Augusto Álvarez Rodrich.

Augusto Álvarez Rodrich.

Claro y directo
Economista de la U. del Pacífico –profesor desde 1986– y Máster de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, Harvard. En el oficio de periodista desde hace más de cuatro décadas, con varios despidos en la mochila tras dirigir y conducir programas en diarios, tv y radio. Dirige RTV, preside Ipys, le gusta el teatro, ante todo, hincha de Alianza Lima.

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El portero que botó al presidente

¿Qué implica la invitación a renunciar de Cerrón a Castillo?

La invitación pública a presentar “renuncia irrevocable” a su militancia en Perú Libre, como la cursada por Vladimir Cerrón a Pedro Castillo, es, en los hechos, una expulsión que rompe una relación política que está en el origen del fracaso del gobierno y, quizá, en el colapso adelantado de su presidencia.

Los motivos precisados en el comunicado son, primero, uno cierto: romper la bancada de PL –empezó con 37 y hoy quedan 16–; y, segundo, cambiar el programa comunista de PL por el “neoliberal” (falso). No alude a las investigaciones de corrupción a Castillo, quizá para no dar pie a la ironía de que si te expulsan de PL por corrupto, es como si te botaran de una orgía por mañoso.

El detonante de la expulsión fueron los últimos relevos en el gabinete, especialmente la separación de quien Cerrón puso en el Ministerio de Energía y Minas, entidad crucial para sus planes políticos, programáticos y electorales.

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La revancha de Cerrón fue poner votos para censurar a la ministra Betssy Chávez, muy cercana a Castillo. Y hace una semana le dijo en público que “aún estamos a tiempo, cumpla el programa de PL”. Como el presidente no reaccionó, le notificaron su expulsión de PL.

El paso siguiente podría ser la vacancia, que es el gran riesgo que corre ahora Castillo por pelearse con su ‘chaleco’, toda vez que Cerrón, efectivamente, salvó al presidente en los primeros dos intentos de destituirlo.

La ruptura de Castillo con Cerrón –o mejor, de Cerrón con Castillo– habría sido una estupenda noticia al inicio del gobierno, cuando el presidente parecía títere del secretario general de PL, cuya arrogancia lo llevaba a recordarlo en cuanta entrevista periodística ofrecía.

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La ruptura temprana le hubiera permitido trabajar acuerdos y hasta alianzas con otros sectores políticos para forjar la viabilidad del gobierno, lo cual no ocurrió, y, en el camino, vino la demostración escandalosa de la ineptitud del presidente Castillo.

Hoy, su gobierno está hecho jirones, con la credibilidad destruida y una perspectiva oscura, lo que dificulta cualquier pacto de estabilidad para un régimen que va en rumbo de colisión.

Paradojas de la vida, aquel a quien Castillo dijo en campaña que en su gobierno no sería ni portero de ministerio acabaría botando al presidente.