The disaster artist

14 Ene 2018 | 6:00 h

Puntuación: ★★★★

Es innecesario presentar a James Franco (California, 1978) en su condición de actor, que supera largamente un centenar de roles para cine y TV. Interesa, sí, destacar que este graduado en lengua inglesa por la UCLA cuenta con otras dos maestrías en escritura creativa por Stanford y Harvard (ha publicado dos libros de relatos) y una tercera en dirección por la U. de Nueva York.

Es en su condición de director que resulta más difícil seguir la carrera de Franco, que acumula títulos desde el 2005 a razón de dos o tres al año y cuenta, solo en largos de ficción, 17 trabajos terminados, tres de ellos para este año, cuando cumplirá 40. Tan frenético ritmo acaba por derrotar al cinéfilo más terco, y nada se diga desde Lima, donde solo se ha estrenado Muerte silenciosa (2013), su versión de Mientras agonizo de Faulkner.

Entre la decena de filmes que le conocemos hay biopics (Sal Mineo, 2011; Bukowski; 2013), adaptaciones literarias de Cormac McCarthy y Faulkner (Hijo de Dios, 2013; El sonido y la furia, 2014), comedias (El mono, 2005) y dramas (El instituto, 2017). También un intento de reconstruir las escenas cortadas de Cruising (William Friedkin, 1980), que tituló Interior. Leather Bar (2013), y que sería el antecedente de The disaster artist.

Pues hay que decir que su ya antepenúltimo opus tiene como base The room (2003), la mítica y única película que rodó Tommy Wiseau (Poznan, Polonia, 1959), considerada tan mala que se ha convertido en filme de culto. Al punto que su actor coprotagonista, Greg Sestero (San Francisco, 1978), le ha dedicado un libro (2013) que se convirtió en best-seller. Franco y su socio y amigo, el actor Seth Rogen, compraron los derechos para llevarlo al cine.

Por cierto que en materia de bodrios Wiseau cuenta con la competencia del entrañable Ed Wood, cuya labor llevó al cine Tim Burton en un memorable biopic (1994) con el actor Johnny Depp. Wood nos dejó no uno, sino un puñado de bodrios que portan su marca. Pero The room, guardando todas las distancias, es un ejemplo insuperable de inicios del siglo XXI.

LA HISTORIA

Estamos a mediados de los 90 y Tommy Wiseau (James Franco) y Greg Sestero (Dave Franco) se conocen en una academia de actuación. Greg queda impresionado por la estridente copia que Wiseau hace de Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo (Elia Kazan, 1951) y, tras una visita al lugar donde murió James Dean, se juran amistad eterna y acuerdan partir a Hollywood –donde Wiseau tiene un flat– a intentar suerte como actores.

Pasan cinco años y Sestero, cuyo físico se acomoda a los cánones de Hollywood, obtiene pequeños roles. No así Wiseau, quien luego de un fallido intento ante un productor que lo rechaza (Judd Apatow), se convence de que nunca lo logrará. Entonces decide escribir un guion y producir, protagonizar y dirigir una película con Sestero en un rol destacado.

Lo esencial de The disaster artist es una reconstrucción de parte del rodaje de The room en 2001, cuyos US$ seis millones de presupuesto siguen en el misterio hasta hoy (Wiseau afirma que lo apoyó una asociación de donantes; el equipo especula que recurrió a alguna organización nada santa). Dos años después, Wiseau pagó el estreno en Los Angeles, alquiló la sala y mantuvo la película en cartel por dos semanas, lo que dio una taquilla de US$ 1,800.

El estreno fue un fracaso si tomamos en cuenta que el guion narraba una historia dramática que era una especie de sub Tennessee Williams. Pero la enorme cantidad de errores cargaron a la película de tal cuota de humor involuntario que triunfó como comedia. En los siguientes años fue plato fijo de medianoche y favorita del público, generando un culto que sigue hasta hoy y que el éxito del filme de James Franco robustece.

PUESTA EN ESCENA

La cinta se inicia con una serie de entrevistas en presente a fanáticos de The room, uno de los cuales afirma –no carente de lógica– que ningún profesional hubiera podido rodarla, pues ni aun queriéndolo hubiera podido incurrir en tan garrafales errores.

Luego se abre un gran flashback hacia el pasado, cubriendo los inicios del bromance entre Tommy y Greg, y avanzando en una estructura de pequeños capítulos, sumamente útil para otorgar una apariencia de orden al total caos que fue el rodaje, marcado por la inexperiencia y terquedad de Wiseau, que alargaron los 40 días previstos casi al doble.

La puesta en escena tiene como centro una actuación formidable de James Franco, quien diseña un personaje cargado de facetas, gracioso, complicado y a la vez con una vertiente infantil y vengativa. Franco parodia las excentricidades de Wiseau (sus andares, risa y peculiar pronunciación, además de su enmarañada cabellera), pero lo trata con respeto. La diferencia de edad marca el contraste con el Greg de Dave Franco, que acepta a su amigo como una suerte de Svengali hasta que al final se rebela.

Por supuesto, buena parte de la puesta en escena reconstruye con talento y ritmo las infinitas demoras y torpezas del rodaje, la pugna entre el actor-realizador y el equipo técnico (con un Seth Rogen muy eficaz como exasperado supervisor de guion) ante las rarezas poco profesionales consideradas por Wiseau como genialidades (la historia de su famoso desnudo, que no detallaremos, una de ellas).

Se ha intentado comparar Ed Wood con The disaster artist, pero creemos que son dos cintas con acercamientos diferentes. Tim Burton trata de entender el universo y la persona de ese personaje entrañable, en tanto que James Franco toma el camino opuesto: profundiza el misterio en torno a Wiseau, diseñándolo a partir de una actuación desmedida, pero espléndida, que deja zonas de sombra y reposa en una gran soledad interior.

Pero un aspecto que hace que las cintas se parezcan es que ambas presentan el cine como maquinaria para fabricar ilusiones, tanto de quienes lo hacen como de quienes lo reciben como espectadores. Y para los dos sectores hay aquí una versión crítica del American Dream, cuyo éxito se logra no pocas veces por vías retorcidas. Por otro lado, lo mejor de The disaster artist consiste en su elogio de la amistad. No importa cuán distintos sean ni los años que los separen, Tommy y Greg superan sus diferencias y continúan trabajando juntos hasta hoy, con sus carreras relanzadas.

Es el mismo principio sobre el cual James Franco construye su interesante obra (y el número de apariciones amicales, de JJ Abrams a Judd Apatow, de Sharon Stone a Danny McBride, da cuenta de ello; hasta los originales Wiseau y Sestero figuran brevemente). Claro, The disaster artist es sin duda su mejor película, pero tal vez sea también, y no es afán de paradoja, aquella que permita que lo tomen en serio.

Una acotación. Los espectadores que aguarden los títulos de cola podrán ver una comparación entre los actores del original The room y los de James Franco. Pasados los títulos hay una última y divertida escena.

Dirección. James Franco.

Guion. Scott Neustadter, Michael H. Weber.

Fotografía. Brandon Trost.

Música. Dave Porter.

Reparto. James Franco, Dave Franco, Seth Rogen, Alison Brie, Zach Efron, Josh Hutcherson, Ary Graynor, Jackie Weaver

Premios. San Sebastián (Mejor película), Globo de Oro (mejor comedia).

Producción. EE.UU., 2017.

Duración. 104 minutos.

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