Mauricio Macri y Cristina Fernández son los protagonistas de la primera ronda electoral de hoy

Tensión en Argentina. Más de 30 millones de argentinos están llamados a votar para designar a los candidatos definitivos de octubre. El presidente y la exmandataria ponen en juego su futuro político. CK apostó por un nuevo estilo que le ha ayudado en las encuestas.

13 Ago 2017 | 6:55 h

Es solo una primera ronda de las elecciones de octubre sin efectos prácticos reales, pero en Argentina todo parece pendiente de lo que suceda hoy en las PASO, las primarias obligatorias que funcionarán como una especie de sondeo masivo para comprobar el ánimo de los votantes.

La campaña cerró este jueves –en Argentina hay dos días de reflexión– en un ambiente de incertidumbre total, con los mercados muy nerviosos ante la posibilidad de que Cristina Fernández de Kirchner gane en la provincia de Buenos Aires.

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Las elecciones de hoy tienen como principales protagonistas a Cristina Kirchner y al presidente Mauricio Macri. La victoria y derrota, en cada uno de sus casos, tendrá un impacto político inmediato.

Las elecciones PASO sirven para elegir a los candidatos definitivos que serán votados en las elecciones legislativas del 22 de octubre; en las que se renueva un tercio del Senado (24 escaños) y casi la mitad de la Cámara de Diputados (127 bancas).

Nervios electorales

La economía argentina depende como muy pocas del Estado, y por tanto de la política, y en las últimas semanas el Banco Central está gastando mucho dinero de las reservas para evitar que el dólar se dispare ante el temor de los inversores de que un triunfo de Kirchner en la provincia de Buenos Aires debilite al Gobierno de Mauricio Macri y frene su política de reformas y ajuste en especial en las hipersubvencionadas tarifas de la energía y el transporte. Los analistas creen que si gana ella, el presidente tendrá mucho más difícil la reducción del déficit público que tiene prevista para después de las elecciones.

Los beneficiados

Los candidatos cerraron la campaña en este ambiente de incertidumbre que beneficia a los dos principales grupos, el de Kirchner y el de Macri, que tiene como candidato principal a su exministro de Educación Esteban Bullrich. La expresidenta, que se ha mantenido prácticamente en silencio en toda la campaña para dejar que en sus mensajes hablen los ciudadanos que sufren la crisis, atacó a su rival en su último acto de campaña en La Matanza, el municipio más poblado de los alrededores de Buenos Aires y uno de los más pobres, corazón de su núcleo duro en el conurbano. "Lo tienen escondido a Bullrich, le han pedido que no abra la boca", se rió Fernández de Kirchner ante los errores durante la campaña de su rival. Era, de nuevo, otra política, completamente diferente a la que golpeaba a todo y a todos en sus larguísimos discursos antes de la derrota de 2015. Incluso admitió que en esa época pecó de soberbia, algo inédito en ella, que nunca reconocía errores. "Algunas veces no hemos sido tan humildes como debiéramos, tenemos que reconocerlo".

Kirchner, apoyada por el consultor español Antoni Gutiérrez Rubí, ha diseñado la campaña como un plebiscito sobre Macri para recuperar a la clase media que le dio la espalda en 2015 y ahora sufre la crisis. Mientras, Macri lanza el mensaje contrario: si ella gana, se irán los inversores, se hundirá el país, explica. Y la ataca cada vez con más dureza. Incluso llegó a decir que la expresidenta tiene "un problema psicológico", alentando así la tesis instalada de que está enferma. En el cierre de campaña de Cambiemos en Córdoba, la segunda provincia del país y responsable en buena medida del triunfo de Macri en 2015, el presidente volvió a fustigar a Kirchner. "Nos costó encontrar el punto de partida porque habían dejado un Estado destrozado", dijo, y señaló que su Gobierno "puso en marcha el país después de casi seis años sin crecimiento".

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