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Norma Martínez: “Creo que uno debe estar siempre ligero de equipaje”

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Norma Martínez. Actriz.
Maritza Espinoza/
En 'La falsa criada' haces un personaje liviano, atípico en tu carrera, ¿no?
Sí, es atípico porque no suelen pensar en mí para este tipo de personajes.  Pero como Alberto (Isola) es mi maestro, siempre me da cosas difíciles. 
¿Estos personajes son como un descanso para ti, que sueles ser tan intensa?
No, son igual de exigentes. La construcción me ha demandado muchísimo esfuerzo. Es un trabajo muy sutil y es muy fácil salir de esa sutileza cuando sabes que el público se está riendo. Como actriz, mientras más versatilidad tenga, más disfruto, aunque una también se la pasa bien haciendo dramas.   
Claro, estás haciendo lo que te gusta.
Me divierto. Y, en realidad, uno como que no se va 'cargado', necesariamente. Yo creo que un actor es como un médium: un simple canal. La carga no se queda en ti, simplemente recircula. 
El otro día prendo la tele y te veo al lado de Meg Ryan y Russell Crowe en Poof of life. ¿Cómo fue esa experiencia?
En realidad, en términos artísticos,  no fue muy interesante...   
Pero estar al lado de Russell Crowe lo ameritaba, ¿o no?
Obvio, ¡quién va a decir no! (Risas). Probablemente si me proponían esa película sin Russell Crowe y Meg Ryan, no me interesaba hacer ese personaje.  Pero, dada la circunstancia, era como imposible no hacerlo.  
Tus escenas son todas con Meg Ryan.
Sí. Yo tengo hojas de citación de la película, donde ponen los actores que van a participar en el día de rodaje, y dicen: Meg Ryan, Norma Martínez. Y cuando a mí me dijeron: vas a hacer una película con Meg Ryan, yo me maté de risa. Sí, claro, ¡Meg Ryan! ¡Cómo voy a trabajar con Meg Ryan!
La duda tercermundista: ¿son divos?
Ehhh... Él sí, un poco. Ser divo o no ser divo tiene mucho que ver con tu desarrollo personal y tu carácter. Yo he conocido actores extraordinarios y muy famosos que no son nada divos, y gente que no ha hecho nada y es diva, ¿no?
También en el mercado local, ¿no?
¡Totalmente! Creo que tiene que ver con tu relación con las personas, contigo mismo. Porque, en verdad, nadie tendría derecho de portarse como un divo o sentirse por encima del resto.
¿Cómo te relacionas con los actores que salen de la improvisación: por carisma o por oportunidad?
A veces es complicado a la hora de trabajar, pero yo lo mido por el profesionalismo. Si a mí me llegas con la letra aprendida y las ganas de probar y hacer tu chamba, genial, da igual el nivel. Si me encuentro con actores flojos que creen  que han llegado a algún sitio cuando en realidad no, me da un poco de ternura. 
¿Qué es lo que todavía no te ha dado la carrera de actriz?  
Todavía hay muchas cosas que me encantaría hacer. Evidentemente, hay roles que ya no puedo hacer porque no tengo 20 años, pero los roles se ponen cada vez más interesantes, como la vida.   
¿Y cuáles son las cosas que dejaste en el camino como pendientes?   
(Silencio). No sabría decirte. De hecho, los tengo como todo el mundo. Por ejemplo, hace poco me quedé sin hacer una película peleando el casting hasta el último momento.
¿Cuál?
No puedo decirlo. Yo estaba segura. Decía: ¡ese personaje es para mí! Y hacían casting y casting. ¡Lo tengo! Y no.  Me apenó. No era para mí, aunque yo creía que sí. Por algo será.
¿Por qué te fuiste a España?
Mi padre era español, tenía ahí como que desarrollar un poco ese lado de mi genética que acá no se desarrollaba. Tenía también un proyecto de amor. Y acá como que había llegado a mi techo en ese momento...
Allá hiciste cine, ¿no?
Hice una película fantástica, La vergüenza, de la cual estoy orgullosísima. Luego volví, también a hacer un proyecto, y me quedé.   
¿Ya te recoges a tu base?
Digamos que mi base es esta, pero si toca irse a trabajar fuera estaría encantada. El desapego debe ser siempre la consigna. Creo que uno debe estar siempre ligero de equipaje, como para moverse.       
¿Ahora estás ligera de equipaje?
Siempre intento estarlo. Tengo  trabajo cerrado para los próximos dos años pero, si toca irse, podría hacerlo. De repente decido mañana irme a meditar al Tíbet. No sé.
¿Quemas naves con facilidad?
No, pero no lo descarto como posibilidad. Además, como actriz, pienso que los actores somos como unos eternos niños que jugamos todo el rato. Es un juego bastante serio pero es un juego al fin y al cabo.   
¿Sigues teniendo la pesadilla recurrente de que vas a recibir un premio y se lo lleva Mónica Sánchez?
Nooo... Esa fue una broma. Pero recurrentemente sí tengo la pesadilla de, por ejemplo, llegar el día del estreno y que yo no sepa que es el estreno, no tenga mi letra aprendida o que llego al teatro a estrenar o que el escenario queda acá y el camarín queda en 28 de Julio con la Vía Expresa (risas).  ❧

LA FICHA

Me llamo Norma Milagros Martínez Zevallos. Soy actriz. El teatro me ha dado los hijos más queridos (Agnes White, de Bicho, o Elizabeth Proctor, de Las Brujas de Salem), pero tengo aún muchos papeles soñados y creo que todavía alguno pillaré. Ahora estudio francés. Quién sabe si de repente mañana me voy a trabajar con  Isabelle Huppert a Francia.