Cuidemos el agua: Comunidades rurales son las más afectadas

28 Mar 2013 | 8:52 h

Por Galia Gálvez


Lima es la segunda ciudad del mundo ubicada sobre un desierto después de El Cairo. Un ciudadano limeño consume diariamente el doble de agua  que un francés o un alemán, es decir 240 litros de agua por persona. Y mientras un grifo malogrado pierde durante un mes alrededor de 22 mil litros del líquido vital, una familia  de escasos recursos puede garantizar su subsistencia semanal con un cilindro de aproximadamente 210 litros de agua  comprada a  una cisterna repartidora.

El cambio climático afecta y este proceso ya es percibido con mayor frecuencia en los bosques y  las comunidades rurales de la sierra y la selva. Mas no todavía en Lima, que  principalmente se abastece  de los ríos Rimac, Lurín y Chillón, todos ellos originados en la Cordillera de los Andes, la cual ha perdido parte de sus nevados en las tres últimas décadas.

De acuerdo a  proyecciones de ACNUR  (Agencia de la ONU para los Refugiados)  se estima que el año 2050 el número de refugiados  ambientales  será de 200 millones, es decir, un segmento de la  población mundial se verá obligada a migrar o ser evacuada de su lugar de origen debido a  bruscos cambios de su hábitat, lo cual incluye sequías, exceso de lluvias, crecidas de mar  y  sucesos anómalos al  clima. Este cambio afectará también el acceso al agua,  la salud y la seguridad alimentaria.  Pero aún más a las comunidades rurales.

Según apunta la  Dra. Ana Barros, científica ambiental de la Universidad de Duke, que este mes dio en Perú un ciclo de conferencias sobre  el agua en el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología ( Senamhi ), El Ministerio de Agricultura y otras instituciones. “En muchos casos esas comunidades que son las más débiles no están preparadas siquiera para responder a esta variabilidad natural que está ocurriendo, y que no es la más dramática”. 

En consecuencia, estas comunidades sufrirán el impacto climático con mayor intensidad  pues su relación con la tierra y economía depende fundamentalmente de los  procesos productivos que obtienen de ella. A su vez las ciudades consumen gran cantidad de los alimentos generados en los campos.

Pero, ¿Cómo adaptarnos ante este fenómeno global que ya es inminente? Desde el punto de vista de Ana Barros es importante entender que el uso del agua no es solamente  un hecho individual, sino que conforme  usamos este recurso, impactamos a otras personas.

“Todos estamos en esto. En una cuenca el agua viene en  precipitaciones, a veces en forma de nieve pero hay procesos hidrológicos e hidrometeorológicos que son muy específicos, así  de acuerdo a cómo cada usuario utiliza y conserva el agua impacta a otros usuarios”.

En Arequipa,  Barros ofreció una conferencia sobre “Cambio  climático y análisis de variabilidad e incertidumbre para la gestión sostenible de cuencas de montaña”. Allí se reunió con autoridades ambientales del lugar que ante el cambio climático han pensado la  posibilidad de construir nuevos reservorios.

Mas. ¿Un reservorio podría suplantar el complejo esquema  hídrico de la naturaleza?, ante lo cual la científica explica “No se sabe con exactitud cuánta agua hay en una cuenca. Es muy importante hacer observaciones. No hay monitoreo y muchos de los esfuerzos en adaptación se están haciendo sin un soporte de datos cuantitativos”.

Barros hace hincapié sobre la necesidad de identificar  la cantidad  de agua en una cuenca pues al conocer este dato se mejoraría el uso de este recurso, “Para manejar es necesario saber qué se va a manejar y para evaluar el aspecto ambiental en el futuro se debe conocer  su impacto. Y si no hay un punto de partida es muy difícil”.

Por otra parte, la ONU señala  al Perú como uno de los 10 países  más biodiversos del mundo y esta peculiaridad lo convierte en un territorio altamente vulnerable antes los desastres naturales por poseer gran patrimonio ecológico.

Ante esto Barros  advierte, “A veces existe una separación muy grande entre la ecología de conservación y el entendimiento del clima. Por ejemplo se cuentan los árboles que hay en una región pero no se hacen estudios de clima que vayan a apoyar ese conocimiento. Para proteger y adaptar hay que entender cómo funciona  toda la biodiversidad dentro del paisaje”. Este evento involucra necesariamente al clima, según indica. 

La científica norteamericana  también manifiesta que en cuanto a riesgos naturales, los problemas mayores serán las sequías, olas de calor e inundaciones; además sostiene que los estudios de mitigación de riesgo  ante desastres naturales no son lo suficiente acertados porque corresponden a un determinado momento, en tanto que las sociedades, el crecimiento urbano y poblacional es muy cambiante.

CLAVES :

-La Dra. Barros es especialista en las áreas de ingeniera y física ambiental, la gestión óptima de recursos naturales y los paisajes que lo rodean.  Es miembro del Gabinete de Asesores del Centro Indio para la Investigación del Clima y los Impactos Sociales (ICCSIR).

- Cerca del 40% de la población limeña no tiene acceso al agua potable.

- El agua conforma el 70% de la superficie del planeta, la misma proporción de líquido que posee el cuerpo humano.

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