“La pena de muerte asustará algunos, pero a otros los hará más audaces”

11 Feb 2018 | 8:20 h

Wilson Castro Quiroz

Trujillo

La marcha del jueves en rechazo a la violación sexual y cruel asesinato de una menor de edad en Lima ha remecido a nuestra sociedad y nos obliga a tratar con más seriedad la necesidad de mejorar la protección a menores de edad para evitar que esos hechos se repitan.

Bueno, en realidad la marcha del jueves creo que tiene nombre propio, ¿no?: es violencia sexual. El problema al final es la salud psicológica y mental de los peruanos que es lo que está en juego y si eso realmente importa al Gobierno nacional y a los gobiernos regionales y locales. Esa es la parte más dramática. Cuánta protección se le viene dando a los niños y niñas que son el futuro del país. Lamentablemente lo que ha pasado en estos días, el caso de una niña violada y quemada, entre muchos otros casos...

Este es un caso de los tantos que no conocemos, que no se denuncian por temor de las familias y hasta por vergüenza.

Efectivamente. Es un indicador de lo que pasa día a día. 

Y ha tenido que suceder algo tan trágico, tan condenable, para darnos cuenta recién de la necesidad de proteger a nuestros niños y de impulsar la salud mental. 

Yo escucho en sus palabras que hay mucho optimismo, en realidad. Hay que tomar conciencia.

O nos olvidaremos el lunes de los casos de abuso y violación sexual que sufren los menores...

Lamentablemente y aunque parezca pesimista, puede terminar pasando eso, ¿no? Nuestra memoria colectiva son ustedes, los periodistas, los medios de comunicación, que denuncian los casos y en ese sentido diría que nuestra población peruana y gobernantes todavía no han tomado la conciencia necesaria de la importancia de proteger a nuestros niños y niñas, que son nuestro futuro, no solamente por el tema de la violación sino por el tema de cómo está nuestra educación. El mismo Gobierno no presupuesta leyes como la Ley del Psicólogo Educativo, entre muchas otras. En realidad el tema es mucho más amplio. 

Entonces, ojalá que el lunes sigamos con las campañas de prevención y concientización contra el abuso a los menores, ¿no cree?

En realidad las campañas tienen sentido si es que forman o se convierten en una estrategia de presión para que los gobernantes tomen decisiones e implementen políticas de protección al menor y no solamente se hable de leyes, de aplicar la pena de muerte y salir de la Corte de San José.

Decano, pero en estos momentos la gente reclama –y con toda razón– duras sanciones para los violadores, sanciones drásticas. Ese es el temperamento en la mayoría de la gente, en las calles, en las redes sociales.

Efectivamente. Ahora, no solamente se trata de pensar en sanciones drásticas para los violadores de menores sino también para todos los que transgreden normas, leyes, desde la corrupción hasta la informalidad, pasando por la negligencia médica y todo lo que usted quiera. La violencia sexual es una arista del mismo problema de fondo. Vivimos en un país tercermundista caracterizado por actos de transgresión (a la ley) todos los días. La gente estaciona su vehículo donde quiere, a mitad de la calle, la gente no respeta absolutamente al vecino. Hay agresiones físicas al cónyuge, a sus hijos. Hay gente que en su trabajo recibe coimas. Estamos frente a un problema que no solamente corresponde pues a 100, 200 o 10,000 violadores sexuales o a 100 o 200 mil delincuentes. Este es un tema que nos atañe, donde somos responsables los casi 32 millones de peruanos.

NO ES LA SOLUCIÓN

Por estos días reapareció esa corriente a favor de la pena de muerte para los violadores…

Otra vez.

Sí. Hay políticos que se cuelgan de esa exigencia para ganarse algunos aplausos. ¿Usted cree que la pena de muerte ayudará a frenar la violación a menores de edad?

Estadísticamente está probado en países del primer mundo que esta pena no resuelve los casos de violaciones sexuales, feminicidios. Claro, asustará a algunos, pero a otros los hace más audaces, más temibles, porque saben que se juegan todo. El tema de la pena de muerte hay que analizarlo.

Se dice que en Singapur las sanciones drásticas han ayudo a combatir la delincuencia, la corrupción y el crimen organizado.

En Singapur la opción fue drástica: penas duras para todos. Claro, la pena de muerte fue para los corruptos, los violadores, los asesinos, no se respetó el nivel social y el tinte político. Desde ministros a funcionarios fueron ajusticiados en juicios sumarios. Y hasta el que robaba una manzana recibía una pena drástica, eran latigados y flagelados. Singapur es uno de los países más seguros del mundo. Hay menos de 500 presos y se puede caminar día y noche sin que nadie te ataque, asalte o viole.

Entonces, ¿cuál puede ser la solución más rápida hasta que se debata o apruebe una eventual implementación de la pena de muerte?

Bueno, si no pensamos por ahora en aplicar la pena de muerte, además que eso tiene todo un proceso, el tema es hacer campañas de educación, por un lado; y por otro pensar en lo que hizo Nueva York, en implementar sanciones inmediatas a los que se inician en la transgresión de la ley, desde multas para quienes miccionan en la calle, para quienes se estacionan con su vehículo en cualquier lado. También debemos pensar en sanciones ejemplares a los representantes de nuestras instituciones tutelares, pues ellos son los modelos de la sociedad. Debemos preocuparnos por el tema de la infidelidad, que está asociada a relaciones incestuosas, a violaciones sexuales, a drogas y adicciones. Muchos se ríen de la infidelidad y hasta la aplauden. Hay que encarar este problema.

¿Somos una sociedad enferma?

Si lo vemos desde el aspecto de que nadie respeta nada, definitivamente que sí. Somos bichos raros cuando queremos respetar las leyes. Porque si yo detengo el auto en una luz roja del semáforo, el que está atrás me insulta y se molesta, hace sonar su bocina. Desde esa perspectiva social estamos enfermos. Nuestros valores son el dinero, el amor por el dinero, la obsesión por la velocidad y la dependencia de la tecnología.

Y el Estado no tiene una política de salud mental. Pocos colegios tienen un psicólogo y el Ministerio de Educación argumenta que no hay presupuesto para contratar un especialista. Eso es falso. Recursos económicos hay.

Bueno, usted sabe que la salud mental siempre ha sido el patito feo del Gobierno, de los ministerios de Salud, Educación y de la Mujer. La salud mental, hasta ahora, no viene siendo valorada en su real magnitud. Los gobernantes no entienden la importancia de que un padre sea modelo para su hijo. La Ley del Psicólogo Educativo brilla por su ausencia, los gobernantes no le dan la importancia y no lo incluyen en su presupuesto. 

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