AG y Keiko: Depredadores políticos

12 Nov 2017 | 6:00 h

El animal más peligroso es el que se siente acorralado. El delincuente más peligroso, el que se siente rodeado. El político más peligroso, el que se sabe apunto de ser descubierto.

Keiko Fujimori está dispuesta a todo porque se juega todo lo que ha podido amasar en su vida a costa de otros. La situación de Alan García no es tan distinta. Pese a sus vergonzosas declaraciones y tuits haciendo malabares para relacionar a cualquier otra cosa las iniciales AG de la agenda de Marcelo Odebrecht, la verdad se va decantando y Marcelo Odebrecht ha confirmado que AG es Alan García. Esto sucedió en el último interrogatorio en Curitiba en el que la parte peruana estaba representada por el probo fiscal José Domingo Pérez (y no el cuestionable Juárez Atoche que había blindado hasta ahora a AG).

En este complejo ajedrez, Keiko tiene cierta capacidad de maniobra política porque tiene la mayoría en el Congreso, pero sus decisiones hasta ahora han sido tan burdamente atropelladoras del estado de derecho, la institucionalidad y la democracia, que muchos de quienes antes la defendían o daban el beneficio de la duda, hoy miran horrorizados cómo esta mujer destruye lo que queda de su capital político; al tiempo que dinamita la frágil gobernabilidad de este gobierno sumiso, sometido y débil, y la institucionalidad y estabilidad del país. Así, ha iniciado una persecución de amedrentamiento contra el fiscal de la Nación desde que el fiscal José Domingo Pérez asumió el liderazgo de la investigación. No es casualidad, Domingo Pérez tiene una trayectoria intachable y es reconocido por ser un fiscal a prueba de sobornos, extorsiones, amenazas o conveniencias. También intenta Keiko echarse abajo al Tribunal Constitucional, la más alta magistratura de la ley en el Perú. Y lo último, ha iniciado una amenaza directa al presidente Pedro Pablo Kuczynski, pretendiendo usar su mayoría congresal para pasar por encima de su inmunidad presidencial y llevarlo a la comisión congresal fujimorista Lava Jato.

Alan García se beneficiaría del descabezamiento del TC (por la espada de Damocles que tiene sobre el caso El Frontón), del golpe contra la fiscalía (porque el fiscal Domingo Pérez no se someterá como lo hizo Juárez Atoche en el caso Odebrecht), y por supuesto se beneficiaría si cae PPK porque con el control de los fueros judiciales en el Perú podrá salir como el único presidente que no fue coimeado por Odebrecht (al margen de que la mayoría de peruanos crea que es obvio que sí), y además cuenta con la fuerza de choque congresal del fujimorismo para que hagan todo el trabajo sucio, público y visible. Mientras él ríe en la sombra, en Madrid.

La estrategia fujimorista se ha centrado en atacar al diario El Comercio. Primero indirectamente cuando el argumento que usa para pedir que se vaya el fiscal de la Nación es que la fiscalía blinda a las empresas conectadas con Odebrecht (es decir, Graña y Montero vinculada a El Comercio). Y luego, ya directamente con la amenaza de demanda por difamación que Keiko ha anunciado el viernes en su acostumbrada modalidad de videito con guion repasado y sin acceso a preguntas incómodas de cierta prensa que no puede controlar. El Comercio se ha defendido en su último editorial diciendo que Graña y Montero tiene apenas 6 % del capital de la empresa y que en varias ediciones del diario han denunciado a Graña y Montero en relación a Odebrecht. El Comercio ha dicho también que se ratifica en lo dicho en su titular, que Keiko miente y que se unen a su pedido de que la fiscalía brasilera entregue las transcripciones. Por supuesto esa es una estrategia de Keiko para ganar tiempo e imagen, pues cualquiera sabe que la fiscalía del Brasil no comprometerá una confesión solo porque la señora lo pide.

Estamos en un momento sumamente peligroso para nuestra frágil democracia. No solo Keiko y García son responsables por dinamitarla accionando sus fuerzas más oscuras, pero quién mayor responsabilidad tiene del desastre que puede sobrevenir es Kuczynski y este gobierno, por dejarlos hacer, por no liderar, por no conjurar y por no ejercer gobierno sobre el caos, que es para lo que salió elegido; no para entregar la patria a los depredadores políticos por puro miedo, debilidad, complacencia o conveniencia personal. Ante esta situación, las fuerzas civiles debemos mantenernos alertas, ya que desde el Estado y desde la política ya nadie nos representa. Tocará, otra vez, representarnos a nosotros mismos en las calles y defender la patria de sus depredadores.

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