Gian Marco

“Soy un hombre felizmente cursi. Bendita sea la cursilería”.

Entrevista a Gian Marco Zignago.

Renzo Gómez

Domingo, 15 de Octubre del 2017

Mediados de 2007. Cruce de Angamos con República de Panamá, en Surquillo, distrito de peligrosa y celebrada bravura. Sobre una pared de ladrillos, una niña diminuta sostiene un violín con elegancia. Lo que debería ser una afición temprana para pulir en una escuela de música es, por el contrario, una desesperada medida para llevarse algo a la boca en la escuela de la calle. Gianmarco la contempla desde su auto. Semanas después, en el mismo cruce, verá a un anciano ciego e inválido cargando un violín. Probablemente sea el mismo. Y probablemente sea su abuelo. La escena lo impactó a tal punto que escribió un relato corto, que estuvo cerca de integrar La madera del alma (Planeta, 2007), su primer libro.Diez años después, el cantautor nacional se encuentra en Lima, recién llegado de Los Ángeles, donde vive desde hace cuatro años, para presentar la cosecha: El violín de Rocío (Planeta), su primera novela que estará en librerías desde mañana.

¿Te sientes un intruso en la literatura?

No, porque de alguna manera escribo. Soy un contador de historias pero en canciones. Ahora he tenido que extenderme cuando estoy acostumbrado a sintetizar. No he estudiado literatura, pero lo he hecho con mucho respeto. Hace una semana decía: No quiero sacar nada. Cancelen todo. He estado muy nervioso.

¿Y qué te dio tranquilidad?

El empujón de Sergio Vilela, Víctor Ruiz, María Fernanda Castillo (editores de Planeta), quienes me dijeron: Oye, continúa. Esto no está mal. Es como cuando grabé el disco de música criolla (Señora, cuénteme, 1996). Me sentía como un intruso para el purista, el criollo nato, los Cavagnaros, los Escajadillos, pero tenía el derecho de cantar música de mi tierra. Me he metido en un terreno en el que puedo salir airoso o no.

¿Eres consciente del riesgo?

Por supuesto. El público siempre tiene la última palabra. Yo puedo grabar un disco con la Sinfónica de Londres, pero si al público no le gusta, no le gusta pues. Mucha gente al leerlo dirá: Qué mostro. Pero también habrá gente que lee tres o cuatro libros al mes que dirá: No hay forma que lea esto. Pueden pasar muchas cosas. Lo que sí sé es que es un libro en el que me he involucrado.

Esta historia entre un muchacho con conflictos y una niña ciega que lo calma con su violín reflexiona sobre el tiempo. ¿Ha tenido mucho que ver lo que te sucedió hace diez años cuando te encontraron pólipos en la vesícula y te pusiste muy mal (bajó 18 kilos)?

Sí, mucho. El tiempo ha sido mi gran aliado y mi gran enemigo. Uno le pone tiempo a las cosas como si se te acabara la vida. El tiempo lo tenemos en la muñeca, en el celular. La vida nos urge. Y la verdad, hay tiempo para todo. Soy papá de tres hijos, tengo una esposa desde hace 23 años, tengo giras, proyectos, y cumplo con todo. El tiempo es mi familia. Incluso mi carrera la adapté a ellos.

¿A qué renunciaste?

A muchas cosas que la gente no podría ni creer. Muchísimas. Entre ellas, trabajar con Emilio Estefan, regresar al Perú y abrir una escuela de música (UPC). Pero no me arrepiento, porque hasta el día de hoy sigo haciendo cosas que me satisfacen.

Otro tema de El violín de Rocío es la paternidad como una condición que debe ganarse a diario, con hechos y detalles...

He tenido la suerte de haber vivido en muchas casas con diferentes familias. Mi madre se casó en tres oportunidades, mi padre también. Tal vez no provenga de un núcleo sólido, porque mis padres se divorciaron cuando tenía cuatro años, pero cada familia me dio algo. Creo firmemente en que el cariño no se adopta ni se presta, nace.

Darío, el personaje central de la novela decide enfrentar una verdad dolorosa en una edad complicada. ¿Cuál ha sido la verdad más fuerte que te ha tocado enfrentar?

La muerte de mi padre. Ocurrió en el mejor momento de mi carrera, en el año 93. Canción de amor estaba en el pico de la popularidad, y mi viejo se me murió. Afronté cosas terribles. Mi padre se quedó parapléjico un 17 de agosto de 1992, el día de mi cumpleaños. Fue un cáncer óseo letal. Tenía que buscarlo en su departamento para ir a Neoplásicas. Cargarlo de la cama a la silla, de la silla al ascensor, meterlo en el carro, y hacer cola. Y supuestamente me iba increíble.

Has contado que antes de lanzar Domitila tu padre te preguntó: ¿Quieres hacer música de segmento o música para todo el mundo?

Así es (risas). ¿Quieres cantarle a un grupito de gente o a tu país? Ese fue su highlight. Me hizo pensar. Yo venía de la canción pensante, con contenido metafórico filosófico. Me abrió los ojos.

Vinculándolo con el libro, ¿es apto para todos?

No creo que sea un libro para niños en todo caso. Tiene escenas fuertes, como el papá borracho que llega a casa. Desde el inicio te pongo el tacle en la cara.

Es una novela sobre el perdón también. Un perdón que a los peruanos nos divide como sociedad.

Creo que nosotros nos olvidamos rápidamente de las cosas, porque preferimos no hacernos daño. Somos un país de contrastes fuertes. Desigualdad. Minería ilegal. Crecimiento macroeconómico. Hace poco en un concierto en Chile un peruano con la camiseta de la selección me gritó: Cántale al Perú, cántate algo peruano. Me puse a pensar en su añoranza, pero también en que de nada nos sirve ponernos una camiseta o un sombrerito si no cuidamos al país. El Perú no es un cosmético.

¿Es un falso orgullo la Marca Perú?

Es extraordinaria la Marca Perú, lo mejor que nos pudo pasar. Nos reconocimos como peruanos. ¿Pero si no nos respetamos de qué vale? Podemos amar mucho más a nuestro país diciendo que tenemos el mejor cebiche del mundo, y que tenemos el mejor pisco. El Perú no es solo el Amazonas y Machu Picchu. El Perú es convivir en una sociedad donde nos estamos agarrando a patadas.

¿Por qué si lanzaste un disco para los damnificados de los huaicos, donaste un concierto para los del terremoto de 2007, y has homenajeado a nuestra música, ¿un grupo de la población en redes duda de tu peruanidad?

Porque hay que quejarse de algo. Las redes sociales son un tema aparte. Estamos en el mismo saco. El hecho de ser artista ha hecho que me idealicen. Además no vivo en el Perú. Pero ya lo tengo asumido. Ya no me hace daño. Antes sí. Yo soy muy honesto. A veces brutalmente honesto. Y eso me trae problemas.

Ahora te has vuelto más diplomático en las redes...

Sí, las redes sociales han sido la mejor manera de conocerme. A veces quiero agarrar a todos a patadas y me provoca decirle (a cada uno): ¿Dónde vives para devolverte? A veces me desespero. Todos somos poetas, fotógrafos, opinólogos. Es la libertad de Internet, y hay que cuidarse.

Llevas un chaleco antibalas...

Ahora leo y automáticamente bloqueo. En el Twitter, Facebook e Instagram también si hay algún comentario que no vale la pena.

Pero es muy poco tolerante, ¿no crees?

Es como cuando llegan a tu casa y tiran basura. Si vienes a mi casa a tirar basura te boto pues. No vas a venir a mi casa a ensuciarla. Te elimino.

Cuentas que tuviste maestros involuntarios en la música, en el Canta Rana de Barranco, como Andrés Soto o Chaqueta Piaggio, ¿quiénes lo han sido en la escritura?

El último libro grande que leí fue La sombra del viento de Zafón (Carlos Ruiz). Me pareció extraordinario, pero fue una narrativa muy compleja para mí. Además debo confesar que aunque escribo canciones mis libros son la música. No soy un gran lector. Mi hija Abril (12 años) lee más que yo. Lee dos libros al mes. Yo no soy de esas personas. Lo debo reconocer.

¿No eres consciente de que para escribir hay que leer?

No lo sé. Soy un músico empírico. No estudié para escribir canciones. Nació conmigo. Lo descubrí. No cantaba como canto ahora. Cantaba como un becerro, pero fui educándome en el oficio. Descubrí que no podía perder el ritmo a la hora de escribir algo más extenso. Y el ritmo en la música es vital. Eso me llevó a escribir la novela.

¿Entonces?

Creo que hay algo que leer sí, por un tema de vocabulario, de conocimiento. Es maravilloso leer, pero no creo que necesariamente quienes quieran volcar una cantidad de sentimientos en un papel...Profesionalmente es distinto. Si te vas a profesionalizar es otro tema.

¿No buscas profesionalizarte, entonces? ¿Cuáles son tus aspiraciones con la literatura?

Esta novela es una prueba. Es lo mismo que me pasó cuando me trepé a la barra del Canta Rana sin micrófono ante setenta borrachos y me dijeron: Mantén la atención de esa gente en tu voz. No quiero decir que vaya a ser un narrador que aspire al Nobel. Pero, caramba, qué interesante ha sido este ejercicio. Lo logré. Sé también que el beneficio de tener 14 discos y una carrera en la música me ha permitido tocar esta puerta y decir: Oye, ¿puedo entrar un segundo?

¿Lees a Cueto (Alonso) y a Watanabe (José), ¿no?

Cueto y Watanabe me gustan, pero Basadre (Jorge) ha sido mi debilidad. Si realmente quieres conocer un poco más de lo que nos espera o de dónde venimos o qué vamos a hacer, Basadre es un mapa interesante. Basadre ha tenido una gran influencia en mi forma de pensar respecto a la sociedad.

¿Consideras que El violín de Rocío es cursi?

El libro habla sobre el amor y el amor es cursi. Quien no lo quiera aceptar que se vista como quiera. Hay gente que ve el amor como una melcocha, y comerse un caramelo de vez en cuando es rico. Hasta el personaje más duro de esta tierra se enamora. Bendita sea la cursilería.

¿Eres un hombre felizmente cursi?

Totalmente. Me encanta ser cursi. Vivo intensamente. No me guardo nada. Y lo más lindo de todo: ser papá de tres. Una jovencita independiente de 22 años (Nicole), un chico de 14 que ya me pasó (Fabián), y una niña de 12. Debo trazarles el mapa. Uno es un mapa para ellos finalmente.

Cuando empezaste en la música dijiste que te sentías como una pluma en un huracán. ¿En qué momento de la vida te coge la escritura?

Ahora soy el huracán (risas). Tengo 47 años. No me puedo quejar. He hecho mi carrera de una manera ordenada.El tiempo me permitirá que cuando la gente voltee a verme, más allá de lo que puedan opinar de mí, puedan decir: Coño, este no para. Y es lo que he hecho. No he parado nunca. Me sigue impresionando ver a chicas de quince años cantando mis canciones en mis conciertos.

"No seré un narrador que aspire al Nobel. Pero, caramba, qué interesante ha sido este ejercicio. Sé también que mi carrera me ha permitido tocar esta puerta”.

“Mis libros son la música. No soy un gran lector. Mi hija Abril (12 años) lee más que yo. Lee dos libros al mes. Yo no soy de esas personas. Lo debo reconocer”.

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