La valentía de donar el corazón de un hijo: “Siento que así no se iría del todo”

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Por Milagros Berrios

“¿Por qué no?”. Yusmery Guevara Palacios, 39 años, siete meses de embarazo y tres profesiones, no halla motivos que le impidan donar el corazón de su hijo si no logra sobrevivir. “¿Por qué no -insiste-, si será para otro bebé con una vida por delante?”.

El hijo de Yusmery aún no nace, pero los médicos le han dado un diagnóstico poco alentador. Dicen que su líquido amniótico no supera los niveles mínimos; que las ecografías no muestran su vejiga, ni sus riñones; y que padece el Síndrome de Potter, un mal que afecta a uno de cada 3.000 nacidos.

"Pero tiene una arteria aorta bella y un corazón en perfecto estado", comenta la docente siete semanas después de que los doctores calcularan con una fría cifra la probabilidad de que su bebé siga con vida al nacer: 2%.

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Por eso, con el diagnóstico en mano y la negativa de los especialistas para que acceda a otros procedimientos que protejan su vida (como el aborto terapéutico), esta madre tomó una decisión y se la planteó a su esposo: “Si el bebé fallece, ¿por qué no donamos su corazón?”.

Yusmery tiene la voluntad y la valentía de entregar el corazón de su hijo -si no sobrevive- para darle vida a otro niño. "Siento que no se iría del todo. Sería dar un pedacito de ti".

Y aunque este escenario era inesperado, su motivación no es reciente: "Siempre estuve de acuerdo con dar vida después de la vida", dice. Así lo ha creído desde antes de que dejara Anzoátegui, en el oriente venezolano, para vivir con su hija de 9 años y su esposo peruano en Lima.

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En este país, con una de las tasas más bajas de donación de la región (por cada millón de habitantes, tres son donantes), solo las familias de 39 personas han aceptado donar órganos y salvar de manera voluntaria la vida de otras en lo que va del año, según el Ministerio de Salud (Minsa).

De estas cifras, el corazón representa apenas el 20%. Su inestabilidad hace que solo resista 4 horas fuera del cuerpo, y obliga a que el trasplante se dé entre 24 y 36 horas luego de que se diagnostique la muerte encefálica, una de las principales condiciones para una donación.

“Los ciudadanos pueden manifestar su voluntad de ser donantes a través del DNI, una declaración jurada o un acta de consentimiento, pero finalmente, cuando una persona ha fallecido bajo la condición de muerte encefálica, la familia es la que autoriza. Por eso es importante comunicar la decisión en vida”, comenta Patricia Chilet, subgerente de Procura de Essalud.

Después de dar a luz

La decisión de Yusmery se conoció, sin que se la identifique, a través de redes sociales este fin de semana. La mayoría la calificó como una acción de amor y desprendimiento. Ahora esta mujer ha decidido dar su voz y hacer un llamado: “Sean peruanos o extranjeros, si se puede dar vida, ¿por qué no hacerlo?”.

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Essalud ya conoce su caso, pero solo podrá intervenir después del alumbramiento, previa comunicación de los médicos que la atiendan. Solo en el peor escenario, que es el fallecimiento del menor, se evaluará su condición clínica, se determinará si se trata de una muerte encefálica y se analizará la compatibilidad con los niños que están en la lista de espera. Solo así se puede disponer de los órganos.

Yusmery, con vitaminas, reposo y terapias psicológicas para afrontar este momento, asegura que es una mujer fuerte. Lo único que ella desea es dar vida.

Medida

- Yusmery conoció el diagnóstico a las 20 semanas de gestación. Señala que nadie le planteó someterse a un aborto terapéutico. Este procedimiento, que se puede dar hasta las 22 semanas, se realiza cuando la vida de la gestante está en riesgo o le genera un mal grave.