Fujimorismo y 100 días de errores

12 Nov 2016 | 19:00 h

¿Por qué el fujimorismo de Keiko se equivoca tanto? Casi parece un regalo para quienes tenemos claro lo nocivo que son para el país. Hay varias explicaciones posibles. La más importante es su decisión de mostrar fuerza tras la derrota electoral, de la que no se reponen. Han optado por hacer demostraciones de poder que, considerando su mayoría en el Congreso, devienen en grotescas. Pero como el matón de la clase que basa su identidad en la fuerza, el fujimorismo es hoy el matón del Congreso y de la política peruana. En realidad lo fue siempre: desde el fujimorismo de Alberto, fundador del abuso, el engaño y la vulgaridad (Chávez, Salgado, Aguinaga, Lozada de Gamboa, etc.), hasta el fujimorismo de Keiko en compañía de nuevos cínicos, insultadores, patanes difamadores como Becerril, Tubino, Beteta y prepotentes o ignorantes como Letona o Chacón.
 
La Keiko de Harvard, que intentó mostrarse menos derechopopulista y más progre, respetuosa de los derechos humanos, quedó enterrada y evidenciada su burda pantomima electoral para los incautos que le dieron el beneficio de la duda. Los errores que vienen cometiendo desde hace 100 días han servido para que mucha de esa gente que creyó que Keiko podía ser distinta de su padre, constate la verdadera fibra prepotente y antidemocrática del fujimorismo de Keiko.
 
Tras la inesperada pérdida de la presidencia, el fujimorismo se sintió tan golpeado que no ha logrado recuperarse del casi triunfo arrebatado por sus propios errores. Incapaces de reconocer que lo que trajo abajo su victoria fue su oscuro entorno más cercano, saturado de personajes investigados por narcotráfico, lavado de activos, desbalance patrimonial, corrupción y más perlas. Los cinco años de recorrer el país (primer y único esfuerzo laboral reconocido a Keiko), más el descomunal dinero invertido en pintar muros, caravanas de autos lujosos, locales de campaña, rifas millonarias fantasma, mítines, portátiles, reparto de miles en dádivas o concursos de hip hop. Hasta pudieron asegurar que el JNE no sacara de carrera a Keiko como correspondía por las mismas razones que se sacó a Acuña: regalar dinero. Fue el propio entorno corrupto de la candidata, y que ella defendió hasta el final, el que les quitó la presidencia. Fue por tapar ese entorno que Chlimper envió a un canal de televisión unos audios manipulados, para desacreditar al testigo de la DEA que declaró contra el principal financista del partido, Joaquín Ramírez. Una introspección y autocrítica hubiera sido lo saludable para el fujimorismo y para el país. Pero pedirle al corrupto que se reconozca corrupto, es casi imposible. En su lugar eligieron afirmar sus contradicciones y defectos, atropellar para poner al Defensor del Pueblo (cuestionado), a los directores del BCR (recontra cuestionados) y ahora van por el procurador, el Concytec, la Sunedu y más. 
 
A razón del fraude con el que el JNE nos llevó –sacando a Guzmán y no a Keiko– a votar por PPK o Keiko, el fujimorismo ganó esa gran mayoría en el Congreso. Cosa que ellos han malentendido y usan indebidamente para atropellar las instituciones, mancharlas, denigrarlas con sus cuestionados personajes con los que pagan favores políticos, imponiendo gente vergonzosamente ignorante (Chacón, Rey) y/o cuestionados éticamente (Chlimper, Cuba, etc.). Usan la democracia para servirse y a los suyos. La denigran.
 
El fujimorismo, queda claro en estos 100 días, no se preparó para ganar las elecciones y gobernar al servicio de los peruanos. Si así fuera, su actitud, una vez conocida su derrota, habría sido la de sumar fuerzas para el país. Pero eso les resulta imposible. En su lugar han optado por mostrarse tal cual son, mostrarse a sí mismos (y a sus financistas) y al Perú, que no han perdido, que todo lo que invirtieron en esta costosísima campaña tiene un correlato con la fuerza que ellos usan contra el país. Y para rematar sus desaciertos, Keiko elige dar un balconazo ante las críticas por su obstruccionismo y mutismo, declarando de espaldas a la prensa de investigación, y con síndrome de campaña (de paso que distraía la atención de su proceso por lavado de activos). Desvinculada totalmente de la realidad, Keiko menospreció a las personas que sufren de depresión, mostró una ignorancia e insensibilidad inauditas, y de paso, dejó claro que está incapacitada para liderar cualquier organización política. Que se sigan equivocando tanto, más gente cada día los repudiará más. Mejor para el Perú.

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