Río Rímac: corrientes se tiñen de negro debido a contaminación [FOTOS]

Alexis Revollé

alexis.revolle@glr.pe agrevolle

20 Sep 2020 | 1:26 h
Corriente del río Rímac mostró un alarmante estado. (Fotos: Félix Contreras / GLR)

Este sábado se registró un preocupante panorama en el río Rímac. Especialistas señalan la falta de fiscalización y los pasivos ambientales como factores claves en la situación del espacio natural.

El destino del río Rímac continúa a la deriva a causa de la contaminación. Este sábado la corriente del emblemático espacio natural de la capital mostró una de sus versiones más preocupantes desde que inició el estado de emergencia en el país debido a la pandemia. En zonas aledañas a la alameda Chabuca Granda, las aguas del “río hablador” se tiñeron de negro y amanecieron abarrotadas de desperdicios, entre los que llamaron especialmente la atención el desmonte y objetos de plástico.

Como se recuerda, al inicio de la crisis sanitaria, el aislamiento social obligatorio provocó expectativa respecto al mejoramiento de las condiciones de diversas zonas naturales del Perú, entre ellas el río Rímac. La Autoridad Nacional del Agua (ANA), incluso, dio a conocer en abril que la cuarentena había tenido un impacto positivo en las aguas del torrente. Sin embargo, con el transcurso de los meses esta ilusión fue desapareciendo y la contaminación, por desgracia, se siguió imponiendo en la corriente.

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Así llegó setiembre y el problema parece haberse agudizado. Además de la presencia de basura en el río, esta vez se ha sumado un componente que podría significar un riesgo inminente para la población: el intenso color oscuro que muestran las aguas del Rímac. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo llegó hasta ese punto la corriente de uno de los referentes naturales más célebres de Lima? Especialistas señalan la falta de fiscalización y los pasivos ambientales como factores clave en la situación actual.

Factores contaminantes

Para el ingeniero ambiental y líder de la Red Acción Ambiente Perú, Ricardo Landázuri, el regreso a la rutina por parte de la ciudadanía podría constituir un elemento a tomar en cuenta. “Hay gran parte de gente que trata de mantener el distanciamiento social, pero hay otra que ha vuelto a la normalidad. En la zona del río Rímac hay actividades que, si bien en la primera parte de la pandemia se ralentizaron y hubo un mejoramiento en el aspecto, están volviendo a afectar la calidad del agua. Como botar desmonte o material de construcción”, señala.

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Ello se sumaría a una labor de limpieza del río que hasta el momento ha sido insuficiente. El especialista recuerda que, en 2018, por ejemplo, el Minagri presentó un proyecto que buscaba ejecutar un moderno sistema de monitoreo del río Rímac, que iba a contar con el apoyo del Gobierno de Corea del Sur. Pese a iniciativas de esa naturaleza, el escenario en la corriente se mantiene en un estado alarmante.

“En el río hay una acumulación constante de contaminantes que se van depositando en el fondo. Tú puedes ver que por un tiempo ha estado más limpio, pero igual la contaminación se adhiere. No se limpia por completo porque la forma de limpiarse el río lleva su tiempo. Es un trabajo que tiene etapas y definitivamente hay que mejorar el tema de la fiscalización que se hace en torno a las actividades del río”, enfatiza Landázuri.

Pero el accionar de la ciudadanía sería apenas una parte de una problemática mucho más grande. Si bien el desmonte y la acumulación de plástico que se observa en las aguas del “río hablador” integran las imágenes más conocidas en la suciedad del Rímac, existen asimismo contaminantes vinculados a actividades extractivas como la minería.

“Nosotros hemos hecho un estudio en la cuenca del río Rímac. Una primera cosa que podemos señalar es que aún las actividades mineras que operan en la cuenca alta del río Rímac siguen operando, incluso durante la pandemia. Están drenando aguas industriales desde sus operaciones mineras. Ese es un primer punto que las propias autoridades como OEFA reconocen que existe una contaminación proveniente de la actividad extractiva”, sostiene Edwin Berrospi, técnico del grupo de monitoreo ambiental Red Muqui.

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Otra oportunidad para revalorar el agua

¿Quién se hace cargo del agua? Al fin y al cabo, la contaminación de un río es a la larga un problema de sanidad pública. El agua, quizá el recurso más importante para mantener en buenas condiciones a una sociedad, corre peligro con frecuencia cuando se presentan situaciones como las del río Rímac. Quien sufre todo ello es la propia población, muchas veces sin saber a quién pedir explicaciones.

“Conocer los pasivos ambientales que están distribuidos a nivel de toda la cuenca [del Rímac] es impresionante. Cerca de 300 pasivos ambientales que no tienen un tratamiento adecuado. Ese es un problema que nosotros hemos hecho llegar en su debida oportunidad. No es justo que, teniendo en cuenta la grave contaminación ambiental, de los más de 8.448 que han sido inventariados por el Ministerio de Energía y Minas, más del 80% no tengan responsables”, manifiesta Berrospi.

Ante ello, la situación se perfila como un enorme reto a enfrentar. Aunque en esta ocasión es la imagen del Rímac la que produce preocupación, revalorizar el agua es una meta a trazar a lo largo del territorio nacional. Finalmente, el desolador paso de la COVID-19 dejó clara la situación de abandono en que se encontraba la salud de la ciudadanía en todo el país.

“Si tú analizas todos los ríos del Perú, tienen un denominador común, y es que todos están afectados porque, de las 260 plantas de tratamiento de aguas residuales que existen, casi ninguna funciona. Es un problema bastante fuerte en nuestro país. Se estima que aproximadamente un 30% de las aguas residuales tienen algún tipo de tratamiento que no necesariamente es efectivo”, detalla Landázuri.

Por ello, para trabajar en la mejora de la calidad del agua conviene mirar lo que hacen las autoridades por nuestros espacios naturales. “Una de las razones principales por las que estamos en la cola de la pandemia es que no tenemos agua, o no tenemos agua de calidad. En la costa tenemos 2% de disponibilidad. Por ejemplo, habría que preguntarse: ¿cuántas municipalidades están regando con agua que no ha sido tratada? ¿O cuántas están usando agua residual que no ha sido tratada? Eso es un foco de infección muy peligroso”, reflexiona el ingeniero.

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