Joe Sacco

“En periodismo, uno debe reconocer sus prejuicios”

Es un reportero singular. Cree en el cómic como la forma más potente de hacer periodismo. Sus trazos invitan a detenerse en el detalle y a entender el sentir detrás de cada gesto. Joe Sacco habla con Domingo.

Redacción LR

Domingo, 31 de Diciembre del 2017

Escribe: Luisa García

Mr. Moonbean, un frejol que vivía en la luna, fue el protagonista de su primer cómic. Lo hizo en un hospital, a los seis años. Él y su hermana tomaron a ese personaje de un cómic inglés y crearon una historia de una página con la ilusión de subirle los ánimos a su madre convaleciente. Veinticinco años después, Joe Sacco cambiaría la luna por Palestina, su guerra y sus víctimas. También cambiaría su imaginación por largos viajes autofinanciados a zonas de guerra y entrevistas con los más olvidados.

Sacco combina el dibujo y la escritura para hacer cómics periodísticos, aunque en 2013 sorprendió con una ilustración de siete metros en que mostraba el primer día de la Batalla de Somme, la más mortífera de la Primera Guerra Mundial y que duró más de tres meses. Hasta hoy guarda fotocopias de cada una de las fotografías que tomó en el Museo Imperial de la Guerra de Londres, a las que observó por meses para que no se escapara ningún detalle.

Nació hace 57 años en Malta, un país insular al frente de Italia, pero hoy reside en Portland, Estados Unidos. No es un reportero que ande con prisas. Por el contrario, es alguien que lleva al límite la amabilidad y la empatía. Hace de ellas sus principales herramientas desde su rol de ‘outsider’, término que usa para definirse. No pertenecer a los lugares en los que reportea le permite entender y criticar nuevas realidades.

El encuentro

No habla español pero por unos momentos habría jurado que sí. La primera vez que lo vi estaba parado al final de un auditorio donde aún había sillas vacías. Llevaba su tradicional sombrero negro, sus pequeños lentes redondos, una camisa ploma y un pantalón guinda. Parecía no solo querer observar a los ponentes sino toda la dinámica que pudiera generarse entre ellos y el público. Miraba fijamente la pantalla gigante donde aparecían los finalistas del Premio de Periodismo Gabriel García Márquez (Colombia), quienes explicaban cómo realizaron los reportajes que acababan de ser reconocidos por un exigente jurado. Impresionaba la atención que ponía en lo que decían, en sus gestos; su expresión era de quien entendía cada palabra pronunciada.

Dibujó y escribió Palestina luego de pasar dos meses en Cisjordania y la Franja de Gaza, a fines de 1991. En este, su primer libro, Sacco no solo cuenta una historia sino que aclara que obtuvo el consentimiento de sus entrevistados para ser incluidos en su reportaje. También consigna pequeños comentarios introductorios que contienen su opinión. Se dibuja a sí mismo y nos recuerda que todo está siendo narrado desde su punto de vista.

«Soy un dibujante que hace periodismo», suele decir al presentarse en las múltiples conferencias a las que es invitado. Curiosamente, sus estudios van en sentido contrario. No eligió estudiar Arte sino Periodismo en la Universidad de Oregon. Tenía la convicción de elegir un oficio que le permitiera hablar con la gente. Sacco busca historias universales, debe ser por eso que apuesta por la subjetividad. «He tomado algunas cosas buenas de la academia periodística y he dejado la basura atrás», dijo en junio último a El Faro de El Salvador. Y lo explica en detalle en la ciudad de Medellín, Colombia.

¿Qué dejaste atrás?

La noción de objetividad, pero me gusta aclararlo: yo separo objetividad de honestidad. Para mí, las personas que están oprimidas, las que están sujetas a una especie de gobierno autoritario, son las que me interesan conocer. Ese es mi propio prejuicio, y está claro, en base a lo que hago, que es el lado del que estoy. No tengo problemas en decirlo. Sin embargo, incluso las personas en esas condiciones no se comportan como ángeles. A menudo hay cosas desagradables que suceden entre ellas, porque bajo presión las personas se comportan a veces de manera extraña y fea. Así que supongo que, de alguna manera, estoy del lado de los oprimidos. Es una forma de decirlo, pero soy sincero al respecto. Eso no es exactamente ser objetivo, ¿verdad? Soy honesto, lo que sea que vea lo intento mostrar. No creo estar actuando sin sentido. Entonces, la objetividad es lo que dejé atrás principalmente.

Sacco cree que los cómics periodísticos son por naturaleza subjetivos. Para él, basta reparar en que son hechos por una mano humana que no domina todas las técnicas de dibujo o de edición gráfica. En todos sus libros, como Gorazde: zona protegida (2000) o Notas al pie de Gaza (2010), el trazo es siempre blanco y negro; y sin ayuda de Photoshop, pues el autor no lo maneja. Son limitaciones o características que genera su estilo y que resaltan la perspectiva particular desde la que se está narrando. “Es distinto al periodismo tradicional que intenta pretender que no hay una mano creando el periodismo”, concluyó Sacco este año en una conferencia.

¿Podríamos decir que los cómics periodísticos son más honestos que otros géneros porque muestran con más claridad la subjetividad desde donde se está narrando?

Yo no diría más honestos. Yo diría que con frecuencia los que hacen periodismo escrito consideran como una virtud el ser objetivos y no pienso que eso sea posible, pues traemos mucho bagaje cultural con nosotros. Si yo vivo en Estados Unidos, yo tengo ciertos prejuicios, los conozco, no puedo sacarlos de mi mente. Si yo estoy en un país musulmán también pensaré de cierta manera. Uno tiene que reconocer sus propios prejuicios y no decir: Oh, soy neutral. Ningún periodista americano te dirá que es neutral si va a Afganistán y comparte con soldados americanos. Ellos no dirán: estos son solo miembros de una nación que está peleando por aquí. Quizás compartan los mismos equipos de fútbol, conozcan a los mismos personajes televisivos... Eso no es ser neutral. No se puede serlo.

¿Y qué resulta del creer que sí se puede serlo?

A menudo, en el campo, en el Medio Oriente, estoy seguro de que el periodista estadounidense sabe exactamente lo que está sucediendo. Pero lo que escribe es diferente de lo que sabe. Cree que no puede interponer, en la historia, lo que realmente piensa. Sabe que a pesar de que siente que este lado es más amplio que el otro, dará el mismo tiempo a ambos lados. En el periodismo estadounidense, la idea, de alguna manera, se reduce a que siempre hay dos lados de la historia y la verdad reposa en el medio, y yo no creo en eso. Creo que... ¿quién sabe dónde está la verdad?, intentamos encontrarla. La verdad es decirle a alguien (así cómo tú y yo estamos hablando): «si tú quieres saber qué pasó en el Medio Oriente, yo estuve allí… Y quiero decirte también lo que pensé a partir de lo que vi». Tienes que confiar en el periodista en esa caminata. El periodismo estadounidense vacía todo tipo de análisis. Ahora, el periodismo de investigación es un poco diferente a eso, los periodistas están buscando algo [en particular], creo que son buenos en ese terreno. También hay un buen periodismo estadounidense.

Hoy, Joe Sacco no quiere narrar más historias que lo obliguen a dibujar una AK-47, quiere investigar otro tipo de violencia, una que no incluya balas, pero sin dejar de buscar su mismo tipo de entrevistados. Sobre ellos, los personajes con los que ha hablado para hacer sus reportajes, cuenta que suele enviarles sus libros ya publicados o llevárselos personalmente.

¿Y cómo te sientes cuando vuelves a verlos?

¿Cómo me siento? Esa es la parte más importante. Que alguien del lugar diga que se puede reconocer a sí mismo o una situación suya en mis dibujos. Eso significa mucho más para mí que una buena crítica. Las críticas especializadas ayudan a vender libros, pero lo otro significa más para mí.

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