11 de Abril de 2007 | 1:30 h

Pandolfi, el Niño 97-98 y el gobierno de Fujimori

Por Antonio Zapata.

Antonio Zapata.

El debate sobre la designación y remoción del ingeniero Alberto Pandolfi no ha incorporado una evaluación de su papel en el gobierno de Fujimori frente al evento climático de 1997-1998.

En primer lugar, con respecto a ese Niño hubo prevención desde agosto de 1997, meses antes que lleguen las lluvias. Esta capacidad para actuar antes del fenómeno fue lo más saltante de la acción gubernamental, a diferencia de todos los Niños anteriores. Se debe a los avances científicos en previsión climática a nivel internacional y en el Perú se tradujeron en el pronóstico temprano y acertado del SENAMHI sobre el Niño y su intensidad.

Durante la prevención, el gran operador fue Fujimori, quien exhibió su supuesta eficiencia, buscando incrementar su reputación para tentar el ilegal tercer mandato del año 2000. Pandolfi no fue una figura central en esta etapa. El 50% del gasto público fue ejecutado por el Ministerio de la Presidencia, que manejaba el ingeniero Hokama. Este dinero fue invertido con criterio centralista y provocó multitud de conflictos con los alcaldes, quienes conocían sus localidades mejor que los técnicos del MIPRE. Por ejemplo, el alcalde aprista de Trujillo, José Murgia, desarrolló un enfrentamiento constante con la orientación centralista del gobierno de Fujimori. Inclusive, puede interpretarse que en noviembre de 1998, el PAP fue reelecto en Trujillo gracias a su oposición al gobierno durante la emergencia del Niño.

Además, hubo mucha corrupción. El jefe del INDECI, general Homero Nureña, fue encarcelado, acusado de recibir sobornos y constituir empresas fantasmas que ganaran las obras. No obstante que era integrante de la promoción de Montesinos, fue el primer militar de alta graduación preso por delitos que en paralelo estaban cometiendo todos los otros integrantes de la cúpula militar.

También fue un gasto ineficiente. Orientado en forma exclusiva a la ingeniería, obvió la promoción a la empresa para adaptarse al nuevo escenario económico y, por supuesto, ignoró el tema social institucional, excepto como prebenda para reforzar la popularidad del presidente. En ese mismo sentido, se halla superposición del gasto. Muchas instituciones públicas participaban de las mismas actividades, sin un plan que las coordine, sino en abierta competencia por conseguir contratos.

Al terminar la prevención y la emergencia misma vino la reconstrucción. Ahí sí intervino Pandolfi como presidente de un importante Comité Intergubernamental. Pandolfi era ministro de Transportes, en cuyo sector se gastó el 55% del total destinado a la reconstrucción. La reparación de carreteras registró tal cantidad de problemas que recibió fuego cruzado. Por ejemplo, el presidente de CAPECO de entonces, José Ortiz, criticó abiertamente que las licitaciones favorecieran a las empresas extranjeras sobre el capital nacional.

Por último se ha argumentado que el gobierno aprista necesita cuadros técnicos y que no hay dónde hallarlos. En el tema del Niño ese argumento no es cierto. Tenemos cuatro instituciones públicas de buen nivel que siguen el clima y sus factores, pagadas por el mismo Estado, que podrían aportar experiencia técnica a la PCM. Ellas son: el SENAMHI, en cuya dirección además está presente la FAP. A continuación, el IGP, dirigido por el reputado ingeniero Ronald Woodman, hermano del jefe del IPD. Luego, el IMARPE, que preside el Comité Nacional del Niño y tuvo una destacada actuación en la protección de la biomasa durante el anterior fenómeno y, por último, una importante institución científica de la misma Marina de Guerra, la Dirección de Hidrografía. ¿Por qué no buscar un asesor en las instituciones del mismo Estado en esta materia? El problema es el vínculo con el fujimorismo, que perjudica en primer lugar al PAP, porque lo descoloca de su papel crítico y de oposición durante la autocracia, dificultando su ubicación en el centro del espectro político actual.

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