Verificador LR

Desde el 10 de abril, en Facebook circula un video en el que aparece exponiendo una mujer vestida con una bata blanca que se presenta como Viviana Lens, “médica especialista en geriatría”. En el clip aseguró, sin pruebas, que las vacunas —autorizadas para uso de emergencia contra la COVID-19— son terapias génicas tóxicas que están provocando “muchas lesiones, muchas discapacidades, incluso muchas muertes”.

Menciona el “informe Campra” como el primero que descubrió supuestamente el óxido de grafeno contenido en estas inyecciones. Sugiere que la pandemia de la COVID-19 es “una farsa” porque el Ministerio de Salud (en Argentina) dijo “que no existe ningún virus, no fue aislado, secuenciado, fotografiado”.

“Se valieron de una técnica PCR que no sirve (...) Entonces de qué estamos hablando de una enfermedad mortal al cual ustedes (a los médicos) formaron parte de este circo (...) nos cuidamos con este trapo (mascarilla) que no sirve, ya sabemos que es tóxico, que impide que ingrese el oxígeno y libera el dióxido de grafeno, que nos inmunodeprime”, dijo.

El material audiovisual, concentra más de 1.000 reproducciones en la red social. Sin embargo, difunde información falsa sobre las vacunas, las mascarillas, las PCR y el SARS-CoV-2.

Video viral. Foto: captura en Facebook.

Las vacunas contra COVID-19 no son terapias génicas. No contienen sustancias tóxicas que atenten contra la salud de personas.

En Verificador de La República hemos concluido en un artículo anterior que las vacunas con la plataforma de ARNm no son terapias génicas, entendiéndose como aquella “técnica experimental para tratar enfermedades mediante la alteración del material genético del paciente”.

Este término es comúnmente empleado en contra de este tipo de inyección, ya que, a diferencia de las otras, utiliza un ARNm, fabricado en laboratorio, para estimular la creación de una parte inocua de la proteína Spike.

Las vacunas de ARNm no modifican ni interactúan con el ADN humano, según información de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) y las declaraciones de Juan More Bayona, PhD en Inmunología comparada; y Enrique Cornejo Cisneros, máster en Ciencias con mención en Investigación Clínica. El ARNm creado no ingresa al núcleo celular —en el que se encuentra el ADN— y está diseñado para instrucciones específicas que al poco tiempo de haberse empleado se deshace.

Del mismo modo, un informe de fact-checking de EFE determinó también que las vacunas de COVID-19 (en general) no son terapias génicas ni son peligrosas “porque sus efectos son controlados para minimizar el riesgo de reacciones adversas”.

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Por otro lado, según la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades (ATSDR, por su sigla en inglés), el término “tóxico” está vinculado con “los efectos venenosos o mortales causados en el cuerpo por la inhalación (respirar), la ingestión (comer) o la absorción o el contacto directo con una sustancia química”.

Informa que la “toxicidad” depende de diferentes factores como “dosis, duración y ruta de exposición (ver el módulo dos), forma y estructura de la sustancia química misma y factores humanos individuales”.

Erika Castillo, PhD en Ciencias Médicas y fundadora de cienciagenérika, explicó para un artículo de verificación que “todos los ingredientes (de las vacunas) tienen un antecedente de bioseguridad”: “Se demuestra que no es tóxico y la efectividad tanto a nivel de laboratorio como en los ensayos clínicos (en humanos)”.

El 21 de agosto de 2020, en un video de Ciencia UNAM, un canal en YouTube avalada por la Universidad Nacional Autónoma de México ( UNAM), se señaló que “las vacunas no son tóxicas para tu salud”. Detalló que muchas de estas inyecciones contienen “compuestos químicos como el aluminio, formaldehído o timerosal”; sin embargo, estos se hallan “en pequeña proporción y no afectan a tu organismo; su cantidad es menor que la presente en alimentos o la que nuestro propio cuerpo produce”.

Seguridad de las vacunas. Foto: captura en web / CDC.

Por otro lado, en el último informe de los CDC del 20 de abril, se reiteró la seguridad y la efectividad de las vacunas de COVID-19: Pfizer-BioNTech, Moderna y Johnson & Johnson. Señaló que las personas inmunizadas han reportado efectos secundarios comunes, que al poco de los días desaparecen.

No obstante, indicó que también “en casos raros, las personas han experimentado problemas de salud graves después de la vacunación”. La institución informa sobre cuatro efectos adversos inusuales, reportados luego de la inmunización, como anafilaxia, trombosis con síndrome de trombocitopenia, miocarditis y pericarditis, y síndrome de Guillain-Barré.

Sin embargo, la institución aclaró que “un evento adverso puede ser causado por la vacuna o puede ser causado por un evento coincidente no relacionado con la vacuna”. Al momento, concluyó: “Los efectos secundarios graves que podrían causar un problema de salud a largo plazo son extremadamente inusuales después de cualquier vacunación, incluida la vacuna contra el COVID-19. Los beneficios de la vacunación contra el COVID-19 superan los riesgos conocidos y potenciales”.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) en su último reporte, de fecha 13 de abril de 2022, también confirma que los beneficios de estas inyecciones “continúan superando sus efectos secundarios, dado el riesgo de enfermedad COVID-19 y complicaciones relacionadas, incluidas la hospitalización y la muerte”. En Europa, se aplican las vacunas de Pfizer-BioNTech, Moderna, Johnson & Johnson y la AstraZeneca/Oxford.

Esa fecha también fue difundido un artículo de la OMS sobre seguridad de las vacunas, en el que se informa que las vacunas de AstraZeneca/Oxford, Johnson & Johnson, Moderna, Pfizer/BionTech, Sinopharm, Sinovac, Covaxina, Covovax y Nuvaxovid cumplen con los criterios de eficacia y seguridad.

“Es raro encontrar que los problemas de salud que ocurren después de recibir una vacuna en realidad sean causados por la vacuna misma. Los problemas de salud posteriores a la vacunación suelen ser coincidentes y no tienen ninguna relación con la vacunación. A veces están relacionados con la forma en que se almacenó, transportó o administró la vacuna”, explicó la institución.

Las vacunas no contienen óxido de grafeno. El uso de las mascarillas reduce el riesgo de transmisión del virus. El SAR-COV-2 fue aislado. Las pruebas PCR sí sirven.

En otra verificación, concluimos que no hay evidencia de que óxido de grafeno esté contenido en las actuales vacunas. Este no se encuentra, además, entre sus ingredientes que son publicados en sus fichas técnicas.

El “informe Campra” que cita Viviana Lens hace referencia al reporte preliminar y no concluyente de Pablo Campra, que llevaba el sello de la Universidad de Almería de España. Esta “investigación” tomó como objeto de estudio a la vacuna de Pfizer-BioNTech y fue difundida el 28 de junio de 2021.

Sin embargo, la casa de estudios calificó como “falso” que haya avalado ese supuesto estudio “sobre un análisis de una muestra de origen desconocido con ausencia total de trazabilidad”. Enfatizó que no suscribe ni comparte el procedimiento ni los resultados al que llegó dicho documento.

“Como institución académica, apoya sin fisuras las vacunas como instrumento científicamente incuestionable para luchar contra las enfermedades”, sentenció el 2 de julio de ese año.

En ese entonces, Erika Castillo indicó que dicho informe no cumplía con los estrictos protocolos de investigación científica. En declaraciones al medio de fact-checking Maldita, Adolfo Bastida, profesor del Departamento de Química Física de la Universidad de Murcia, y Alberto Nájera, vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS), coincidieron con lo expresado por la especialista.

PUEDES VER: Las afirmaciones engañosas del video referido a los efectos secundarios de la vacuna

Por otro lado, en un artículo anterior determinamos que hay evidencias científicas de que el uso de mascarillas reduce el riesgo de transmisión del SAR-CoV-2 y que se ha demostrado que funciona contra la propagación del virus.

Asimismo, Antonio Tokumoto y Hebert Cuenca, miembros de la Sociedad Peruana de Neumología, y el infectólogo, y Augusto Tarazona, expresidente de la Comité de Salud Pública del Colegio Médico del Perú, concuerdan en que el material de los cubrebocas está diseñado para no impedir el libre tránsito de gases, como el oxígeno y el dióxido de carbono.

También en este medio desmentimos que el SARS-CoV-2 no haya sido aislado y purificado. Estudios científicos, artículos de la revista The Conversation y documentos de la OMS y CDC comprueban lo contrario.

En un artículo de AFP Factual, Juan Sabatté, doctor en microbiología e investigador del CONICET, Argentina, respaldó la evidencia que prueba que el patógeno fue aislado y secuenciado. “En el INBIRS, nuestro laboratorio, hemos realizado varios aislamientos y hemos secuenciado el genoma de los virus purificados con el objeto de conocer a qué variantes corresponden”, dijo.

Explicó que “el aislamiento y purificación del virus es un procedimiento sencillo y muy eficiente”, pero se tiene que contar “con un laboratorio de bioseguridad apto para trabajar con el riesgo que implica el virus aislado”.

Finalmente, Verificador también desmontó que las pruebas PCR no sirvan para detectar el virus de la COVID-19. Existe evidencias científicas de que este test es muy específico en identificar la presencia de este patógeno en el cuerpo de la personas. Además, César Ugarte, epidemiólogo e investigador de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) ,y el infectólogo Leslie Soto también coinciden en ello.

Conclusión

Las vacunas contra COVID-19 no son terapias génicas. Tampoco contienen sustancias tóxicas que pongan en peligro la salud de las personas. No existe evidencia que las vacunas contengan óxido de grafeno. El uso de mascarillas reduce el riesgo de transmisión del virus y está fabricado para favorecer la circulación del oxígeno y el dióxido de carbono. Estudios e instituciones de salud avalan que el SAR-COV-2 fue aislado y purificado. Además, existe respaldo científico en que las pruebas PCR son bastante específicas en la detección de la presencia del SARS-CoV-2 en el cuerpo. Por ello, calificamos esas afirmaciones del video como falsas.

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