Mazocruz bajo cero

Domingo visitó las zonas más frías de Puno, donde los poblados ubicados arriba de los 4 mil metros sobre el nivel del mar soportan hoy temperaturas de menos siete grados. Y el invierno recién está llegando: para junio estas zonas podrían alcanzar los 18 grados bajo cero. El gobierno está advertido.

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El hielo llega a tener un grosor de dos centímetros en Capazo, Puno. Foto: Juan Pablo Castillo

El hielo llega a tener un grosor de dos centímetros en Capazo, Puno. Foto: Juan Pablo Castillo.

Las caídas de agua se congelan por la noche. El frío mata a los animales. Foto: Juan Pablo Castillo

Las caídas de agua se congelan por la noche. El frío mata a los animales. Foto: Juan Pablo Castillo.

Mazocruz, Puno. Luciano (11) y Juan Carlos Capauti (9) frente a río congelado. Foto: Juan Pablo Castillo

Mazocruz, Puno. Luciano (11) y Juan Carlos Capauti (9) frente a río congelado. Foto: Juan Pablo Castillo.

Basilio Mamani, su esposa e hija, se calientan al sol en poblado de Jihuana. Foto: Juan Pablo Castillo

Basilio Mamani, su esposa e hija, se calientan al sol en poblado de Jihuana. Foto: Juan Pablo Castillo.

Los hermanos Luciano y Juan Carlos Capauti, de once y nueve años, respectivamente, abandonan su cabaña a las seis de la mañana para calentarse con los primeros rayos del sol. Hacen esto desde hace dos semanas porque –pese a que duermen junto con sus padres, cubiertos con frazadas y cueros de oveja– es imposible soportar el descenso de siete grados bajo cero durante la madrugada.

Su choza está asentada en la parcialidad de Zaparani, jurisdicción del distrito de Mazocruz, provincia de El Collao-Ilave, a 4 mil 994 metros sobre el nivel del mar, al sur de la ciudad de Puno.

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La zona es literalmente una estepa. Los riachuelos y bofedales, principal fuente de alimento de alpacas, están congelados desde hace varios días. Los campesinos no salen de sus chozas para no exponerse al frío, ni sus hijos. Por eso el pastoreo de animales comienza a partir del mediodía.

“Nosotros igual salimos abrigados porque dentro (de la cabaña) también hace frío. Para eso tenemos que esperar el sol”, dice Luciano.

Su padre le permitió exponerse al sol por un momento, ante la ausencia de su madre que hace una semana viajó al distrito fronterizo de Desaguadero, a comprar ropa. Debe volver en unos días.

“Ahora mi papá no quiere salir porque está mal, pero nos da permiso con la condición de estar bien abrigados y con zapatos. Y solo por una hora”, dice Juan Carlos.

Salir a la intemperie muy temprano, para calentarse exponiéndose al sol, es una práctica común en este lugar, pero siempre se hacía en junio, nunca antes.

Percy Quispe Carpio, vecino de los hermanos, dice que este año el frío se adelantó. “Este lugar siempre es castigado por el frío, pero ahora ha venido antes. Hace quince días que los riachuelos comenzaron a congelarse. El viento sopla fuerte y el frío es insoportable. No quiero imaginarme cómo será en junio”, dice.

Admite que también sale a tomar sol para calentarse pero a partir de las once de la mañana, luego de tomar el desayuno con su esposa.

“No hay otra forma de calentarse. En la tarde ya no salimos porque el frío hace doler hasta los huesos. Vivimos así porque acá están nuestros terrenos y animales. Lo triste es cuando nadie nos ayuda si nos enfermamos”, cuenta.

El puesto de salud más cercano está ubicado en el distrito de Mazocruz, a doce kilómetros de Zaparani.

Luciano y Juan Carlos lucen más abrigados por estos días gracias a que sus padres compraron todo lo necesario para el invierno. Pero no todos tienen las mismas condiciones económicas en la zona.

Leonel Quispe, del sector Chajalla, a siete kilómetros de Zaparani, cuenta: “Acá vivimos de la crianza de alpaca y nuestros ingresos por la fibra son una vez al año. A veces nos dedicamos al comercio. Así es la vida de un campesino en esta zona. Las autoridades prometen de todo, pero en la práctica no hay nada”.

Dice que hace cinco años vio morir a su vecino de 80 años y a su hijo menor con neumonía. “Esa vez el frío era igual al de ahora y no había ambulancia. En la noche se puso mal. Había nevada y todo estaba congelado. Después de dos días murió en su cuarto porque con mates nomás intentaba curarse”, recuerda.

El panorama que describe no dista mucho del presente. Las capas de hielo que se han formado superan los cinco centímetros de grosor, debido a que la temperatura en las noches y primeras horas del día fluctúan entre -2 y –7 grados Celsius, según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi).

Se prevé que el frío será aún más intenso: puede llegar a los -18 grados Celsius en la quincena de junio. “Parece que el frío de este año va ser más fuerte. Qué será. Ojalá nomás nadie se nos vaya a morir”, dice con preocupación Leonel Quispe.

Emergencia en el sur

Hace unos días, en prevención de estos fenómenos, el presidente Pedro Pablo Kuczynski lanzó en el Cusco el Plan Nacional ante las Heladas y el Friaje 2017, llamado Antes Perú. Este año hay 100 millones de dólares para prevenir y mitigar los efectos de las bajas temperaturas en las poblaciones del sur peruano.

El plan llevará abrigo y alimentación a 242 distritos y 71 provincias en 16 regiones. La estrategia es multisectorial: el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, por ejemplo, construirá mil 141 casitas calientes, 3 mil 200 cocinas mejoradas y entregará más de 3 mil paquetes de emergencia en estas zonas; el Ministerio de la Mujer distribuirá en las próximas semanas 214 mil kits de abrigo y 82 mil frazadas.

Por su parte, el sector Salud proporcionará 240 mil vacunas contra neumonías e influenza para niños menores de 5 años, gestantes y ancianos. Y Agricultura distribuirá 7 mil kits veterinarios para evitar la muerte del ganado. Igual que durante el fenómeno de El Niño Costero, las Fuerzas Armadas participarán en todas las labores de emergencia.

Hasta el momento, las regiones en alerta por las heladas son Puno, Tacna, Cusco, Moquegua, Arequipa, Apurímac, Áncash, Ayacucho, Huancavelica, Huánuco, Junín, Pasco y Lima. Según Senamhi, la alerta para esta semana era de nivel 4, el más alto, con temperaturas de -15 grados por arriba de los 4,200 m s.n.m. en Tacna, Moquegua y el sur de Puno, justo la zona adonde llegó este diario.

Rincón helado

Volvamos a Puno. La situación no es menos dramática en el sector de Jihuana, distrito de Capazo, zona alta de Ilave. El nombre de esta comunidad en aimara significa “muerte”.

“Parece que vamos en ese camino porque, como verán acá, vivimos abandonados a nuestra suerte. Hace dos días mi señora se puso mal porque el frío es cada vez más fuerte. Con mates nomás a veces nos curamos”, se queja Basilio Mamani Ordoñez.

En la zona, los riachuelos también están congelados igual que los bofedales. Los niños solo pueden salir a la intemperie en compañía o con permiso de sus padres. “Sino se nos mueren. Varios vecinos han perdido a sus niños. Por eso los sacamos abrigaditos con cuero (de oveja)”, nos explica.

Basilio cuenta que su mayor preocupación es proteger a su hija Yanet, que sufre de retardo mental. “Es la única a quien cuidamos, porque mis demás hijos ya se han ido fuera, a otras regiones. Ahora me preocupan los próximos meses, cuando haga más frío”, dice.

Admite que la poca ayuda que les llega la reciben del único tambo que existe en la zona.

Bernabé Ordoñez, otro poblador, afirma que este año el frío se adelantó por el cambio climático. “Ya no se puede vivir a esta altura, pero no tenemos a donde ir. Hasta dan ganas de llorar”, dice resignado.

Nelson Quispe, jefe de la Subdirección de Predicción Meteorológica del Senamhi, afirma que las bajas temperaturas son usuales en esta época del año, pero lo peligroso es cuando hay descensos de un día para otro. "Cuando hay siete grados bajo cero y al día siguiente desciende a quince bajo cero, eso impacta en la salud de las personas", dice.

Mazocruz y Capazo son las zonas que siempre registran las temperaturas más bajas en Puno porque se encuentran en una planicie, lo cual facilita que el viento se desplace a más de 50 kilómetros por hora.

Eso ha convertido estos lugares en las zonas más gélidas del altiplano. Ni las alpacas pueden alimentarse porque el pasto queda congelado. Las crías son las más afectadas y mueren a los días de nacer por falta de comida.

A las tres de la tarde, en ninguno de los poblados aledaños a Capazo y Mazocruz hay gente en el campo. Los adultos se guarecen en sus cabañas y los menores quedan prohibidos de salir. Los hermanos Luciano y Juan Carlos, así como Basilio Mamani, piden -al gobierno, a sus autoridades- no olvidarlos en los próximos meses, cuando el invierno sea aún más crudo.

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