El efecto Bernie Sanders: Un izquierdista avanza en la campaña de los Demócratas

Estados Unidos. Mientras en América Latina los gobiernos de izquierda se hunden en el fango de la corrupción y el desgobierno, en el corazón del imperio un veterano senador, ex hippy, abiertamente declarado socialista y enemigo de Wall Street, le quita votos a la favorita Hillary Clinton.

12 Sep 2015 | 23:30 h

Amanda Mars. El País
Washington
 
Ni es el favorito en las apuestas ni se le ve como presidente de Estados Unidos, pero Bernie Sanders, un senador de 73 años autodeclarado socialista en un país que abomina del término, ha crecido lo suficiente como para acercarse a Hillary Clinton y escorar a la izquierda la campaña demócrata para elegir candidato a las elecciones de 2016.
 
Sanders reúne multitudes, apela a los intereses de la clase social frente a las ideas políticas de cada uno y pide una “revolución política” contra el establishment. Encarna, en fin, la versión estadounidense de ese liderazgo político europeo crecido en el hartazgo.
 
“Usted, señor Greenspan, simplemente no sabe lo que pasa en el mundo real. Venga conmigo a conocer gente de verdad, los clubes de campo y los cócteles no son la América real, los millonarios son la excepción”. No era en plena crisis cuando un Sanders lleno de nervio se despachaba así ante el presidente de la Reserva Federal, sino en un 2003 previo a la gran tormenta.
 
Doce años después, el senador independiente por Vermont sigue clamando contra la desigualdad y pidiendo mano dura contra Wall Street, pero las palabras calan más que antes de la Gran Recesión.
Por primera vez, a mediados de agosto, una encuesta situó a Sanders por delante de Clinton en New Hampshire y este sábado otro sondeo en Iowa le dio un 30% de apoyo, solo a siete puntos de la favorita. La atracción de pequeños donantes para financiar su campaña puede compararse con la que logró Barack Obama en 2008. Por edad y perfil, es fácil comparar su tirón al de Jeremy Corbyn en el partido laborista británico, solo que en un país que nunca ha tenido un partido laborista.
 
“Sanders está abarcando un espacio ideológico a la izquierda que no estaba ocupado por nadie, Clinton forma parte de un centro más pragmático y si Joe Biden (actual vicepresidente) decide presentarse, pugnará por los mismos votos que ella, Sanders habla de una desigualdad que preocupa mucho a la gente y tiene una carrera coherente con ello”, señala Geoffrey Skelley, del Centro sobre Política de la Universidad de Virginia.
 

Un outsider

Sanders ha sido un outsider: votó contra la guerra de Irak y defendió el matrimonio gay cuando aún casi nadie lo hacía. Pide la subida de los salarios mínimos y se declara socialdemócrata, aunque apela a los votos de una clase trabajadora con ideas políticas dispares pero una preocupación común, su supervivencia. En el grupo de población perjudicada por la crisis y que se siente desfavorecido en la recuperación es donde espera captar votos.
 
“No soy un liberal (de izquierdas), soy un progresista que sobre todo se centra en la clase media y trabajadora”, decía Sanders esta verano a The New York Times. 
Sanders remachaba: “la gente corriente está muy disgustada con que la clase media esté siendo destruida” y muchos de estos “pueden no estar de acuerdo con el matrimonio homosexual, pero quieren a un luchador”.
 
“Pero el argumento de clase, ese de que mucha gente está votando en contra de sus intereses económicos, nunca ha triunfado en EEUU, el factor conservador frente a liberal aquí está también vinculado con lo urbano frente a lo rural”, apunta Skelley. Además, advierte de que “resulta que Sanders está conectando especialmente con ciudadanos blanco, bien formados y de clase media” y no con los más maltratados del sistema.
 

Un polaco en Brooklyn

Hijo de un inmigrante polaco, Sanders nació y creció en una zona de Brooklyn eminentemente judía, un barrio tranquilo en el que la gente mayor se sienta con sillas plegables en pequeños grupos a la sombra. Apenas cuatro manzanas separan la casa familiar, un apartamento modesto en un bloque hoy descuidado, del James Madison High School, el colegio en el que estudió en los años 50 y que desde 2008 le tiene en su muro de honor. “Se le incluyó en el marco de un acto organizado, pero al día siguiente volvió a la escuela sin avisar a nadie y se reunió con grupos de alumnos para conocer sus inquietudes y sus problemas, ¿no cree que eso dice mucho del carácter del alguien?”, cuenta Marthy Alpert, la presidenta de la asociación de antiguos alumnos, dos años mayor que Sanders.
 

Sombras en la campaña

El viejo senador cae bien, conecta con los mayores y con los jóvenes –esa llamada generación del milenio que va a tener una gran peso en esta campaña y que no confía en el sistema tal y como está diseñado–, aunque tiene un frente abierto con la comunidad negra, que cuyos activistas (el movimiento Black lives matter, en español: Las vidas negras importan) le acusan de no ser lo bastante contundente en la defensa de sus derechos.
 
Está por ver qué papel jugará la brecha social en una América que ha salido de la crisis de una forma tan desigual. Antes que el efecto Sanders, hubo un efecto Warren –Elizabeth Warren, que no opta a la candidatura– que ya influyó en el discurso de Clinton. “Ella sigue siendo la más fuerte y la que tiene más fondos, pero Sanders está teniendo un gran impacto y le está forzando a ser más agresiva en sus ideas”, apunta Julian Zelizer, analista político y profesor de Princeton.
 

La gran sorpresa

Este fin de semana la agencia Reuters informó que Bernie Sanders se está acercando a Hillary Clinton en la carrera por la candidatura demócrata para las elecciones presidenciales de 2016, y se encuentra por primera vez a una distancia de un solo dígito, mostró un sondeo de opinión de Reuters/Ipsos el viernes.
 
Clinton aventaja a Sanders a nivel nacional entre los demócratas por ocho puntos porcentuales -39 por ciento frente al 31 por ciento-, la menor ventaja desde el comienzo de la carrera para los comicios de noviembre de 2016.
 
Hace una semana, una encuesta por Internet mostró que llevaba 20 puntos porcentuales de ventaja sobre Sanders.
 
El respaldo a la ex primera dama entre los demócratas lleva semanas erosionándose de forma constante, por dudas sobre el uso que dio a una cuenta privada de correo electrónico cuando era secretaria de Estado.
 
Su respaldo era del 45 por ciento hace una semana.
 
Clinton se disculpó a principios de esta semana por la controversia, que contribuyó a que su apoyo entre los demócratas llegue a su nivel más bajo desde que Reuters/Ipsos empezó a realizar estudios sobre la elección de 2016 hace casi tres años.
 
El senador Sanders contaba con un respaldo de un 25 por ciento en un sondeo de Reuters/Ipsos de hace una semana.
 
Otras encuestas muestran a Sanders pasando a la cabeza o empatado con Clinton en Iowa y New Hampshire, los estados en los que empieza la carrera por la candidatura demócrata.
 
Los problemas de Hillary también abrieron la posibilidad de que irrumpa de forma tardía en la contienda el vicepresidente, Joe Biden, quien aseguró que está evaluando si tanto él como su familia tienen la energía y el compromiso para una carrera presidencial tras la reciente muerte de su hijo Beau.
 
Biden marcha en tercera plaza, con un 16 por ciento, en el sondeo de Reuters/Ipsos, sin apenas cambios respecto de hace una semana.
 
A pesar del retroceso, Clinton aún lidera la contienda para convertirse en la candidata demócrata para las elecciones presidenciales que se celebrarán en el 2016.
 
La agencia Associated Press reveló que muchos demócratas temen que Sanders, un socialista independiente que busca la candidatura de su partido, no pueda ganar una elección general.
 
Y ante el vencimiento inminente de los plazos para inscribirse en las primarias de los estados cruciales, se reducen las posibilidades de que el vicepresidente Joe Biden o cualquier otro se inscriba en la contienda.
 

Un extremista de izquierda gana en el Partido Laborista inglés

El parlamentario de extrema izquierda Jeremy Corbyn fue elegido el sábado líder del Partido Laborista británico, una victoria que amenaza con profundizar las divisiones en el partido opositor, que no termina de recuperarse de una fuerte derrota en las elecciones de este año.
 
Al arribar a la conferencia, decenas de seguidores lo rodearon y cantaron el himno socialista "Bandera roja".
 
La victoria de Corbyn es una de las mayores sorpresas de la política británica en varias décadas, que señala un fuerte viraje a la izquierda de su partido y el rechazo de la política centrista de sus predecesores.
 
El parlamentario de 66 años, de pelo y barba plateados, ha sido objeto tanto de críticas encendidas como de admiración por sus posiciones socialistas: quiere aumentar los impuestos a los ricos, se opone a las medidas de austeridad y es partidario de nacionalizar la industria. Considerado excéntrico y marginal hace apenas tres meses, pudo desplazar a sus tres adversarios, más cercanos al establishment.
 
Aplausos y vítores estremecieron la sala en Londres ante el anuncio de que Corbyn había obtenido casi el 60% de los votos, mientras que su rival más próximo, Andy Burnham, obtuvo apenas el 19%.
 
En su discurso, Corbyn prometió un país más igualitario y solidario y poner fin a los "niveles grotescos de desigualdad".
 
"Los conservadores han utilizado la crisis económica de 2008 para imponer una carga terrible a la gente más pobre de este país", dijo. "No es justo, no es necesario y tiene que cambiar".

 

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