Jacqueline Fowks

“Hoy los mayores desinformadores del Perú son Felipe Mantequillas, Diario Exitosa y Basombrío”

Jacqueline Fowks. Periodista.

Gabriela Wiener

Domingo, 3 de Septiembre del 2017

“Soy reportera, así que mi prioridad y esfuerzo están en dar cuenta de hechos y procesos, en hacerlos comprensibles para un público que no tiene familiaridad con el Perú”, dice Jacqueline Fowks, conocida por sus artículos sobre nuestra actualidad patria en el diario El País de España. Una reportera que es mucho más que eso. Periodista, editora e investigadora, formó parte del equipo fundador de IDL-Reporteros, unidad de periodismo de investigación dirigida por Gustavo Gorriti. En 2015 fue vicepresidenta de la Asociación Peruana de Prensa Extranjera (APEP) y ha publicado Chichapolitik: la pren­sa con Fujimori en las elecciones generales 2000 en el Perú (2015) y editado Prensa ex­tranjera en el Perú: 50 años de histo­rias (2016). Ahora se mete con ese término tan de moda, tan de la era Trump y la histeria en las redes: la dichosa posverdad y la pregunta que resuena como un eco lejano en plena orgía informativa: ¿En qué podemos creer? Su libro, Mecanismos de la posverdad, intenta dar respuestas.

¿No te parece que nosotros vivimos en la posverdad por lo menos hace 30 años?

No. El momento de mayor manipulación de información que hemos vivido en el Perú ocurrió entre 1997 y 2000, y en ese momento la acumulación de los mensajes a favor de la segunda vuelta de la reelección de Alberto Fujimori se daban porque el Servicio de Inteligencia Nacional (el Gobierno) había comprado con dólares la línea editorial de casi todos los medios. Es muy diferente ahora, por ejemplo, la difusión masiva de mensajes de ‘Con mis hijos no te metas’: esta tiene un motor emocional, de sentimientos, y sus ‘valores morales’. Los promotores de ese lema y campaña no necesariamente compran las opiniones con soles o con tapers a quienes salen a marchar con sus carteles rosados y celestes. Esos sentimientos de temor a que van a ‘homosexualizar’ a sus hijos parecen existir y ese temor ‘nuclea’ a un grupo fuertemente contra otro. Donald Trump tampoco compró monetariamente a sus seguidores que creen –como él– que no hay cambio climático o que los migrantes llegan a robarles oportunidades laborales.

¿Qué podemos creer y qué podemos saber en tiempos de posverdad?

El formato de esta entrevista no permite responder bien esta pregunta. Solo diré que hay que vivir con escepticismo y con afán de verificar la abundancia de contenidos con los que estamos en contacto, especialmente los que proceden de las redes o medios sociales. ¿En qué podemos creer? Me copiaré de una expresión que le escuché al crítico literario Julio Ortega recientemente cuando comentó una antología de nuevo relato mexicano: la ética de los afectos.

¿Fue el fujimorismo y la prensa chicha nuestra más grande experiencia con la posverdad o fue con la mentira pura y dura? Y en esa línea, ¿cuánto de ese mal germen se mantiene en el relato que nos quiere contar el nuevo/viejo fujimorismo?

La prensa chicha creada por el fujimorismo –desviando fondos públicos– fue un caso masivo de desinformación, manipulación y distorsión de la realidad, pero no incluía ese elemento emocional tan fuerte que tiene la posverdad: circunstancia en que la opinión pública se forma con más elementos de emoción que con lo comprobable a la vista. El fujimorismo practica la manipulación y la distorsión desde los años 90, son decanos en ese ejercicio: las redes sociales les son muy útiles.

¿Siguen siendo fenómenos –aunque de terminología ochentera– como el sensacionalismo o las “cortinas de humo” armas políticas para ciertos sectores en el poder de perfiles no muy democráticos? ¿Qué ejemplos podrías darme de cómo esto se mantiene y/o se ha transformado?

Sí: son prácticas políticas comunes. Esta semana ha circulado un video que supuestamente muestra la trayectoria de los miembros del equipo de la ministra Martens. Es un mensaje bastante agraviante, usa como música de fondo una canción infantil sobre un burro y es de gran simpleza, simplificación y difamación. A quien no tiene formación en educación, le critica que por qué es sociólogo; a quien tiene formación en educación, le reclama por qué no tiene una maestría o doctorado. En el caso de una viceministra pregunta: “¿Alguien que nunca tuvo un hijo podrá recomendar cómo criar un hijo?” Este es el tipo de mensajes que en los años 90 hubieran mencionado Laura Bozzo o Mónica Delta en sus programas.

En el reciente episodio de (auto) censura del LUM, ¿qué mecanismos de la posverdad se pusieron a funcionar?

Ninguno. Fue otra cuestión: simplemente el Ministro de Cultura cree, como el resto del gabinete, que no hay que importunar al fujimorismo recordando los delitos y las atrocidades de ese Gobierno. Consideran que no hay que incomodar a la oposición para que no siga ahogando la gestión del presidente Kuczynski. Infelizmente están en un error.

El “terruco” lleva ya un tiempo posicionado entre nosotros como la etiqueta que desligimita todo. Verónika Mendoza la ha recibido. ¿Hasta cuándo va a seguir esta instrumentalización del término? ¿Qué haría falta para que dejara de ser tan útil para los unos y tan nocivo para los otros?

Mendoza lo sufrió en campaña, pero hay otros ciudadanos de a pie a quienes también les han colocado esa calificación injustamente. Lo hizo por ejemplo el diario Perú.21 al difundir una historieta sobre el caso Barrios Altos y afirmar que los heladeros asesinados por el grupo Colina eran senderistas. El medio rectificó tardíamente en una pequeña columna y esa historieta se ha quedado en miles de casas con una mentira impresa.

¿Quiénes dirías que son los mayores desinformadores del momento en el Perú?

Felipe Mantequillas y Diario Exitosa son los más famosos en el último mes en esa función. Pero van variando con el tiempo.También habría que mencionar al ministro Carlos Basombrío que ha usado su visibilidad y el aparato estatal para imponer el estigma de terroristas a los maestros en huelga, aunque luego ha intentado matizar sus declaraciones iniciales y las del viceministro Valdez.

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