Maduro en Lima

Una visita no deseada y una oportunidad para Venezuela.

8 Feb 2018 | 6:05 h

En su condición de país organizador de la Cumbre de las Américas que se llevará a cabo en Lima en abril próximo, el Perú ha invitado a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. Lo ha hecho en ejercicio de las formas vigentes de las relaciones exteriores, una responsabilidad a la que no puede sustraerse sin que se produzca un impase que podría alterar la cita misma.

Desde ese ángulo del caso, resulta cuestionable que a sabiendas de las obligaciones que le asisten a Torre Tagle, un sector de la oposición pretendiese forzar con pronunciamientos la decisión de no invitar a Maduro o que se le retire la invitación cursada. Es evidente que esta insistencia forma parte de una campaña para el consumo interno y que no está alojada en la legitima preocupación por la situación del pueblo venezolano.

La presencia de Maduro en el Perú no les impedirá a los peruanos hacerle sentir su rechazo. Resulta por lo demás muy paradójico que sea el fujimorismo el que lidere esta campaña, considerando que al igual que Maduro pretende sacar al Perú de la Corte Interamericana de DDHH o vulnerar la libertad de expresión retirando la publicidad estatal de los medios de comunicación. También habría que recordar las excelentes relaciones de Fujimori y Hugo Chávez que llevaron a que el dictador sea recibido con los brazos abiertos en Lima. Aún se recuerda el episodio en el que Chávez bailó con la entonces primera dama Keiko Fujimori en Palacio de Gobierno. Si hubo un gobierno que recibió con alegría al chavismo fue el de Fujimori.

El gobierno de Caracas ha aceptado informalmente esta invitación y sus voceros han señalado que Maduro asistirá puntualmente la Cumbre de las Américas para defender la soberanía de América Latina y el Caribe, y para reunirse con organizaciones sociales. En un hecho inusual, la cancillería cubana publicó la invitación del Perú a Maduro, confirmando que los países del ALBA pretenden hacer de la cita en Lima un espacio para la defensa de cuestionado gobierno de Caracas.

La perspectiva de la “venezolanización” de la cita hemisférica de abril en Lima no es una sorpresa, como tampoco las presiones de EEUU para que la reunión se enfoque básicamente en este punto y siga el guion de Departamento de Estado. Este guion no contempla necesariamente una acción colectiva en favor de la democracia en ese país y deja toda la estrategia librada a la imposición de sanciones, como lo ha establecido claramente el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, de gira en América Latina.

En nuestro caso, y hasta ahora, la cancillería no ha salido de su papel organizador del evento, y en relación al caso de Venezuela ha seguido la pauta señalada por los países miembros del Grupo de Lima que, reunidos en enero en Chile, han exigido que las elecciones en ese país sean convocadas con una adecuada anticipación, con la participación de todos los actores políticos venezolanos y con todas las garantías que correspondan, advirtiendo que si no cumplen estas condiciones, carecerán de legitimidad y credibilidad.

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