29 de Noviembre de 2007 | 1:30 h

Artistas de a pie

Tres personas que aprendieron, a través de los pinceles, a sacarle la vuelta a la adversidad. Desean que la gente compre la reproducción de sus obras. Piden ayuda, no caridad.

Tres personas que aprendieron, a través de los pinceles, a sacarle la vuelta a la adversidad. Desean que la gente compre la reproducción de sus obras. Piden ayuda, no caridad.

Por Consuelo Alonzo.
Fotos: Roberto Cáceres.

Al entrar a la pequeña sala del hogar de Félix saltan a la vista los enormes cuadros que ha pintado. También una desordenada mesa que alberga pinceles, su paleta y varias obras a punto de culminar. Esos lienzos lo acompañan hasta altas horas de la noche mientras su inspiración fluye en el aire, por las venas, en su instinto creador.

Lo que más destaca en esta pequeña sala es el espíritu de este hombre. Su grandeza de creador. El artista que dejó de lado la dura prueba que le puso la vida desde el primer momento que vio la luz y convirtió ese gusto por la pintura en arte. En su modo de vida.

Félix Espinoza, el maestro Espinoza, nació sin brazos hace más de media década. Pero desea que cuando observen sus obras no vean al "pobrecito, sino a un artista".

ARTISTA DEL PILCEL

Como una demostración que sí puede, que siempre pudo, sus labios sujetan rápidamente un pincel y simula pinceladas en el aire. "Mi limitación es una cosa y mi talento es otra", reflexiona, mientras recuerda que su impedimento físico jamás fue "impedimento" de nada.

Agradece a su madre el haberle enseñado que "no hay que amilanarse ante nada". Incluso ha tallado madera con esa misma boca y con un filudo formón. Ríe cuando recuerda que esa aventura le costó un diente y un paladar herido.

También ríe porque no sabe a ciencia cierta cuándo fue consciente de que su trabajo, su vocación, su vida, ya podía calificarse una obra de arte. Y ríe además cuando su pequeña Nicole, de cinco años, roba sus pinceles para plasmar en cartulinas sus propias creaciones.

Aunque este "obrero de su arte", como se llama a sí mismo, sabe que ser pintor no es rentable en un país como el nuestro, no deja quietos a sus pinceles. Sólo busca perfeccionar su estilo. Con seis premios sobre los hombros y más de cien exposiciones nacionales y en el extranjero, Espinoza es un hombre insatisfecho, pues, según asegura, "si estuviera satisfecho ya sería un hombre acabado".

Él es uno de los pocos artistas plásticos que pueden decir que vive de sus obras. Desde hace 15 años integra la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie (APBP), con sede en Suiza.

CON LA BOCA Y CON EL PIE

Esa institución internacional financia su desarrollo artístico y le permite ser el sostén de su familia. Pero para ello sus mejores obras pasaron por una rigurosa calificación, hoy incluso son reproducidas en tarjetas y calendarios.

Justamente en ese ínterin de evaluación se encuentra el también artista Alejandro Rivera (59). Él también desea que sus bodegones, autorretratos y paisajes sean considerados "obras de arte" (aunque ya lo son) para recibir un financiamiento.

Tiene miedo, porque su trabajo aún es adolescente. Hace apenas quince años que empuñó el primer pincel entre sus labios, pero sus lienzos lucen como los de un veterano.

Pero sus primeros trazos no fueron sencillos. Don Alejandro no tuvo oportunidad de asistir a una escuela de bellas artes. Aprendió la combinación de colores por correspondencia. Durante largos meses la visita del cartero era la más esperada en su casa de Condevilla.

Pero esperar no se le hizo difícil. Esperar fue algo que aprendió a fuerzas luego de que una artritis reumatoidea no atendida a tiempo le imposibilitó los brazos y las piernas de la peor forma. Era 1992. Afortunadamente no le minó el alma, ni su capacidad de crear y descubrir ese talento que tuvo oculto por décadas.

Hoy puede decir, con un tímido orgullo, que varias de sus obras ya han sido vendidas. "Trato de esforzarme más y más. Como miembro de la APBP en Lima he postulado a la sede principal para ser considerado integrante internacional, recibir financiamiento y ejercer mi habilidad", refiere, mientras pide sólo una oportunidad para salir adelante.

"TAMBIÉN PEÑIZCO"

A Inés Esteban Mallma (32) también le gusta la pintura y sueña con ser algún día como los grandes maestros del arte. Pero recién hace un mes sus ágiles dedos del pie tomaron un lápiz, no para escribir, sino para crear, para inspirarse en el lienzo.

"Nací con esa habilidad", asegura, mientras sin problema alguno y con la ayuda de su otro ágil pie se coloca la media.

–Qué ágiles son tus dedos, le decimos, impresionados.

–Sí… y también peñizco, nos contesta, siempre sonriente, mientras a través de sus ojos descubrimos una fortaleza inusual.

"(Los discapacitados) somos más fuertes, más valientes. (Por eso) queremos hacer muchas más cosas, estudiar, por ejemplo", asegura y sostiene que jamás le preguntó al cielo "¿por qué a mí?".

En la filosofía de Inés esa pregunta no cabe porque todos hemos sido bendecidos y no le falta razón.

Ella aún aprende el uso del lápiz. Ya puede, aunque todavía algo temerosa, realizar algunos trazos firmes sobre una cartulina que, poco a poco, se transforman en delicadas flores.

Antes no pudo estudiar un carrera por falta recursos y por eso –asegura– tiene dificultad para conseguir trabajo.

Pero su suerte ha cambiado. La APBP le paga los estudios de dibujo en el Museo de Arte y el gasto de los implementos. Ella quiere dejar de ser una carga para su mamá Rosenda y para su abuelita Inés.

Ella desea algún día vender sus obras o colocarlas en una gran exposición. Pero tal vez, en unos años, Inés deje de soñar, deje de ser simplemente Inés, para llamarla "maestra". "Todo es posible si se intenta", asevera Inés con la cabeza. Y no le falta la razón.

PRECISIÓN

OTROS ARTISTAS. Además de Félix, Alejandro e Inés, la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie (APBP) tiene como miembros a Marlon Bravo, quien es un destacado miembro por la calidad de sus trabajos y reside en el extranjero. En Cajamarca, la asociación también encontró a una jovencita con mucho talento en la pintura.

SEDES EN EL MUNDO. La APBP tiene 47 oficinas en todo el mundo y todas ellas buscan orientar a que los artistas con la boca y con el pie se conviertan en autosuficientes y se valgan por sí mismos. Una entidad de gran valor.


"No es caridad, es autofinanciarse"

La Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie (APBP) se fundó en Alemania en 1956, pero en el Perú recién tiene un año. Actualmente apenas cuenta con ocho miembros. Carlos Navarro Arias, director de la APBP, explica que el objetivo de esa asociación es ayudar a los artistas a vender sus obras para que así puedan vivir de su arte.

Los artistas muchas veces no pueden vender sus obras y difícilmente pueden vivir de su arte. Por eso en la APBP reproducimos sus obras en tarjetas, calendarios y lienzos para que la venta sea más rápida. Desde la sede central se les otorga un financiamiento mensual. "Esto no es caridad, es autofinanciamiento", aclara.

Quienes deseen adquirir las tarjetas, calendarios o láminas de las obras pueden comunicarse con la APBP a los siguientes teléfonos: 372-3154 o al 255-6227. También pueden escribir al apbp-peru@terra.com o acercarse a la Av. Primavera 120, oficina 204. Ya se hacen tarjetas navideñas.

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