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Comercio ambulatorio: el problema de la informalidad y el escenario de riesgo ante la pandemia

La informalidad se ha consolidado como una problemática económica y política en nuestra sociedad y, tras la crisis ocasionada por el coronavirus, ha dejado en evidencia la precariedad existente en el país, situación que no ha cambiado en los últimos 20 años.

En el contexto de la emergencia sanitaria que atraviesa el país, muchos trabajadores que perdieron su trabajo se vieron obligados a dedicarse al comercio ambulatorio. (Foto: La República)
En el contexto de la emergencia sanitaria que atraviesa el país, muchos trabajadores que perdieron su trabajo se vieron obligados a dedicarse al comercio ambulatorio. (Foto: La República)
Kevin Arratea

Jéssica se dedica a la venta ambulatoria desde hace dos años. Al igual que varios comerciantes informales, acude todos los días a la avenida Grau para intentar vender sandalias, sayonaras y pantuflas. Ante la falta de un sustento diario y la obligación de llevar dinero a su hogar, la informalidad se convirtió en su único medio de subsistencia.

Así como otros cientos de ambulantes que laboran en las calles, ella también se queja del constante hostigamiento de los agentes municipales. “A cada rato vienen a molestar y a botar. Están aquí desde las 7.00 a. m. Por eso, yo salgo un poco más tarde y me quedo hasta las 6.00 p. m. No nos quieren dar opciones para formalizarnos, lo que quieren es eliminar a todos los ambulantes”, reclama Jéssica.

Quienes han perdido sus negocios o su empleo se han vuelto ambulantes. (Foto: La República)

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Esta opinión coincide con la de otros ambulantes en varios puntos de Lima, donde la emergencia sanitaria provocó que el Estado tuviera el reto de asumir las consecuencias de la informalidad, una problemática que comprende a más del 70 % de la población económicamente activa (PEA), según un informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) publicado a fines del 2017.

Sin embargo, el sector informal, enfocado principalmente en el comercio ambulatorio, no es un tema actual, teniendo en cuenta que surgió en la época colonial y que se ha incrementado durante la segunda mitad del siglo XX, cuando la población del interior del país migró hacia la capital: Lima.

A partir de este contexto, se genera la interrogante ¿por qué no se ha podido reducir el comercio ambulatorio en los últimos 20 años? Los especialistas señalan que esta problemática política y económica abarca desde la precariedad en la que vivimos como sociedad hasta la falta de incentivos fiscales que promuevan la posibilidad de que un trabajador informal se vuelva formal.

¿Por qué no se puede reducir el comercio ambulatorio?

En conversación con La República, el historiador Jesús Cosamalón explicó que la informalidad no se ha podido reducir por la ausencia de incentivos y por la rigidez burocrática que tiene el Estado para afrontar este complejo tema.

“Primero, porque la formalidad no necesariamente trae beneficios y segundo, porque la formalidad es vista como un asunto demasiado rígido que no se adapta a las necesidades de las personas que laboran o trabajan en el espacio público”, declaró el director de Maestría en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Lima (PUCP).

En esa línea, Víctor Ballena, economista y catedrático de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), señaló que el comercio ambulatorio se ha incrementado por la liquidez que presenta ese tipo de trabajo.

“Un ambulante vende un producto y automáticamente tiene su saldo de ingresos menos costo. Entonces, el que comercia en la calle sabe que tiene su margen de beneficio, monto que multiplicado por todos los días de trabajo genera un flujo de ingreso. El dinero líquido uno lo encuentra en la venta callejera”, destacó el experto.

Al respecto, Joaquín Yrrivarren, sociólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), señaló que el comercio ambulatorio no se puede reducir porque es un ámbito en el que la gente ha encontrado una forma de supervivencia.

“Es un espacio que le ha permitido a la gente que no ha podido entrar al mercado formal sacar adelante su vida y la de su familia, puesto que ha tenido otras oportunidades para subsistir”, aseguró el experto.

Intervención de cachineros y ambulantes. (Foto: Municipalidad de Lima)

Además, Yrrivarren recalcó que el trabajo informal no puede ser visto como un problema social, dado que cumple una función importante dentro de la sociedad en el contexto de la masificación.

“El comercio ambulatorio es un espacio de creación donde la gente ha creado su propia vida, ha tejido sus propias redes sociales y que, de alguna manera, beneficia al mercado formal masificando cosas que no podrían estar al alcance de todas las personas por sus altos costos”, puntualizó el sociólogo.

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¿Por qué el comercio ambulatorio se incrementó en el país?

Luego de de que se anunciara el levantamiento de la cuarentena el último 1 de julio, los ambulantes ubicados en los alrededores de Gamarra y la Avenida Grau tomaron las calles para ofrecer sus productos. Uno de ellos es Marco Antonio, quien es otra víctima más de la crisis económica provocada por el coronavirus. Todos los días sale a vender mascarillas a S/ 5 en los alrededores de Gamarra para llevar un sustento a su hogar, tras haber perdido su trabajo en una empresa de repuestos.

“Estoy aquí desde hace tres meses porque es muy difícil que vuelva abrir el lugar donde trabajaba. Me vi obligado a salir a la calle porque ya no generaba dinero para alimentar a mi familia”, señala el comerciante ambulante.

El vendedor, que apenas está a 30 centímetros de su colega, otro ambulante, afirma que al principio sufrió bastante para llevar comida a su casa. “Empecé vendiendo ropa y ahora estoy vendiendo mascarillas faciales, mientras espero que reabra la empresa”, añade.

Muchos comerciantes ambulantes utilizan el suelo para vender sus productos. (Foto: Difusión)

Con respecto a los permisos municipales, Marco Antonio detalló que la Municipalidad de La Victoria no le ha dado facilidades para trabajar y que más bien, el personal de serenazgo llega cada día para desalojarlo.

“Todos los días y a cada rato vienen los efectivos del serenazgo. Después del mediodía llegan y se pueden quedar hasta las 5.00 p. m. Por eso, yo tengo que estar yendo y viniendo en esta zona desde las 10.00 a. m. hasta eso de las 6.00 p.m. o hasta que me boten”, declaró a La República.

Al igual que él, son cientos de miles los vendedores que se animaron a dedicarse al comercio ambulatorio, actividad que se ha incrementado notablemente tras el periodo de cuarentena, en la que más del 75 % de los ciudadanos de los sectores vulnerables perdió su trabajo, razón por la que la mayoría decidió trabajar en la calle.

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Según Jesús Cosamalón, el aumento del comercio ambulatorio recae en la desatención del Estado para subsanar la falta de los recursos necesarios que tienen las personas para tener un trabajo formal.

“Somos una sociedad con diversos niveles de precariedad, un sistema de salud precario, un sistema de transporte precario, un sistema de empleo precario, obviamente el ambulante es parte de ese todo. Entonces, no solo debemos arreglar el tema de los ambulantes, sino también la precariedad”, afirmó.

En conversación con La República, Cosamalón señaló que esta situación dejó en evidencia la realidad que se vive en el Perú. “El ambulante es síntoma de un país precario. Un país donde la gente no tiene empleo adecuado y en el que muchísima gente que estaba contratada ha perdido su empleo durante la crisis, incluso gente que se sentía formal”, recalcó.

Índice de empleo informal por país, según el Fondo Económico Mundial. (Foto: Defensoría del Pueblo)

No obstante, el experto detalló que el comercio ambulatorio no guarda relación con el bajo nivel educativo de las personas, prejuicio que ha llegado a ser utilizado por la gente para referirse a las poblaciones vulnerables en el contexto de la reactivación económica.

En sentido, aclaró que sí hay una relación directa entre vulnerabilidad-venta informal “porque la venta en la calle es una forma bastante rápida de recibir dinero, cuando no hay otras opciones”.

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De acuerdo con el economista Víctor Ballena, las personas escogen el camino de la venta ambulatoria porque ven más factible comprarse un activo para generar un ingreso fijo inmediato. Es en este escenario que se presentan dos posibilidades: continuar siendo informal o volverse formal.

“Lo último está asociado a cómo va el gobierno y las medidas fiscales existentes para hacer crecer su abanico de posibilidades, Sin embargo, en los últimos años no se ha podido reducir las trabas burocráticas”, puntualizó el economista.

Por otro lado, Joaquín Yrrivarren señala que el aumento de la informalidad se debe a la facilidad con la que cada persona puede emprender; no obstante, resalta que, pese a ello, el comercio ambulatorio también tiene una gran desventaja.

“El mercado informal le es funcional a todo el mundo porque la gente se genera trabajo por sí misma, a riesgo propio porque trabajar en la calle es complicado, debido a que ganar al día no te permite mirar hacia adelante”, aseguró.

En esa línea, el sociólogo aclaró que la mayoría de peruanos que representan a esta fuerza laboral forma parte de la cultura actual que tiene el Perú.

“Nosotros vivimos al día y ese es un problema no solo de la gente pobre, sino de toda nuestra sociedad. Este fenómeno del mercado informal se ha masificado desde mediados del siglo XX y forma parte de nuestra manera de generar riqueza y de nuestro ingenio para sobrevivir. Ahí hay cultura popular”, sostuvo Yrrivarren.

¿El comercio ambulatorio influye en la caída de la economía peruana?

A inicios de junio, el Banco Mundial estimó que la economía peruana descenderá en -12 % este 2020, situación que coloca al Perú como el país con el peor retroceso económico de la región. Este indicador, señala Ballena, no guarda relación con el comercio ambulatorio, actividad que se ha consolidado a lo largo del tiempo como una forma de empleo independiente.

Nuevas proyecciones del Banco Mundial. (Foto: Twitter)

Además, sustentó que la economía peruana retrocede porque se retrae el empleo formal. “La informalidad siempre ha sido el sustento de la población. No podemos combatirla si es que en verdad esa forma de trabajo es un alivio para todos”, puntualizó Víctor Ballena.

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¿Cómo se puede mejorar la situación del comercio ambulatorio?

Durante la etapa del aislamiento domiciliario obligatorio decretado ante la expansión del coronavirus, el alcalde de Lima, Jorge Muñoz, anunció que los vendedores ambulantes serían trasladados al terreno denominado como “La Tierra Prometida”, en Santa Anita. De igual manera, el alcalde de La Victoria, George Forsyth, planteó la posibilidad de reubicar a los ambulantes de Gamarra en el Parque del Migrante.

No obstante, estas opciones no fueron aceptadas por los comerciantes informales, quienes permanecieron en los alrededores del emporio comercial y de la avenida Grau porque consideraron que su eventual desalojo les traerían más complicaciones que beneficios, más gasto que ahorro, más esfuerzo que ayuda, dificultando el día a día de sus actividades.

Ante este escenario, Cosamalón aseguró que se debería establecer una política pública pensando en las ganancias del vendedor y no solo en erradicar el comercio ambulatorio trasladándolo de un lugar a otro.

“El problema se está enfocando solo desde el lado de la oferta, sin entender la demanda. Por ello, también se debe gestionar el flujo de demanda, entender por dónde pasa la gente, porque eso es lo que atrae a los vendedores. Si se desplaza a un ambulante de un sitio, simplemente va a buscar otro donde haya flujo peatonal para instalarse”, refirió el historiador.

Comerciantes ambulantes se aglomeran afuera de hospital de San Juan de Lurigancho. Créditos: Jorge Cerdán / La República.

Por ello, añadió que la obligación del Gobierno, a partir de lo que está sucediendo con la emergencia sanitaria, es “aprender a administrar la informalidad y lograr que el ambulante respete los derechos de los demás, siendo responsable del uso de la calle y respetando las normativas de prevención ante el brote del coronavirus”.

Para lograr que el comercio ambulatorio se pueda administrar, el historiador especificó que debería existir un registro, mediante el cual las municipalidades puedan saber qué personas venden en la calle, en qué espacio se encuentran y de qué manera se les puede ayudar para evitar la parte negativa del uso del espacio público.

Este argumento es respaldado por Víctor Ballena, quien señaló que el aporte en conjunto de la Reniec con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) serían fundamentales para llevar el registro de todas las personas que trabajan de manera informal, a fin de que el Gobierno pueda saber quiénes son y dónde están.

“El tema del empadronamiento es primordial. Se ha comprobado que un registro digital es lo más recomendable porque se podría saber realmente quién está dentro de la informalidad y quién no”, afirmó en diálogo con La República.

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Según Ballena, luego de visibilizar a los comerciantes ambulantes, el Estado debería tratar de adherirlos al sistema tributario a través de incentivos fiscales que pueden ser impuestos por la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (Sunat)

“Por ejemplo, la Sunat podría promover campañas para que los posibles contribuyentes soliciten sus boletas de ventas electrónicas a través de descuentos. ‘Si antes yo pagaba S/ 5.000 de Impuesto a la Renta, pero con el descuento pagaré S/ 2.000, está claro que el año que viene querré ser formal', ejemplificó.

Por último, Jesús Cosamalón señaló que una buena opción podría ser el que se utilice el modelo de las ferias itinerantes empleadas en otros países para balancear la posibilidad de que los vendedores informales tengan un lugar de ventas para sobrevivir y donde la comunidad se vea beneficiada.