemos hecho policiales, deportes, espectáculos. Ellos son los periodistas que hacen los periódicos, pero son pocos conocidos.


Carlos Ney Barrionuevo, uno de los personajes de su libro, dice que el periodismo no es vocación: es frustración…


No sé por qué dice eso. Seguramente, porque él quería ser literato, poeta. Una cosa es tener vocación y otra es tener talento. Hay mucha gente que tiene vocación, pero no llega a tener talento, no son buenos para escribir.


¿Alguna vez para usted el periodismo ha sido frustración?


No. Toda mi vida me he dedicado a esto, nunca hubo otra cosa. Desde que salí del colegio, a los 18 años, ya solamente se me ocurrió trabajar en periódicos, nada más. He tenido una vocación fuerte y no sé por qué, porque en la familia no había ni un periodista. 


¿Nunca pensó en la literatura?


Quizá no se me ocurrió o no tenía talento creativo para ser literato. Nunca escribí una línea de poesía. Escribía, eso sí. Me gustaba leer muchísimo y me gustaba escribir descripciones. Me hubiera encantado dedicarme sólo a hacer descripciones. Y tuve la suerte de encontrarme en el camino de la vida con un grupo de jóvenes que hacían una columna de periodismo en La Crónica, en el año 53, 54, y allí comencé.


¿Eso fue durante la estadía de Mario Vargas Llosa en La Crónica?


No. Vargas Llosa estuvo en el 52 y yo ingresé en el 54, pero conocí exactamente a los mismos personajes que él describe en Un pez en el agua y en Conversación en la Catedral, pero ya no había la bohemia que había vivido Vargas Llosa, esa bohemia putañera, como se decía, de burdel, de trago por la noche. Ya no había eso.


¿Fue tan definitiva la estadía en La Crónica para la carrera literaria de Vargas Llosa?


Yo creo que sí, porque su única relación con la calle había sido la salida de los domingos al Parque Salazar. Pero cuando va a La Crónica se encuentra con un mundo de mayores que lo sacan a la calle y lo llevan en la noche, a La Victoria, al burdel, a lugares sórdidos donde ve cadáveres, asesinatos. Es notable que un joven se asome a ese mundo a los 15 años. Es otro mundo, tanto que él, que es un memorioso, recoge todo eso en Conversación en la Catedral…    


¿Cuál fue la mejor época del periodismo en el Perú?  


Tendría que ser cuál me gustó más. Bueno, la época de 1915, porque había muchos periódicos. Es la época en que escribieron Mariátegui, Valdelomar, Yerovi. Se hacía un periodismo político intenso y, la verdad, era una delicia. Había como quince diarios. Era la época anterior al gobierno de Leguía.  


¿El periodista tiene poder?


El periodista tiene un pequeño poder, frágil, pero poderosísimo, porque puede destruir a una persona y puede mentir. ¿Cuándo descubrió el periodista que podía mentir? Seguramente en la época de (William Randolph)  Hearst, quien decía: ¿cuántos muertos ha habido? Dos. ¡Ponle seis! El periodismo tiene ese poder de distorsionar, de mentir, de ocultar… Sí, los periodistas tienen poder, cómo no.


¿Cuándo comenzó la mala fama del periodista peruano?  


No sé si el periodismo tenga mala fama, no estoy muy seguro.


En general, la gente y los políticos nos culpan de todo, no nos quieren mucho


No nos quieren, pero nos envidian. ¡Y cómo nos necesitan! Sin nosotros no son nadie. Ellos están haciendo cola en los periódicos, en la radio, en la televisión, para una entrevista, por favor. Y nos echan la culpa de las cosas que hacen ellos.


¿El periodista se jubila?


Nunca. No conozco ningún periodista jubilado realmente, de corazón, que te diga: yo ya me retiré, no quiero saber nada con el periodismo. No conozco a ninguno.


¿Nunca se cansó del periodismo?


No. La verdad es que más bien me da pena no tener más energías para trabajar más. Yo siempre digo: cómo me gustaría que algún periódico me dé una estadía de tres meses para volver a una redacción. Me encantaría.

LA FICHA

Nací hace 80 años en Mollendo (Arequipa). Mi madre era ama de casa, pero también la intelectual de la familia y nos hizo leer todo Dumas, todo Sabatini, todo Víctor Hugo. Desde los 18 años, tuve claro que quería ser periodista y, desde entonces, he trabajado en diarios, revistas, y publicado numerosos libros sobre mi tema favorito: la historia del periodismo peruano. Acaba de reeditarse Mario Vargas Llosa, reportero a los 15 años y se presentará en el Museo Andrés del Castillo el próximo sábado 28 de marzo, día del cumpleaños del Nobel.

 

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