El duro camino de la verdad

“Ahora que se reparten las cartas, la tensión entre verdad y mentira arranca otra vez. Promueven la idea de que no existe una sino varias verdades”

Jorge Bruce
18 Nov 2019 | 0:31 h

En tiempos turbulentos como los que se viven estos días en nuestra región, el acceso a la verdad se muestra más y más esquivo. Hay razones de peso para ello. Acaso la más importante es que hemos perdido el apego, heredado de la Ilustración, por ese valor esencial de la vida en comunidad. En un potente ensayo publicado en el diario israelí Ha’Aretz, la socióloga Eva Illouz proporciona una serie de claves para entender este proceso. En 1997, el periodista serbo-americano Steve Tesich acuñó el concepto de posverdad. Cansados de las malas noticias, los ciudadanos fueron optando por creer lo que les decían. Por ejemplo, que en Irak había armas de destrucción masiva, lo cual justificaba la invasión de ese país.

Es moralmente más cómodo creer esa mentira que enfrentar las consecuencias de esa masacre. De hecho, los responsables directos, Bush y Powell, no tuvieron que asumir las consecuencias de esa barbarie. Es, explica Illouz, la lógica del marketing, que Jean Baudrillard llama “la lógica de Papá Noel”. Nos permite creer y no creer al mismo tiempo.

En el Perú hemos vivido, hasta antes de la disolución del Congreso, un vertedero cotidiano de falsedades emitidas por los políticos, especialmente los representantes del fujimorismo y el aprismo, sin que nada pasara. Hasta que pasó. Lo cual significa, probablemente, que hasta para mentir hay que tener en cuenta ciertos umbrales. Pasados los cuales la opinión pública expresa su hartazgo de muchas maneras. De ahí que la mentada disolución haya sido recibida con mayoritario beneplácito.

Pero este estado de ánimo es pasajero. Ahora que se reparten las cartas de nuevo, la tensión entre la verdad y la mentira arranca otra vez. Es aquí donde el posmodernismo hace de las suyas: promueve la idea de que no existe una sino varias verdades. Los cócteles del fujimorismo o las loncheras de Alan García, por citar dos ejemplos al azar. Por ahora el trabajo de algunos fiscales y jueces está permitiendo que las verdades alternativas sean bloqueadas. Pero las fuerzas de la corrupción y el autoritarismo saben que la verdad es un pilar moral y político difícil de sostener.

De hecho, esa es su apuesta. Contar con la inestimable colaboración (como dice una canción de Serrat y Sabina) del JNE para volver a colocar a sus alfiles en el Congreso. A eso nos enfrentamos.

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