Michel Azcueta

“Ahora no tenemos líderes de izquierda de peso”

Entrevista a Michel Azcueta. Exalcalde de Villa El Salvador. Director de la Escuela Mayor de Gestión Municipal.

Maritza Espinoza

Domingo, 17 de Septiembre del 2017

Como alcalde del entonces naciente distrito de Villa El Salvador, el izquierdista Michel Azcueta se enfrentó -junto con María Elena Moyano y otros líderes locales- al ensañamiento de Sendero Luminoso. Ahora, justo al cumplirse un cuarto de siglo de la captura de Abimael Guzmán, y cuando muchos terroristas salen de la cárcel tras cumplir sus penas, fuimos donde él para que nos cuente el significado de una lucha que pocos comprendieron: la de un pueblo que se construyó solo contra la crueldad de un movimiento sanguinario y la indiferencia de un Estado que les dio la espalda. En la modesta pero acogedora casa que construyó cuando todo eso era un arenal, Azcueta dio rienda suelta a sus recuerdos.

Se cumplió un cuarto de siglo de la captura de Abimael Guzmán y casi coincidió con la salida de Maritza Garrido Lecca, ¿qué reflexión le suscita?

Primero, que parte de la democracia ha estado funcionando. Y luego, y lo digo desde los ochenta, que nosotros somos superiores a los terroristas, porque creemos y defendemos la vida y el estado de derecho. Y ellos se aprovechan, incluyendo al Movadef. Pero creo que se ha cumplido. Abimael sigue en la cárcel. La señora ha salido, pero, bueno, porque ha cumplido 25 años, que tampoco es poco.

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Se habla mucho de que a Sendero sólo se le derrotó en términos militares, no ideológicos ni políticos…

Yo creo que también hay un nivel alto de derrota ideológica y política. Y hay que recordar que Sendero Luminoso siempre ha sido un grupo fundamentalista, que endiosa a su líder. Yo recuerdo que ese famoso 12 de setiembre, que capturaron a Abimael, en una de las entrevistas que me hicieron ustedes, yo dije: ha sido un golpe duro a la cabeza y a los pies. Y así fue. Lógico, luego nos inventamos esa palabrita de “los remanentes”, pero lo que tenemos que pensar es que somos millones y, de verdad, ellos son muy poca gente...

Pero hay todavía un tema ideológico no neutralizado y el Movadef es la cara visible...

Claro, pero yo no creo que vaya a tener un éxito mayor. Lo que pasa es que depende de nosotros. Y yo soy profesor. Y si hablas uno por uno con los profesores, el 98% rechaza la violencia y el terror, pero hay también en nuestra sociedad mucho oportunismo. Yo podría contar muchas cosas de ese oportunismo, en la época de Sendero, en Villa El Salvador. Por ejemplo, cuando se decía que Sendero ya controlaba el Parque Industrial y no era cierto.

Entonces se decía que estaba infiltrado en todos lados…

Yo creo que no. El terror hay que vivirlo. A nosotros nos odiaban, pero nuestra táctica principal era justamente quitarle el miedo a la gente. Y más en una comunidad como Villa El Salvador, que vivía de las reuniones, de las Cuaves, de las Fepomuves, del mercado, del Parque Industrial. Con toque de queda, con coche bomba, con apagones, ¿quién no iba a tener miedo? Es el terror. Por eso los llamamos terroristas. La metodología de Sendero es el terror y no sólo la violencia.

Ahora hay todo un debate de si el Movadef, la cara ideológica de Sendero, debería o no participar en política. ¿En qué lado estás tú?

No. Si no renuncian absolutamente a la violencia, yo creo que se les debe seguir prohibiendo. ¿Con qué derecho? En un estado de democracia como el nuestro, donde defendemos el diálogo y la participación, gente como esa no tiene que estar. Ahora, si renuncian públicamente...

¿Quién debería hacerlo?

Sobre todo, los que están afuera. Y los que están saliendo de la cárcel es lo primerito que deberían decir: bueno, hemos pagado y nos damos cuenta que por ahí no va el camino. Pero ellos no quieren insertarse en la sociedad. Un sector, por lo menos. ¿Cuál es el problema? Que tenemos una democracia débil y una sociedad que tiene casi cuatro presidentes cuestionados. Entonces, ¿qué modelo estamos dando para que se inserten? Necesitamos fortalecer la sociedad democrática con valores y demostrarlo en la práctica.

¿Cómo ves la reacción de los medios y, en general, de la gente, frente a la salida de los terroristas?

Yo no lo hubiera hecho, ah. Sé que no se puede prohibir, pero yo creo que ha estado mal que la prensa y los medios le hayan dado tanta importancia. Para mí, y yo en alguna medida lo he hecho desde siempre acá, como alcalde o como dirigente, hay que despreciar. Y despreciar era que esta señora, que no digo su nombre, hubiera caminado un kilómetro sola por el arenal de Ancón. ¡Sin un reflector!

Hay un tópico que se repite mucho desde la derecha y es que la izquierda le hizo el juego a Sendero, y usted fue un izquierdista que los confrontó...

Créeme que no sólo yo. Y eso es justamente la campaña. Por ejemplo, cuando sacas ahora una bandera con la hoz y el martillo ya te llaman terrorista, pero la hoz y el martillo es casi como la luna para los árabes o la cruz -y yo soy cristiano- para los cristianos. O el propio hecho de que ellos se llamen comunistas, socialistas o que, inclusive, digan que defienden al pueblo y buscan el cambio, que es lo que también decimos todos nosotros: buscar otro tipo de modelo de sociedad, defender el desarrollo con igualdad. Entonces, ¿quién ha salido perjudicado con Sendero Luminoso? La izquierda en el Perú. Y desde el primer día un grupo de nosotros dijimos: esta gente no es de izquierda, esta gente no es guerrillera, esta gente no es del pueblo.

¿Pero todos deslindaron o hubo un sector de la izquierda que no?

No. Hubo un sector muy grande que se demoró mucho en deslindar y, hay que decirlo, gente a la que los que estábamos ahí los recordamos como la famosa “trenza” (teoría que elaboró Ricardo Letts), o que decían que eran “compañeros desviados”, frasecita con la que nosotros estuvimos en contra y por eso también nos odiaban. Y, ahora, cuando hablan del atraso y todo eso, dicen “la izquierda tiene la culpa” ¡Por favor!

¿Por qué particularmente la experiencia de Villa El Salvador fue perseguida por Sendero Luminoso?

Para mí es muy claro. Porque Sendero, en su ideología, y por eso decimos que no son del pueblo, habla de agudizar las contradicciones. Para eso, les interesa que el pueblo sea más pobre. Y Villa El Salvador era el Parque Industrial. La velocidad de desarrollo aquí ha sido superior a la de cualquier otro pueblo joven. Eso, o sea tener una experiencia de éxito popular, no lo podían permitir. Y, en el momento en que quisieron entrar a Lima, a la zona urbana, pusieron el ojo en Villa El Salvador y lo pasamos muy mal. Y debo decirlo: estábamos muy solos. Hasta aislados, porque había gente que ni un café quería tomar con nosotros.

Y después de todo este tiempo, ¿cómo ve a la izquierda peruana en este momento?

Yo sigo asistiendo a las reuniones. Y cuando pido la palabra siempre digo: miren, somos pocos, estamos divididos y nos han derrotado por ahora. Pero nadie me hace caso. Y yo veo cada quince días otra nueva división. Y no solamente división, sino que nos hacemos daño entre nosotros. Y es muy triste, porque hay una falta de liderazgo.

Cuando el éxito, relativo, de Verónika Mendoza y el Frente amplio, muchos recordaron a Izquierda Unida. ¿Qué diferencias hay entre los dos procesos?

Bueno, por lo menos dos. Uno, que Izquierda Unida, realmente, era una alianza entre organizaciones políticas más fuertes y no de personas. Eran ocho o nueve partidos realmente fuertes. Digo, para como estamos ahora. Además, todos venían de quince o veinte años de trabajo campesino, obrero, sindical, en los pueblos jóvenes, en la cultura. Y, dos, los líderes. Ahora no tenemos líderes de izquierda de peso, no hay fuerza detrás de nadie. Y no quiero decirte nombres, pero creo que todo el mundo lo está entendiendo. Tú mira a los que aparecen del Frente Amplio, Verónika y esos, no hay nada detrás. Absolutamente nada. Y, además, en cuanto intentan algo, se dividen.

¿Has pensado alguna vez, si María Elena Moyano estuviera viva, en cuál de las muchas izquierdas estaría militando?

Muchísimas veces. Para mí, el día más triste de mi vida sigue siendo el de su asesinato. Y la recordamos muchísimo. Estuvimos muchos años juntos. Hablábamos, durante esos años difíciles, todos los días. Como ya no dormíamos acá, por las amenazas, nos reuníamos, nos íbamos a Lima a dormir.

Ella era del PUM, ¿verdad?

Del Mas. Un pequeño grupo, dentro de la izquierda, con Henry Pease, Rolando Ames. Y yo creo que María Elena ya estaba siendo una líder de nivel metropolitano y nacional. Recuerdo los años del cólera, en el verano del 90, y ella jugó ahí un papel importantísimo a nivel nacional, luchando y dando el ejemplo contra la epidemia. Tenía una presencia cada vez mayor y creo que por eso también la mataron. Lo más normal es pensar que hubiera sido alcaldesa de Villa El Salvador. Ya era teniente alcaldesa.

¿Hubiera dudado ella en calificar de dictadura al gobierno venezolano?

Claro que no. Y lo mismo yo. Hablando de las diferencias, cuando dimos el paso, hubo otro paso ideológico y político, y es que nosotros, al aceptar participar en elecciones, actuamos en contra de la teoría del partido único, que forma parte de la historia del comunismo, sobre todo del soviético, y cubano, y venezolano en la práctica.

Los dos momentos de mayor éxito electoral de la izquierda han sido en la alcadía de Lima, uno con Alfonso Barrantes y otro con Susana Villarán. ¿Por qué el primero fue exitoso y el segundo no?

Por lo que acabo de decir: porque detrás de Susana no había nada. Detrás de Alfonso había todo un equipo. No estaba solo. IU ganó en la mayoría de distritos, entre ellos Villa el Salvador. Y éramos un equipo. Y lo primero que le dije a Susana cuando ganó -yo no participaba- es: vamos a formar el equipo metropolitano, de Lima y los demás distritos. Y no quisieron. Es que no había nada. Y ahora es un poquito triste lo que está pasando.

¿Se refiere al tema Odebrecht?

Bueno a las críticas que están saliendo. O a una investigación que espero que termine en nada. Puede tal vez haber habido un error, pero yo no creo que Susana haya robado nada. Y ese es el punto central: detrás de ella no había nada: no hay partido, no hay organización y los técnicos que la apoyaban cada uno está por su lado. Ese es el error principal.

Ahora se le ve alejado del quehacer político…

No. Primero que tengo la suerte de ser el que dirige la Escuela mayor de gestión municipal, estoy en provincias. Participo en todas las reuniones a las que me invitan. Hago lo que puedo, pero no dejo la política ni mucho menos. Lo que sí creo, por mí más que por ellos, que contribuyo más de lo local.

¿Y a las reuniones de cuál izquierda está asistiendo ahora?

Asisto a reuniones a las que me invitan, sobre todo de las bases. Pero uno va a las reuniones y se nota que no hay mucho detrás. Y tenemos que construir. Pero cuando digo las cosas no me hacen caso a nada. Cuando digo que somos pocos, dice que somos millones de votos y que no significa nada. Y, bueno, significa un momento, especialmente del Frente Amplio, con Verónika. Cuando digo que estamos divididos, cada uno dice que es el mejor del planeta. Y cuando digo que, por ahora, nos han derrotado, ellos dicen que no.

Usted, personalmente, llamó a votar por PPK. ¿Cómo ve su gobierno ahora, que ha pasado un año?

Bueno, sí pues, forma parte de la debilidad que todos tenemos y aceptamos. No solamente se votó por PPK. Se votó por Ollanta también. O por Toledo en su momento. Sí, son riesgos de la democracia. Y la democracia a veces es una especie de ruleta, que no sabes si va a caer en el número que tú quieres. Lo que acabo de decir ocurre igualito con PPK y con otros más: no tiene nada detrás. Y así no se construye un país. Y, luego, lo digo con la sinceridad de siempre, que se rodea con el grupito que conoce. Para gobernar un país, se necesita por lo menos veinte mil funcionarios de nivel medio y alto. Él se encontró con la victoria y se fía sólo de su equipo económico y se rodea de un círculo muy pequeño.

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