Paradojas políticas

28 Nov 2015 | 23:30 h

Según la reciente encuesta de GfK, “Los peruanos y la política”, un 50% de los peruanos se encuentra insatisfecho con la democracia. Ya sea porque son conformistas o porque ya perdieron la esperanza, resulta que a 56% de los peruanos no les interesa la política. Este grupo mayoritario no está satisfecho con las opciones electorales principales, pero como no sigue los acontecimientos políticos, simplemente no se entera de que existen más y acaso mejores opciones. Así, si bien se demandan y esperan opciones políticas nuevas o renovadas, los electores no dan oportunidad para que ellas emerjan. Cerca de un 25% de los electores define su voto en la semana previa a la elección, centrando su atención en los candidatos con mayor visibilidad y opción de triunfo, y se termina votando por opciones que terminan ahondando la insatisfacción con la democracia y el desinterés en la política. 
 
A favor de los electores desconectados, habría que señalar que quienes pretenden aparecer como nuevas opciones resultan siendo relativamente negligentes en su tarea política. Hacer política en un país con más de 20 millones de electores, en donde el interés en lo político es tan escaso, en donde los electores son tan desconfiados, y en el que los ciudadanos se informan mayoritariamente a través de medios a los cuales es difícil y costoso acceder (televisión, diarios, radio) y solo marginalmente a través de medios electrónicos más accesibles, requiere iniciativas de largo plazo, de amplia convocatoria, de recursos importantes; cualquier aspirante a outsider o underdog tiene que entender y asumir eso. La experiencia del gran número de aspirantes presidenciales incapaces de pasar la barrera del 1% en esta elección ha sido muy ilustrativa. Los electores buscan opciones que no conocen, y quienes ofrecen novedades se invisibilizan. No es casualidad que los cinco candidatos que hoy aparecen como protagonistas de las próximas elecciones estén donde están. 
 
Otra dimensión de esta paradoja es que si bien los ciudadanos manifiestan aspiraciones de cambio y renovación, también en estas elecciones manifiestan gran preocupación por los problemas de inseguridad, y un 82% de los encuestados piensa que se necesita “mano dura” para gobernar. Esa “mano dura” acaso sea considerada como necesaria no solo para enfrentar la delincuencia, sino en general como una aproximación a los complejos problemas del país. Así, Ollanta Humala en los últimos años habría concitado un importante respaldo electoral no solo por perfilarse como una alternativa de izquierda o antisistema, sino porque siendo militar encajaba con la imagen de alguien decidido a “hacer lo necesario” para enfrentar las tareas necesarias para solucionar los problemas. Por esa razón, no debería uno sorprenderse de encontrar votantes humalistas optando por Keiko Fujimori en estas elecciones sin ningún sentido de contradicción. Se necesita mano dura, o cuando menos maña o experiencia, todo lo cual limita las opciones alternativas. 

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