Realidad e improvisación

22 Jun 2020 | 14:30 h

"No cumple con el distanciamiento social o la inmovilización obligatoria, pues las calles son de una ciudad sin cuarentena con gente tras el sustento diario".

Eduardo Ugarte

Periodista

El sábado superamos el cuarto de millón de contagios de COVID-19 en el país, llegando a 251.338, con 3.413 en un día, cifras muy por debajo de las reales, donde Arequipa tiene notoria cuota. El día anterior, este diario, informando sobre el inicio de más actividades económicas al entrar a la fase 2 de reactivación, afirmó: “Reabrirán centros comerciales en regiones del sur, menos en Arequipa”.

Anuncio desalentador para la segunda ciudad del Perú, pero que se explica por la irrealidad que vivimos, demostrada –por ejemplo– en la exigencia de comerciantes del Avelino o vendedores del Centro para trabajar sin cumplir las medidas de seguridad, en dos de los cuatro distritos con más alto índice de contagios, Bustamante y Rivero y Cercado; los otros dos son Cerro Colorado y Paucarpata. En los demás, los contagios se dan en el transporte, que tampoco cumple medidas, y seguirá extendiendo el virus a los cuatro vientos, aun sectorizando la cuarentena.

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Este vivir la irrealidad la comparten autoridades, no solo gobernadores y alcaldes al no usar bien el dinero para la emergencia, sino el Presidente, que considera un “esfuerzo” la reactivación, pero el freno del contagio lo deja a la ciudadanía, para la que primero está la supervivencia económica que la vital, y que al no tener experiencia real en el ejercicio cívico, y sí en cubrir necesidades inmediatas, no cumple con el distanciamiento social o la inmovilización obligatoria, pues las calles son de una ciudad sin cuarentena con gente tras el sustento diario.

Una amiga me escribía que Alemania vuelve a la normalidad porque el alemán obedece las normas; pero un amigo desde Cayma contradecía al afirmar que allá era posible porque tanto el Estado como el ciudadano tienen dinero para soportar una cuarentena, mientras que acá solo tenemos voluntades erráticas impulsadas por “improvisados” –como su mamá los llamaría– y necesidades inmediatas que el gobierno no cubrirá por el desorden y desigualdad en la aplicación de bonos. Ante lo dicho, hoy es un día crucial para los miembros del Comando, deberán demostrar un manejo de la realidad sin improvisación.

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