La elección de Asha Miró

La escritora y comunicadora india cuenta cómo la adopción cambió el rumbo de su vida. A los seis años se convirtió en la hija de una pareja española y, hace diez, decidió ser la madre de su sobrina nieta.

Asha Miró y su hija Komal viven juntas desde hace diez años

Asha Miró y su hija Komal viven juntas desde hace diez años. Foto: Be your love / Marina Castells.

Pedro Cordón, Komal y Asha comparten un hogar en Barcelona, España

Pedro Cordón, Komal y Asha comparten un hogar en Barcelona, España. Foto: Be your love / Marina Castells.

La primera vez que Asha Miró vio a sus padres, ellos estaban en una foto. Electa y Josep no se parecían a ella, no hablaban su idioma, no la habían visto nacer. Pero eran sus padres.Electa tenía la piel blanca, el cabello corto y un vestido con flores. Josep, gafas y patillas largas. "Me parecieron maravillosos", recuerda Asha. La foto de la pareja pasaba de mano en mano entre los niños de un orfanato en Bombay, la ciudad más poblada de la India. La pequeña de seis años andaba con el papel presentándolos: "¡Mira, ya tengo padres!". 
 
Esa foto ahora está guardada en su casa en Barcelona. Y se ha convertido en el mejor recuerdo de la escritora y comunicadora india, adoptada a los seis años por Josep y Electa, la pareja de españoles que —según dice— "le dieron la vida, pero en mayúsculas". "La madre biológica es la que me dio la vida, el cuerpo, el color. La adoptiva es la que ha estado conmigo siempre. Me ha creado como persona". 
 
 
Asha María Miró Vega, 49 años, autora de quince libros —el primero de ellos, La hija del Ganges (2003), calificado como un 'bombazo editorial'— , profesora de música, presentadora de la televisión española dice que tuvo suerte. Mucha suerte. "Un niño que está en un orfanato no sabe qué futuro le espera. Solo tiene miedo y dice: 'Bueno, aquí estaré toda mi vida'. Pero cuando lo adoptan, puede empezar de cero", afirma la escritora que esta semana participó en un seminario organizado por la asociación Acogiendo y el Colegio de Abogados de Lima. "Si no me adoptaban, me quedaba en la India. Y allí, mi vida sería otra".
 
Cuando tenía cinco años, Asha veía los ventiladores girando en el techo de su orfanato. Lo hacía con frecuencia recostada en una toalla. "Para mí, es un sinónimo de soledad, de tristeza", cuenta en un hotel de Miraflores. En el albergue de Bombay vivió tres años, luego de que su papá la dejara a cargo de unas monjas españolas. 
 
Durante su estancia, subía todas las mañanas —por una escalera caracol— a la dependencia de las religiosas para pedir que le busquen unos padres. Una de las mayores, la madre Adelina, la recibía y le decía que eso era imposible.  "Pero creo que los imposibles son posibles", dice. Unos meses después le entregaron la foto de una mujer con vestido de flores y un hombre de patillas largas. Eran sus padres adoptivos. "Para mí, la escalera caracol es un símbolo de libertad".
 
La madre biológica de Asha murió en el parto, cerca de la ciudad de Nasik. Su madre adoptiva no podía tener hijos tras una operación contra el cáncer. Ya había adoptado a gemelas, pero una falleció. Entonces, a través de una carta que llegó a Barcelona, se enteraron de que una niña de seis años necesitaba unos padres. Se llamaba Asha que, en indio, significa esperanza. 
 
"No solo lo biológico, ni los lazos del sangre convierten a uno en madre. Al fin y al cabo eso es nada —dice Asha—.  Las mamás adoptivas depositan su energía de manera incondicional. Y no es altruismo. Es un dar por dar". Desde que llegó a España, sus padres le dieron un colegio, un hogar, atendieron sus recuerdos y no le ocultaron su origen. "El vínculo se puede crear. Cuando se adopta a un niño se debe respetar su historia. Llevarlo a casa".
 
Ahora la historia se repite. Hace más de diez años, Asha viajó a la India para conocer a su familia biológica y encontró a su hermana, casada desde los doce años, con hijos y nietos. "Es duro ser una mujer en la India. Es un sinvivir".
 
En aquel viaje conoció a Komal, su sobrina nieta, una pequeña con asma y desnutrición. "Entonces, me di cuenta de que las circunstancias eran complejas, no podía estar con su familia, sus padres debían trabajar", cuenta. Despues de cuatro años, entre papeleos y permisos, decidió adoptarla.
 
La pequeña fue adoptada a la misma edad que su mamá: seis años. "Ella también dice que se siente afortunada y nos da las gracias mil veces —cuenta Asha—. Yo le digo que forma parte de mis deberes como madre: darle todo lo que necesita. Por eso construimos una familia", comenta la escritora, que en sus planes no incluía la posibilidad de ser una madre. 
 
Komal ahora tiene 16 años. Y dicen que posee el carácter de Pedro Cordón, el esposo de Asha. La escritora ha descubierto que ella, su hija, y sus dos madres tienen algo en común: "Nos hemos dejado llevar por el corazón". "Dejamos de lado otras opciones —agrega—. Y escogimos esta, que es la mejor".

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