Javier Cercas: "A la gente le gusta las mentiras tranquilizadoras y no la verdad"

Entrevista. Javier Cercas Mena. Escritor español.

13 Nov 2017 | 8:07 h

Javier Cercas pide un cortado antes de la entrevista. Es la primera vez que llega a Arequipa, la ciudad de vigorosa arquitectura cuyos rasgos lo transportan a España, su país. Le ha impresionado los claustros de La Compañía de Jesús; la Plaza de Armas le parece una reencarnación de la de Mérida. Nos dice: “Quien conoce solo España en realidad no la conoce”. Confiesa que en Perú, Colombia o Ecuador se siente como en casa, descubre en estos países una parte de su país que ignoraba. Pero de lo que sí sabe bien es sobre la guerra civil española, un conflicto interno que estalló en los 30 e inevitablemente condujo a la dictadura de Francisco Franco. Ese pasado, para él, es presente. Hoy esas consecuencias se aprecian en el intento algo anarquista de Cataluña de separarse de España. De eso y su pasión por la literatura habla el autor de Soldados de Salamina en esta entrevista. Cercas fue figura estelar en el Hay Festival arequipeño. Hoy estará en Cusco

Universitarios que lo leen sostienen que Cercas tiene una obsesión con el pasado y las guerras ¿Qué respondería?

A partir de Soldados de Salamina aparece el pasado en mis libros, la dimensión histórica y política. Antes no ocurría. ¿Obsesión por las guerras? Diría que ahora lo veo como una especie de obsesión por la herencia, por la herencia de mi peor pasado.

¿La guerra civil española?

Claro. Pero, primero, no hablo de la guerra civil española porque me interesa el pasado, me interesa el presente. La guerra civil española es el inicio de nuestro presente. No me gusta que me digan que escribo novelas históricas porque a mí el pasado no me interesa por sí mismo, me interesa en la medida en que es presente. En esto mi país no es especial. Ocurre en todos los países. El pasado del que hay memoria y testigos, ese pasado, no ha pasado todavía. Ese pasado es una dimensión del presente, sin  la cual el presente está mutilado.

¿Y el pasado vuelve cíclicamente?

Mis libros son un combate contra lo que llamo “la dictadura del presente”. Esa idea fomentada por la enorme  potencia de los medios de comunicación que no solo reflejan la realidad, la crean en cierto sentido. Lo que no aparece en los medios es como si no existiese. Para los medios, el presente es ahora. Lo que ocurrió ayer ya es pasado, y lo ocurrido la semana pasada es la prehistoria. Entonces se crea esta ficción, esta ilusión, esta falsedad de que el presente se entiende solamente con lo que ocurre hoy. El presente no se entiende sin el pasado, sobre todo del que hay memoria y hay testigos. Sin ese pasado, ese presente está mutilado. En mis libros hay un permanente ir y venir entre el pasado y el presente, entre la guerra y el presente. Sobre todo si tú lees Soldados de Salamina y El monarca de las sombras.

Soldados de Salamina da la versión de las víctimas de la guerra del bando republicano y El monarca de las sombras, los falangistas, los que apoyaban al dictador Franco.

Como tú dices, Soldados de Salamina se lee como una reivindicación diría vehemente, apasionada del pasado republicano español, de los perdedores de la guerra. El verdadero protagonista de Soldados de Salamina es Miralles, el soldado republicano. Mientras que en El monarca de las sombras no hay ninguna reivindicación, hay una asunción del propio pasado, un intento de entender el peor pasado de mi país colectivo e individual. A mí no me gusta nada, pero es así. Mi familia al menos inicialmente era franquista. El símbolo de esa adhesión a la causa, para mí equivocada, lo representa como el héroe oficial de mi familia: Manuel Mena, un chico de 17 años que se alista en las tropas de Franco y muere en la batalla del Ebro. En ambos libros hay un diálogo permanente entre el presente y el pasado. Transcurre en el presente, pero acogiendo ese pasado.

En varios de sus libros se aprecia como si hubiese una reticencia a enfrentar el pasado. El impostor comienza: “No quería escribir este libro, no sabía exactamente por qué no quería escribirlo...

Es verdad. En casi todos mis libros al lector le cuento mis dudas, mis perplejidades y el proceso de hacer el libro. De hecho a menudo digo que escribo novelas de aventura y sobre la aventura de escribirlas. Hace poco leí una carta de Ítalo Calvino. Él decía: “en algunos libros, contar el proceso de hacer el libro es casi una obligación moral”. Yo le estoy mostrando al lector todo… Les cuento cómo voy a investigar esto y lo otro, cómo busco a un personaje (…)

En El monarca de las sombras hay como una vergüenza de afrontar el pasado. ¿Usted dice que es antifranquista, pero el pasado franquista de su familia cómo lo digiere?

De eso trata el libro. ¿Qué hacemos con esa herencia? Yo durante años  no quise escribir este libro porque creía, ingenuamente, que escribir sobre Manuel Mena era algo parecido a reivindicarlo y es un error total. Escribir este libro es mi manera de entender al personaje, es mi manera de asumir mi herencia, y la peor, de la violencia y adhesión a una causa equivocada, que es la causa del franquismo (…) Entender no significa justificar, todo lo contrario. Nunca me cansaré de decir esto. (Entender) es darse los instrumentos para no volver a cometer los mismos errores. Reconstruir la historia de Mena fue difícil. Las personas que vivieron experiencias duras, traumáticas, como la guerra, no hablan de ello. Y yo tenía que averiguarlo y entenderlo. ¿Y por qué es tan importante eso? ¿Por qué he llegado a esa conclusión? Si entiendes tu herencia puedes manejarla. Si no sabes en qué consiste, es ella la que te maneja a ti.

En el Perú tuvimos una guerra interna por el terrorismo y cuando se trata de poner en evidencia lo que pasó, hay algunos que dicen que se hace apología o que reivindicas a gente violenta.

Es un inmenso error. Entender no significa justificar. El fenómeno de Sendero Luminoso, que para mí es fascinante, hay que entender por qué ocurrió aquí y por qué sedujo a tanta gente. Sino volverá a pasar, de otra manera.

Hay un historiador Espinoza Maestre quien dijo que El monarca de las sombras, le lava la cara al fascismo. Que Manuel Mena a sus 17 años sabía lo que hacía.

Este señor no tiene ningún crédito intelectual. Inventaba cosas según otro historiador. En segundo lugar, creer que un chico de 17 años… Es tan fácil juzgar desde nuestra comodidad a personas que estuvieron hace 60 años en situaciones complicadas. Es una abyección moral sin límite. Los niños han ido a la guerra desde que el mundo es mundo sin saber a dónde van. Los adultos les hacemos creer que la guerra es hermosa. “Dulce et decorum est pro patria mori”, dice el epígrafe del libro, un verso famosísimo de Horacio. Les hacemos creer que la guerra es como el cuadro Las lanzas de (Diego) Velásquez, noble, digna. Y lo que se encuentra son Los desastres de la guerra de Goya.

Hay algo que está en todos mis libros y que pone muy nerviosa a la gente: la verdad. A la gente le gusta las mentiras. De eso habla El impostor, cómo a los seres humanos les gustan las mentiras tranquilizadoras y no las verdades desagradables. Nuestro deber como escritores es decir la verdad. Yo distingo entre razón política y razón moral. No hay duda que los republicanos tenían la razón política en 1936. Quien no tenía la razón política era mi familia ¿Significa esto que todos los republicanos eran buenas personas como piensa este necio (Espinoza)? Las personas que asesinaron a sangre fría a más de 7 mil curas y monjas no eran buenas personas, es imposible. Tenían la razón política, pero no la moral. Yo los llamo los canallas de las buenas causas. Todas las buenas causas tienen sus canallas.

El impostor deja una parábola.  Enric Marco mentía, decía que había estado en los campos de concentración nazi. ¿Pero, con esas mentiras, no cree que concientizaba a mucha gente del horror que era el nazismo?

Es el argumento de gente muy inteligente como Claudio Magris (escritor italiano) pero que conocía mal el caso Marco. Creo exactamente lo contrario. Lo que Marco contaba acerca de su paso por los campos nazis, no era la verdad, era una verdad edulcorada, digerible y tranquilizadora. No era la historia, era el kitsch (lo cursi) de la historia. Era una falsificación de la historia. Eso no enseñaba absolutamente nada. Contribuía a la ignorancia total acerca del pasado.

Vargas Llosa dice que Marco era un codicioso, un narciso un adicto a la publicidad y que hoy esa es la enfermedad, la apariencia se impone al fondo de las cosas

Marco es un símbolo y precursor de muchas cosas. Su enfermedad es la enfermedad de hoy que es la mediopatía. Siente que vive cuando están los medios, cuando los demás le reafirman que existe. Esa es la enfermedad de nuestro tiempo… Hay que estar en la tele.

Es muy crítico con los medios

No, yo intento describir lo que son los medios. Estos tienen una potencia como no tuvieron jamás en la historia. Y eso se puede usar para bien o para mal.

¿Y ahora se está usando para mal?

No. Hay cosas buenísimas o malas. Es como todo. Hoy tenemos una capacidad de control del poder como no ha existido nunca, gracias a los medios de comunicación. Por desgracia hay gente que no es consciente de su responsabilidad. El poder que tienen los periodistas es descomunal, son más necesarios que nunca. Pero hay que usarlo para bien.

Cataluña y España

Lo que ocurre con Cataluña y el deseo de independizarse es fruto de que las heridas del pasado que no han cerrado?

El pasado siempre está presente. Hay que entenderlo en el contexto de ese pasado que no pasa. El nacionalismo no puede ser de izquierda porque la izquierda por definición es internacionalista. Yo me considero de izquierda y por eso soy internacionalista, y por eso no soy nacionalista. Pero al parecer Cataluña es de los pocos lugares del mundo en que el nacionalismo y la izquierda todavía hoy son compatibles, ¿por qué?: por el franquismo. Porque todo aquel que luchaba contra el franquismo se suponía que era de izquierda. Pero es mentira.

¿Y qué desenlace ve?

Puede ser bueno y puede ser malo. Daño ya nos hemos hecho. Espero no hacernos más. Hay muchas soluciones. Ortega decía: España es el problema y Europa la solución. Sigo pensando lo mismo. Este no es un problema estrictamente español ni un problema catalán. Aunque obviamente es un problema entre catalanes. Más de la mitad de catalanes no queremos la independencia por diversos motivos. Es un problema europeo también. Hay que entenderlo en el contexto de la crisis brutal que padeció Europa de occidente con la crisis económica. Esto es un resultado de eso. Para mí, la solución es una España federal y España ya es un país parafederal. Es uno de los países más descentralizados del mundo, después de Alemania. Es perfeccionar ese Estado, lo ideal es la disolución de los estados europeos en un estado federal europeo. Creo que ese es el proyecto más ambicioso del siglo XXI y la única utopía razonable que hemos inventado los europeos. Por algún motivo desde que he llegado al Perú soy más optimista.

¿Por qué?

No lo sé. A lo mejor porque hay que ver las cosas a distancia. Habrá una solución. Para empezar hay que entender que la democracia es forma. Es como la literatura. En democracia se puede discutir todo, pero respetando las formas. En democracia el fin no justifica los medios, son los medios los que justifican el fin. Y el problema es que en Cataluña nos hemos saltado las formas. A conciencia y también quizás por falta de educación democrática, porque la gente no sabe lo que es la democracia, por desgracia.

Usted decía que este problema no es solo de España, se refiere concretamente al surgimiento de estos grupos separatistas que no quieren una Europa integrada, lo que ha pasado con el Reino Unido, los grupos nazistas en Alemania, liderazgos populares en Italia, Francia.

La crecida del independentismo catalán fue la primera manifestación del populismo en España. En el fondo este es un retorno a los años 30. Los historiadores dicen que la historia no se repite, pero siempre se repite con máscaras tan distintas que a veces es difícil de reconocerlas. Pero, en este caso casi ni se ha puesto máscara la historia, porque estamos repitiendo errores de los años 30. La ideología, líderes carismáticos,etc. El retorno de la política épica y sentimental. Eso explica fenómenos como Trump, como el Brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea), como el surgimiento de esos partidos populistas en Francia, en Italia, en todas partes. Y la crecida del independentismo catalán también se inspira ahí. Siempre ha habido nacionalismo catalán, al menos a lo largo de este siglo, pero era 15%, 20%. Ha habido esta crecida, efecto de muchas cosas, pero que debe ser entendida dentro de este contexto. ¡Y vamos ya, dejémonos de hablar de política, ya basta (risas)! 

Las redes sociales no sirven para nada

¿Cuáles son sus proyectos literarios a futuro, qué está trabajando?

No se lo voy a contar. Hemingway decía que si cuentas lo que estás haciendo, algo esencial se pierde. Creo que tenía razón.

En su literatura, cuánta ficción y cuánta realidad hay. En las historias usted se mete con nombre propio. ¿Eso es para persuadir al lector?

Eso es porque me parece necesario. ¿Cuánta ficción y cuánta realidad?. Depende del libro. Cada uno es distinto. Escribir un libro es formular una pregunta compleja de la manera más compleja posible.

Y su trabajo periodístico le sirve como insumo para su proceso creativo.

Muchísimo, pero yo no soy periodista.

Pero ha hecho crónicas, escribe en El País.

Para mí, el descubrimiento de la escritura en los periódicos es extraordinariamente útil. En cierto sentido, mi camino es el inverso al habitual. Hemingway, Vargas Llosa, García Márquez eran periodistas antes que escritores. Mi caso no es así. Es a la inversa. Yo era un simple profesor universitario que, ya escribía novelas, y de repente descubrí la escritura en los periódicos.

En este tiempo cómo ve la literatura. Hay mucha inmediatez en la información, se predice el fin del libro.

La aparición de internet, que realmente es una revolución, es para bien o para mal. Las redes sociales, yo no las frecuento, no veo ninguna utilidad en ellas. Desde luego las redes sociales son ideales para sacar los demonios que uno lleva dentro, insultar. Pero, también habrá gente que las utilizará para bien. En cuanto a la literatura, yo no creo que esté amenazada de muerte, para nada. Un libro seguirá siendo un libro aunque no sea un libro en papel. Madame Bobary es igual leída en internet, en Kindle (aplicación de lectura) que en un libro. Yo no creo que desaparezca el libro porque es un gran invento. Umberto Ecco decía que era como la rueda, la rueda no va a desaparecer. ¿Se lee menos?. No, yo creo que se lee más que nunca. Es verdad que tenemos muchos “cacharritos” (aparatos tecnológicos). Pero la literatura no es incompatible con ellos.

¿Qué libros cree que sobrevivirán en el tiempo?

La Divina Comedia, El Quijote, (obras de) Shakespeare, Homero. Y de los actuales, eso no lo sabemos, porque no ha pasado todavía el tiempo, el tiempo es el mejor crítico literario, ese lo filtra todo.

¿A usted qué libros lo han marcado? 

Yo nací con la literatura latinoamericana. Yo no me considero un escritor español. Me considero un escritor en español, es muy distinto. 

¿Lo dice por el boom?

Por el boom, por Borges, por poetas, narradores. Para mí Borges es mi tradición, Vargas Llosa es mi tradición, García Márquez y tantos. Ha habido una auténtica explosión de creatividad, que ha puesto a la novela en español en el primer lugar de la literatura occidental. Es un privilegio para mí.

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