La agonía de Playboy

Sus directivos han anunciado que no publicarán desnudos a partir de marzo de 2016. No pueden competir con la pornografía en Internet, gratuita y omnipresente. Lejanos están los días en que Hugh Hefner parecía el rey del mundo. Es el final de una era.

Sus directivos han anunciado que no publicarán desnudos a partir de marzo de 2016. No pueden competir con la pornografía en Internet, gratuita y omnipresente. Lejanos están los días en que Hugh Hefner parecía el rey del mundo. Es el final de una era.

En un comedor con paneles de madera y grabados de Picasso y De Kooning en las paredes, Hugh Hefner lo esperaba. Cory Jones, director de Contenidos de la revista Playboy, se acercó nerviosamente con una propuesta que hacerle. La publicación que Hefner había diseñado apasionadamente 62 años atrás, sobre la mesa de la cocina de su pequeño departamento en Chicago, debía dejar de publicar desnudos.
 
 
Aquello ocurrió en setiembre. Jones le contó a The New York Times que, contra lo que cabría imaginarse, Hefner reaccionó positivamente a la idea. Había fundado Playboy como un producto eminentemente erótico. No había pasado una sola edición sin que él no hubiera supervisado y aprobado a la 'playmate' o 'conejita' del mes, que en las páginas centrales aparecía ante los lectores en todo su esplendor. Sin embargo, entendía que los tiempos habían cambiado. Que había que cambiar. Para intentar sobrevivir.
 
A partir de marzo de 2016, la revista que al menos tres generaciones de varones de todo el mundo, adolescentes y adultos, escondían bajo sus colchones para revisar con delectación a solas, no volverá a publicar fotos de mujeres desnudas. Seguirá teniendo provocativas 'playmates' del mes, pero estarán vestidas. Serán –indica la nota del The New York Times– como las cuentas más subidas de tono de Instagram. "Un poco más accesibles, un poco más íntimas", según Cory Jones.
 
La medida será parte de un rediseño integral, que busca darle al magacín un toque más juvenil y artístico. Los directivos de Playboy se han propuesto atraer a los millennials, la generación que hoy tiene entre 18 y 30 años. De hecho, cuando en agosto del año pasado se tomó la decisión de prescindir de los desnudos en la versión web, la edad promedio de los lectores bajó de 47 a 30 años y su tráfico se cuadruplicó. Una de las razones del cambio fue que ahora resultaba más sencillo compartir las notas de la revista en las redes sociales.
 
Playboy se concentrará en valorar más su contenido periodístico. Sus notas de investigación, sus entrevistas en profundidad y, también, sus páginas de literatura. No hay que olvidar que en el pasado hizo historia con entrevistas a gente como Malcolm X, Vladimir Nabokov, Martin Luther King Jr. y Jimmy Carter, quien admitió en sus páginas que había deseado a otras mujeres que no eran su esposa.
 
Hay que cambiar para adaptarse. Son tiempos duros para las revistas eróticas. Tan distintos a los días en que Hugh Hefner comenzó de la nada.

Un estilo de vida

Criado en el seno de una familia metodista, a los 27 años Hefner era un hombre casado y con dos hijos que soñaba llevar una vida llena de sensualidad y hedonismo. Su mayor aspiración era tener un piso de soltero, con un gran equipo de sonido, una nueva chica y un auto de lujo. Tal era su imagen de la felicidad y el éxito. Playboy nació como una publicación dirigida a hombres que soñaban lo mismo. No solo vendía erotismo; vendía un estilo de vida. "La mayoría de las revistas de hoy pasan su tiempo fuera de casa", escribió en su primer editorial. "A nosotros nos gusta mezclar cócteles y un aperitivo o dos, poner algo de buena música en el fonógrafo e invitar a una amiga para una tranquila discusión sobre Picasso, Nietzsche, jazz o el sexo".
 
Pero lo que la diferenciaba de revistas como por ejemplo Esquire, su principal modelo, eran los desnudos. Desde el primero, de una Marilyn Monroe tendida sobre una manta roja de terciopelo, que compró por apenas 500 dólares, hasta los de Kim Basinger, Kate Moss, Madonna y otras celebridades que adornaron sus páginas en los ochenta, noventa y los 2000, el plato fuerte de cada edición eran las fotografías eróticas. Para cuando Hefner comenzó, en 1953, publicar desnudos podía resultar peligroso (diez años después fue arrestado por el delito de vender literatura obscena, por haber publicado fotos de la actriz Jane Mansfield desnuda, cargo del que fue absuelto). Sin duda, fue un pionero. Y tuvo éxito.
 
Los setenta fueron su época dorada. Playboy vendía millones de ejemplares al mes. Hefner era dueño de un imperio que abarcaba decenas de clubes, hoteles, casinos, programas de televisión y franquicias de la revista en todo el mundo. Los mayores símbolos de su ostentosa vida eran el Big Bunny, su avión privado, y su mansión en Los Ángeles, escenario de las fiestas más escandalosas y divertidas de su época, hogar de las célebres 'conejitas'. Como dijo Gene Simmons en un documental sobre su vida, cualquier hombre habría dado su testículo izquierdo por ser "Hef".
 
Fueron cinco décadas sintiéndose el rey del mundo. Pero con el inicio del nuevo siglo, las cosas comenzaron a cambiar.

Sexo a la carta

Entre 2006 y 2010, el canal E! transmitió la serie Girls of the Mansion Playboy, un reality que mostraba la vida cotidiana de Hefner con sus tres novias de entonces. La producción fue uno de los intentos de Playboy Enterprises por generar ingresos ante la crisis financiera que se había gestado en la empresa.
 
Internet planteó desafíos al periodismo impreso en general. En Estados Unidos, las ventas de las revistas han descendido sostenidamente desde mediados de la década pasada. Pero uno de los sectores a los que le fue peor fue al de las revistas eróticas. Playboy, Penthouse, Hustler y otras experimentaron fuertes caídas incluso desde inicios del siglo. Tan temprano como en 2003, Bob Guccione, el fundador de Penthouse, admitió que a causa de Internet "para revistas como las nuestras, ya no hay futuro".
 
La razón, evidentemente, fue el crecimiento de los sitios de contenido pornográfico. En 2010, la consultora MBA Online calculó que el 12% de las páginas web eran pornográficas y que el 25% de las búsquedas que se realizaban en motores de búsquedas como Google estaban relacionadas a la pornografía. No solo los desnudos, las escenas de sexo explícito, de todo tipo, estaban a un clic de distancia. Completamente gratis. ¿Por qué alguien pagaría nueve dólares para ver mujeres desnudas en una revista?
 
El 2008 marcó el inicio del descalabro. La compañía despidió al 15% de sus trabajadores, cerró parte de sus oficinas de Manhattan y vendió el ala este de la mansión. Christi, hija de Hugh, renunció a su cargo de presidenta del directorio. Hefner barajó la posibilidad de vender su 70% de las acciones pero un año después, aliado con un fondo de inversión, no solo no lo hizo sino que adquirió el 30% restante para que, de esta forma, el íntegro de Playboy volviera a sus manos. Al mismo tiempo, editó una biografía de 1.500 páginas, promovió un documental sobre su vida, compró la tumba al lado de Marilyn Monroe y se involucró en toda serie de proyectos aparentemente dirigidos a asegurarle un puesto en la posteridad.
 
Nada de eso pudo impedir que la empresa continuara perdiendo dinero. De los 23 clubes Playboy desperdigados por todo el mundo, hoy solo queda el de Las Vegas. No hay avión, ni hoteles ni casinos. Solo queda la mansión, en la que Hefner vive recluido y en donde las fiestas ya no reúnen a importantes celebridades sino a codiciosos aspirantes a la fama. En su mejor momento, la revista vendió más de siete millones de ejemplares (con la edición de noviembre de 1972). Actualmente bordea los 800 mil. Sus mejores tiempos, sin duda, están lejanos. Alguna vez Hefner explicó cuál era el significado que tenía para él la palabra "playboy". "Es un hombre que trabaja muy duro y que tiene derecho a divertirse. Un tipo que quiere jugar". Con 89 años a cuestas, para el viejo Hef el juego parece a punto de acabar.
 

Te puede interesar


CONTINÚA
LEYENDO