Mirko Lauer: En honor a Cañete y Cerro Azul

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17 Dic 2005 | 16:00 h
Órbitas.Tertulias

1) El escritor y analista político Mirko Lauer, en una tregua del trajín cotidiano, en el parque más cercano de su domicilio en Miraflores. 2) Bella caleta de Cerro Azul, lugar donde se sitúa la novela.

Perfil

NACIMIENTO. En Zatec (ex Checoslovaquia), 1947.
TRAYECTORIA. Escritor, crítico literario y analista político. Bachiller en Letras en la Universidad Católica del Perú, Doctor y Magister en Literatura Peruana y Latinoamericana.
EL PREMIO. El Premio Juan Rulfo es auspiciado por Radio Francia Internacional, el Instituto de México, el Instituto Cervantes, la Casa de América Latina y Unión Latina.
EL GALARDONADO. Entre otros poemarios, Mirko Lauer ha publicado En los cínicos brazos , Ciudad de Lima , Bajo continuo y Tropical cantante . Ha sido distinguido como Chevalier des Arts et des Lettres, Francia (2002). Premio Jerusalén (2001) y Medalla de Mérito del Ministerio de RREE de la República Checa (2003).


GALARDONADO • El escritor acaba de ganar el premio Juan Rulfo.
• Novela está situada en el balneario Cerro Azul, al sur de Lima.

Por Juan Álvarez.
Foto: María Eugenia Revilla.

Una novela corta, Órbitas.Tertulias , ambientada en el emblemático balneario cañetano y sus alrededores permitió a Mirko Lauer compartir el primer lugar, con la mexicana Ana Clavel, del premio internacional Juan Rulfo. Es su segundo libro sobre esa zona, a la que reconoce haber aprendido a apreciar desde muy joven.

–¿Por qué localizar su novela en Cerro Azul y el valle de Cañete?

–Porque es un lugar que conozco y quiero mucho. Es muy interesante en términos narrativos porque está lleno de historias.

–¿Lo visitaba de niño?

–Desde muy chico. Tenía amigos que vivían en el valle. Pero lo que lo hace un lugar novelable y novelesco es que Cerro Azul es el centro de muchas cosas. En el siglo XVII, por ejemplo, sus costas cercanas fueron el escenario de la más grande batalla naval de la época colonial. Antes, en la época prehispánica, fue el lugar de una de las más importantes confrontaciones del imperio incaico con un pueblo, el de Guarco. También es donde, en el siglo XIX, más chinos llegan a trabajar en la agricultura; para después tomar partido por el invasor chileno y terminan masacrados por la gente local. Esto sin contar con que es el lugar donde tiene parte de sus intereses el presidente Leguía en el primer decenio, y con que Hipólito Unánue y Pedro Paz Soldán, su nieto, tienen su casa; y donde el libertador Bernardo O‘Higgins vive sus últimos días. Es decir, da un buen marco dentro del cual escribir y hablar también de cosas contemporáneas. Porque esta novela es muy contemporánea. Ocurre este verano o el anterior. No más atrás.

–Es decir, le ha permitido plasmar de otra manera sus reflexiones diarias en La República.

–Sí, totalmente.

–¿Eso era algo que lo había estado inquietando?

–No. Creo que la reflexión diaria de una columna periodística tiene su lugar y su espacio, su lenguaje; y la literatura el suyo. No veo contradicción entre ambas. En todo caso, el periodismo enseña algunas lecciones que de todas maneras se trasvasan a la literatura: escribir corto, directo, claro y tratando de ser entretenido.

–¿Qué efecto espera conseguir con Orbitas. Tertulias ?

–Me gustaría que consiga interesar a la gente del valle de Cañete. Que les permita acceder a una visión distinta de su propio mundo y de dónde viene. Ellos son un público muy grande.

–En todo caso, ¿cuál es su principal reivindicación?

–Su sentido de lugar en la literatura. Y eso es muy importante. El Perú ha perdido mucho en ese sentido. En el Siglo XX todos hemos migrado de alguna manera, y en cierto modo eso ha desquiciado el sentido de lugar. Yo diría que muchas de las obras más interesantes del siglo XX son aquellas que reivindican el lugar. No se hable de la narrativa indigenista, que reivindica comunidades con nombres propios, como lo hacían Alegría y Arguedas. También Riva Agüero en sus Paisajes peruanos , o Rivera Martínez con País de Jauja , la novela que más me ha interesado recientemente. Parafraseando a Walt Withman, quien toca esa novela de Rivera pone los pies sobre un lugar.

Las primicias

–¿Cuáles serán sus próximas publicaciones?

–Tengo listo un libro que reúne y reelabora columnas de los 20 años, y que por el momento existe como un vocabulario de la cultura política peruana, por temas. Una especie de diccionario sobre cultura política. También, con mi hija Vera Lauer, tenemos muy avanzado la Revolución gastronómica peruana 1995-2006 , un libro para la universidad San Martín. Y después, poemas. Siempre hay alguno por publicar. Creo que en el número 100 de la revista Socialismo y Participación saldrá una serie de tres o cuatro poemas sobre dátiles.

–¿Estamos en buen momento de la literatura?

–En la poesía, definitivamente sí. Lo he escrito en unos diálogos con Mario Montalbetti. Hay un montón de poetas menores de cuarenta años que a mí me gustan y yo leo y difundo, como decían en las universidades.

–¿En el ensayo?

–También. La narrativa, más bien, la veo poco renovada y muy dominada por las estrellas de la prosa del mercado que de alguna manera son mucho más internacionales que locales. Pero una novela que me haya conmovido después de País de Jauja , es una que sigue inédita, Tiempos de mar , de Alejandro Estrada, sobre el balneario de La Punta, y que no veo cómo se podría publicar.

Se busca lectores

–¿Y qué falta para que esos ‘momentos ‘ sean más prolongados?

–Lo que siempre sucede con la literatura, y sobre todo con la narrativa, que depende más de un público que la poesía: se necesitan lectores, muchos más; y con dinero en el bolsillo y con suficiente tiempo libre. Eso, definitivamente, aumentaría la producción literaria, las ediciones, la crítica, los comentarios.

–En medio de una crisis de lectores que es bastante fuerte

–Por supuesto. Y para revertirla se necesita que entre dinero en el bolsillo del pueblo peruano.

–Y es en la búsqueda de eso donde justamente se encuentran el periodismo político y la literatura...

–Es que no hay mejor programa social que un buen salario para todos. Nada reemplaza eso.


-¿Cómo aborda su novela el crecimiento del balneario de Asia?

-Asia entra en la novela no por ser parte de Cañete, sino porque algunos personajes vienen de allí a Cañete. Pero yo diría que la playa de Asia es todavía hoy un no-lugar. Quizás llegue a ser un lugar con el paso del tiempo, pero todavía es solo un sitio.

-Aunque está tratando de alcanzar ese sitial casi forzadamente.

-Yo diría que allí hay un esfuerzo pionero. La idea de más de dos mil familias que se instalan en un arenal vacío y una playa inhóspita a menudo con tremendos olones tipo Conchán, para convertirlo en un balneario de lujo, es de alguna manera también un acto pionero. Claro, no es la idea que tenemos de los pioneros con la estera y la banderita, sino mas bien del jet sky y la moto cuatrillantas. Digamos que todavía tiene la fealdad de un asentamiento humano billetudo, pero que tiene que importar casi todo.

-¿Y esa expansión puede llegar a afectar el valle de Cañete? Se lo digo porque antes se buscaba otro tipo de refugio en el Sur, como el que ofrecían Mala, San Vicente, Cerro Azul o Lunahuaná...

- Sí, es verdad. Pero ahí van a luchar dos rivales en el futuro: uno, la nueva carretera acercará mucho Ica y Paracas, hasta convertirlo en un viaje posible; y otro, el precio de la gasolina, que lo alejará más que nunca. En esa medida, estos valles quedan como los pobres tembleques en medio de tremendas fuerzas civilizatorias, por decirlo de alguna manera; y entonces lo más probable es que se pasen de largo, que la modernidad los defienda. Como Mala, que ha quedado protegida desde que la carretera pasa de largo.

-¿Protegida? Yo diría en cierto modo olvidada.

-Es verdad. Y Cañete va por esa ruta. Ya tenía una carretera que entraba por Quilmaná, y subía hasta lo que ahora es Imperial. Después se movió la carretera a donde va ahora, pero el siguiente trazo la moverá junto a la costa. Probablemente para la gente de Asia, las hermosas playas de Paracas con Sol todo el año ya no van a estar a una hora y media de viaje, sino a cuarentaicinco minutos. Entonces quizás el viejo valle de Cañete se salve. Lo digo porque está dedicado a la agricultura, y esta necesita alguna protección y tecnología. No una explosión demográfica en medio de su territorio.

–Sería ideal una presentación del libro en Cerro Azul.

-Primero lo debo tener (los organizadores del concurso aún no han dado noticias de su publicación), pero sí voy a ponerlo en venta en Cerro Azul. No olvide que ya escribí una novela antes sobre ese puerto, Secretos inútiles , y a mucha gente del valle le gustó. Estas cosas van lentas, pero ambos libros deberían servir para volver más turístico al balneario. Porque Cerro Azul es un lugar de gente muy pobre que vive en los márgenes de la agricultura y de la pesca artesanal de pejerrey y jurel, lo cual no da mucho. El turismo de un balneario moderno y simpático puede sacar de la pobreza a mucha gente. Lo está haciendo muy de a pocos. En eso, la literatura y la gastronomía son dos fuerzas humanas, como dice el valse.