Informalidad y sociedad futura

12 Abr 2020 | 17:11 h

“Este desequilibrio y comportamiento incívico es tan manifiesto que explica el acaparamiento, la especulación y la desobediencia de la inamovilidad de una masa humana difícil de ser parte de la sociedad porque no respeta la vida en comunidad”.

Eduardo Ugarte y Chocano

Periodista

Trastocando la definición de Hernando de Soto de informalidad en la economía y aplicándola al incumplimiento de la inamovilidad social obligatoria, decimos que este es: un comportamiento informal de hombres y mujeres por estar fuera de los marcos legales y normativos que rigen la vida ciudadana, haciéndolos no merecedores de la protección y servicios del Estado. Sin embargo, así, el Estado resulta siendo el único que cuida la vida de la población ante la pandemia.

Esto contradice que “la informalidad surge cuando los costos de circunscribirse al marco legal y normativo de un país son superiores a los beneficios que ello conlleva”, pues todas las medidas en la lucha contra el coronavirus tienen como base y origen la salud y la protección del individuo, que por inestable no las acata y, de sujeto en riesgo de contagio pasa a ser objeto de difusión de la pandemia, por voluntaria falta de civismo.

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Este desequilibrio y comportamiento incívico es tan manifiesto que explica el acaparamiento, la especulación y la desobediencia de la inamovilidad de una masa humana difícil de ser parte de la sociedad porque no respeta la vida en comunidad, con una cultura que le dé identidad y proyecte un futuro común con gobernabilidad y satisfacción de sus necesidades.

Hoy, en medio de la crisis, el Estado está presente, pero esta “ciudadanía” descrita, así sea minoritaria, no coopera y provoca la intervención de las llamadas -con precisión- fuerzas del orden. La invasión del COVID-19 está adelantando las sociedades del futuro, al tener una defensa globalizada y principal arma en la ciencia y la tecnología, haciendo pensar en un destino global y tecnológico. Sin embargo, más allá del manifiesto egoísmo, se tenderá al renacimiento de los nacionalismos y la dependencia de las tecnologías en un mundo virtual -inaugurado masivamente con el trabajo remoto y el aula virtual-, pero con una gran desesperanza: que las sociedades con informalidad como la nuestra sean el lastre para cualquier progreso y bienestar común, con o sin globalización o tecnología.