Coronavirus y protestas: lo que dicen los estudios sobre la propagación del virus en manifestaciones

Esteban Salazar

@larepublica_pe

14 Nov 2020 | 6:02 h
Un estudio canadiense demuestra que el uso del gas lacrimógeno afecta lo pulmones tan igual como lo haría la COVID-19. Foto: Marco Cotrina / La República
Un estudio canadiense demuestra que el uso del gas lacrimógeno afecta lo pulmones tan igual como lo haría la COVID-19. Foto: Marco Cotrina / La República

En el mundo se han realizado investigaciones para determinar cuál es el impacto de las manifestaciones en medio de la pandemia.

La ciencia ha empezado a disipar el panorama sobre la verdadera incidencia del nuevo coronavirus (COVID-19) en movilizaciones multitudinarias. Es cierto que una marcha puede generar contagios, pero no al nivel masivo, como se creía antes.

Hace unos días, el médico peruano Elmer Huerta aclaró en su segmento Sanamente que “este tipo de marchas no ocasiona aumento en la incidencia; se está al aire libre y las bocas están cubiertas”.

"Todos los especialistas, antes de las marchas, predijimos que iba a haber aumento en los casos de COVID-19, porque era lógico pensar que si la gente iba a estar junta, iba a haber mayor aumento en los gritos, etcétera. Pero este estudio publicado a fines de junio reveló que en 315 ciudades no hubo aumento de casos, no hubo aumento de muertes como producto de esas marchas. La explicación que dieron era que todos estaban cubiertos, estaban separados, estaban al aire libre. Eso es importante que lo tengamos en cuenta en relación a la enfermedad″, dijo para América TV.

Al respecto, Huerta explicó que existen dos puntos claves para considerar que las marchas no disparan las cifras de hospitalización por coronavirus: la mayoría de los manifestantes son jóvenes (población de bajo riesgo), y los demás integrantes de la familia se confinan en sus hogares mientras dura la movilización.

Manifestaciones en contra del golpe de Estado de Manuel Merino en el centro de Lima. Foto: John Reyes / La República

En efecto, la Universidad de San Diego preparó el estudio “Protestas del Black Lives Matter Protests, distanciamiento social y COVID-19”, en el que asegura no haber hallado pruebas suficientes para creer que las movilizaciones tras el asesinato de George Floyd reavivaran los contagios en las siguientes tres semanas. (Ver documento)

La investigación realizada por Dhaval M. Dave, Andrew I. Friedson, Kyutaro Matsuzawa, Joseph J. Sabia, y Samuel Safford concluyó que, si bien es posible que las protestas causaran un crecimiento de casos entre sus participantes, tuvieron muy poco efecto en la propagación del COVID-19 en la población total de esos lugares.

La tasa de crecimiento de los casos COVID-19 se mantiene estable los primeros días de las protestas y a los 10 días, comienza a bajar. Foto: BLACK LIVES MATTER PROTESTS, SOCIAL DISTANCING, AND COVID-19

El estudio sobre distanciamiento social en movilizaciones, que aprovechó datos de rastreo de teléfonos celulares anónimos de SafeGraph, señala también que las ciudades donde se registraron protestas experimentaron en simultáneo un aumento en el aislamiento social de los población general “en comparación con las ciudades que no tuvieron marchas”.

“En el exterior, hay tanta dilución en la atmósfera que sería inusual que los niveles de virus se acumulen en el aire. Tendrías que estar extremadamente cerca de otra persona durante mucho tiempo para estar expuesto de manera significativa", indicó Linsey Marr, profesora de ingeniería ambiental en Virginia Tech a la revista Wired.

El uso de mascarillas es indispensable para evitar un contagio masivo de COVID-19. Foto: Luis Villanueva / La República

Por su parte, el principal epidemiólogo del Gobierno estadounidense, Anthony Fauci, fue acorralado por la prensa a mediados de este año para conocer su opinión acerca de las protestas contra la gestión de Trump y su capacidad de disparar las cifras de COVID-19.

“¿Las protestas aumentan la propagación del virus? Creo que puedo hacer una declaración general (...) apiñarse, particularmente cuando no se usa una mascarilla, contribuye a la propagación del virus”, mencionó para sus detractores.

Ante la insistencia de la sala, Fauci aclaró que no existe ninguna evidencia científica de que las protestas estén contribuyendo a la propagación del Sars-Cov2. “Cuando está en una multitud, particularmente si no lleva una mascarilla, eso induce a la propagación”, agregó.

Movilizarse en campo abierto puede ser determinante para disminuyan de forma categórica los riesgos de contraer el nuevo coronavirus. Foto: Luis Villanueva / La República

Un estudio similar recogido por The Guardian sugiere que las actividades al aire libre son mucho más seguras que las que se realizan en el interior. El secreto está en no dejar de moverse durante una marcha y no retirarse la mascarilla en ningún momento. (Ver documento)

Hay otro punto a tomar en cuenta en las protestas: un manifestante no se relaciona directamente con cada uno de los demás asistentes.

Si un manifestante está contagiado, puede poner en riesgo a quienes tiene más próximo, pero el virus no se propaga como una corriente eléctrica que viaja por el agua hasta acabar con todos de golpe. Necesita tiempo para alojarse en su huésped, infectarlo y provocar en él síntomas de contagio. No es automático e inmediato.

Coronavirus, gas lacrimógeno y represión

No sucede así con el gas lacrimógeno utilizado por la Policía para dispersar a los manifestantes.

Un estudio canadiense elaborado recientemente por la Universidad de Toronto y recogido por Science Alert demuestra que el uso del gas lacrimógeno afecta lo pulmones tan igual como lo haría el coronavirus, y provoca un tosido en los manifestantes que podría propagar aún más el virus.

"The Problematic Legality of Tear Gas Under International Human Rights Law", Universidad de Toronto.

Otro estudio realizado en el 2014 por el Ejército de Estados Unidos, que congregó como muestra a más de 6.500 reclutas, demostró que el uso de gas lacrimógeno vuelve propensas a las personas a contraer cualquier enfermedad respiratoria en no más de una semana.

“Esta es una receta para el desastre. (...) Usarlo en la situación actual con COVID-19 es completamente irresponsable. Hay suficientes datos que prueban que el gas lacrimógeno puede aumentar la susceptibilidad a los patógenos, a los virus”, afirma Sven Eric Jordt, profesor asociado e investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad Duke. (Ver documento)

Para Nils Melzer, relator especial sobre la tortura de la ONU, el impacto del gas lacrimógeno puede ser tan grave que en ciertas situaciones constituye tortura y otros malos tratos. Foto: Jorge Cerdán / La República

Por ello, este año, más de un millar de profesionales de la salud de ese país suscribieron una carta en la que pedían a las fuerzas del orden desestimar el uso del gas lacrimógeno en las protestas por el bien de los ciudadanos debido al riesgo de dejar vulnerables los pulmones de los manifestantes ante la COVID-19. (Ver documento)

“El uso de estos irritantes podría aumentar los riesgos de contagio de COVID-19”, advirtió a su tiempo Peter Chin-Hong, profesor de medicina y especialista en enfermedades infecciosas en la Universidad de California en San Francisco, quien ayudó a redactar la carta.

Las bombas lacrimógenas durante las protestas hacen toser a los manifestantes, y con ello aumenta crucialmente el riesgo de contagio de COVID-19. Foto: John Reyes / La República

El mismo estudio elaborado por la Universidad de Toronto ha aseverado que el uso de estos productos químicos cerca de hospitales y escuelas es particularmente preocupante por su toxicidad, aun en pequeñas cantidades.

“Hay que abordar el gas lacrimógeno como lo que es: un arma potencialmente peligrosa —incluso letal— que se está comercializando y desplegando de forma irresponsable en todo el mundo”, sentenció Amnistía Internacional en un informe sobre las protestas con gas lacrimógeno en Hong Kong del 2019.