Reportera encubierta

Perú-Chile, la ruta de la explotación sexual

En coordinación con un equipo de periodistas de la cadena MegaTV, de Chile, una periodista de este diario se infiltró en una red de tratantes de mujeres que capta jóvenes peruanas y de otros países para explotarlas sexualmente en la región minera de Coquimbo.

Lupe Muñoz

Domingo, 11 de Febrero del 2018

Cuatro de setiembre del 2017, 11:30 de la noche. Acabo de llegar a Salamanca, provincia de Choapa, en la región Coquimbo, Chile. Estoy en una estación de buses de donde debían recogerme pero no ha llegado nadie. Hace mucho frío y estoy sola. He viajado un poco más de cinco horas en un bus, luego de aterrizar al mediodía en Santiago, tras ser captada por 'Cristina', otra peruana que llegó hace año y medio a El paraíso, un club nocturno donde las chicas –en su mayoría extranjeras– tienen que bailar y hacer movidas con los clientes. 'Movidas', así le llaman. Es el término que utilizan para camuflar la prostitución clandestina que existe en la zona de bares de esta ciudad.

Vine por las movidas a Salamanca luego de recibir, dos meses atrás, por WhatsApp, la oferta de 'Cristina', quien me prometió trabajo con un sueldo fijo, además de casa y comida. Le dije que necesitaba dinero para mandar a mi familia en San Juan de Lurigancho y guardar otro poco para retomar mis estudios. Y me hice llamar 'Carmen'.

Planificamos todo esto con el equipo de investigación del programa Misión Encubierta de MegaTV. Nuestra intención era una sola: infiltrarnos en una red de explotación laboral y sexual que opera en Chile y Perú bajo la mirada indiferente de las autoridades.

Centro minero

La comuna de Salamanca se encuentra a 300 kilómetros al norte de Santiago, su principal ingreso económico proviene de la explotación de cobre en la mina Los Pelambres. Además ocupa el segundo lugar, a nivel de todo Chile, en recepción de mujeres extranjeras que ejercen el comercio sexual. Así lo dice un estudio de los Carabineros, la policía chilena.

La modalidad que usan para enganchar jovencitas es similar a la que se aplica en muchas ciudades del Perú, principalmente en zonas mineras como Madre de Dios y Puno: ofrecerles trabajo en antros donde se desarrolla la prostitución clandestina bajo la fachada de bares o night clubs. A diferencia de nuestro país, acá predomina el comercio sexual internacional. La mayoría de jóvenes que llegan a Salamanca proviene de Bolivia, Colombia, República Dominicana y Perú.

A través de 'Cristina' pude conocer a Carla Castro Mayta, una peruana de 37 años que administra El Paraíso. Fue ella quien me pidió fotos y "evaluó" si "tenía las condiciones" para trabajar en su bar. Fue ella, también, quien compró el pasaje aéreo para Santiago y quien me advirtió que pagaría ese boleto con mi trabajo.

Inicialmente, todas las chicas son alojadas en una casa que pertenece a los administradores de estos bares. Una casa como a la que yo llegué, luego de que me recogiera Patricio Danozo Villalobos, un ciudadano chileno, también administrador de El Paraíso y pareja de Carla Castro.

En este lugar, de tres habitaciones, Carla –quizá por ser su compatriota– me recibió con simpatía y me comunicó que en dos días debía acudir a una feria de la ciudad como acompañante de unos "empresarios", pues había sido elegida entre todas las chicas luego de que mostrara nuestras fotos, a modo de catálogo, a los posibles clientes. "Mandamos las fotos de todas las niñas y te escogieron a ti. Solo tienes que acompañarlos, tomar y comer con ellos. ¡Vas a comer gratis y vas a recibir tu plata!". Al parecer, es habitual que además del trabajo de 'garzonas', como se les dice a las chicas que atienden en los bares en Chile, se haga de acompañante de algún desconocido siempre que haya oportunidad de ganar dinero.

El Paraíso

Parte de la investigación era visitar, esa misma noche, El Paraíso, conocer a las chicas que trabajan allí, escuchar sus historias y estar expuesta a todos los riesgos como una más de las jóvenes garzonas.

En El Paraíso la venta de bebidas alcohólicas tiene como valor agregado la compañía femenina. Predomina La Ponchera, que es la suma de una botella de pisco con una gaseosa por un precio de 50 mil pesos, seis veces más de lo que se puede comprar en cualquier minimarket en Santiago. Son unos 268 soles al tipo de cambio. La mitad del pago por la ponchera queda para el bar y la otra mitad se divide entre las chicas que acompañan a los clientes.

Las movidas tienen otro precio. Cada chica negocia directamente con los clientes. Cobran entre 50 mil a 80 mil pesos. Adicionalmente se tiene que hacer un pago de 15 mil pesos al local para uso de los reservados, unos ambientes camuflados en la parte posterior de los bares, muy reducidos pero acondicionados con un sillón-cama donde sostienen relaciones sexuales de 15 a 20 minutos.

Pude ver todo esto en el día y medio que estuve El Paraíso. También pude notar cuán expuestas están las jóvenes en este lugar, donde el horario de trabajo va desde las 6:00 p.m. hasta las 5:00 a.m. Durante todo este tiempo no solo consumen alcohol, más de lo que su capacidad puede tolerar, sino que deben "motivar" a sus clientes, deben permitir el manoseo y los besos, aunque esto no te lo dicen cuando te ofrecen el trabajo. Pude evitar esta situación desagradable gracias a los periodistas de Misión Encubierta, quienes se hicieron pasar por clientes y se ganaron la confianza de los administradores del lugar.

Horas después, en la casa de Carla, fui testigo de una pelea entre una mujer boliviana y 'Kathy', una joven de 20 años que me acompañó mientras yo tomaba con los reporteros chilenos, mis supuestos clientes.

La primera le reclamaba a la segunda el haberle quitado la atención de unos parroquianos. Esa madrugada, Kathy, también peruana, terminó llorando mientras se lamentaba de haber llegado a Salamanca. Llegó a este lugar por un aviso pegado en un poste que ofrecía el trabajo de mesera.

Le pintaron otro panorama: un sueldo básico y buena ganancias a cambio de una labor sencilla. En Salamanca descubrió la realidad pero no tenía el dinero suficiente para regresar a Lima. Está juntándolo. Es su ruta de escape.

A la mayoría de jóvenes extranjeras, tal como sucedió conmigo, le ofrecen pagarle los pasajes. Además, los dueños del bar facturan los gastos y servicios de la casa, que luego exigen que canceles sino quieres verte desamparada en una ciudad y país que no conoces. Esto obliga a las chicas a conseguir ese dinero.

La encargada de la oficina de trata de personas del Ministerio del Interior de Chile, Valeska Abudada Lues, explica que en este tipo de modalidad de explotación laboral el tratante sabe que a la víctima no le queda otra opción que brindar los servicios que él quiere. La única forma de saldar la deuda es trabajar para ellos. Además, el traslado de una persona a otro país facilita estos delitos porque aumenta el desarraigo, saca a una persona de sus redes de confianza y la desliga de cualquier vínculo de amistad o familiar a quién pueda pedir ayuda.

La tarde del día dos, tal como estaba planeado, acudí con dos chicas más a un almuerzo al que nos invitaron los periodistas que se hacían pasar por clientes del bar.

Ayudada por un reportero que manejaba una moto, aproveché esta situación para escapar del lugar. Semanas después supe que Kathy logró juntar el dinero que necesitaba para regresar a Perú.

Si bien la esclavitud laboral y sexual de muchas mujeres, en estas ciudades sureñas, no se da a través de la fuerza, los tratantes lo logran a través del engaño, la manipulación y la desvinculación de su entorno.

En los últimos años, hemos sido testigos de procesos de migración severos. Los tratantes aprovechan estos escenarios para ilusionar a muchas jóvenes que están en busca de un futuro promisorio. A veces usan las redes sociales, a veces algo más sencillo como un aviso pegado en un poste de alumbrado público. Sus redes son enormes. Y se mueven con facilidad entre ambos países.

Ruta de peruanas explotadas sexualmente

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