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Un país que no se comprende a sí mismo

“Es inconcebible que quienes afirman defender la Constitución no reconozcan los derechos que asisten a los ciudadanos étnico y culturalmente diversos, y que desconozcan el enfoque intercultural adoptado por el Estado hace más de dos décadas”.

Por Owan Lay González, gestor público y cultural, especialista en interculturalidad e identidades. Exdirector del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión social.

La sociedad peruana, ergo, el Perú, es un país que no se comprende a sí misma. No somos capaces de asumirnos como un país posconflicto; como una nación agrícola y a la vez minera, y menos como una sociedad que es a la vez multicultural, diversa, racista y discriminadora.

Este no reconocimiento de lo que somos es una de las tantas razones por las cuales muchas de las políticas públicas fallan en su diseño e implementación, es decir, no hacen carne en el tejido social.

Las reacciones por lo ocurrido hace unos días en el Congreso, luego de la utilización del quechua y el chacchado de la hoja de coca por parte del primer ministro Bellido, refleja esa gran incomprensión de los peruanos sobre quiénes somos, sobre nuestra diversidad y sobre los derechos que le asisten a los sujetos diversos, así como lo mucho que nos queda por trabajar, no solo desde la perspectiva legislativa, sino también, y tal vez más importante aun, desde el desarrollo de políticas públicas que partan de nuestra realidad social para garantizar la máxima de que cada persona nace libre e igual en dignidad y derechos.

Los derechos lingüísticos en el Perú están garantizados por el artículo 48 de la Constitución Política del Perú y por la Ley N° 27935, ley que regula el uso, preservación, desarrollo, recuperación, fomento y difusión de las lenguas originarias en el Perú. El artículo 4 de la mencionada ley consigna el conjunto de derechos que le asisten a las personas que presentan como lengua materna una lengua originaria.

Por otro lado, el ejercicio del derecho a la identidad étnico-cultural en el Perú está consagrado en el artículo 2 inciso 19 de la Constitución Política del Perú y en las normas relativas al pleno goce de los derechos culturales, que se traducen en la visión de un Estado intercultural. Por ello, a cada uno de los ciudadanos le asiste el derecho a expresar las manifestaciones de lo que considera como parte de su patrimonio cultural inmaterial y defender su patrimonio material.

Bajo este orden de ideas, es inconcebible que una parte no menor de la ciudadanía, y en especial aquellos que afirman defender la Constitución, garantizar el principio de legalidad y el Estado de derecho, no conozcan nuestra Constitución ni reconozcan los derechos que nos asisten a los ciudadanos étnico y culturalmente diversos, así como que desconozcan la mirada intercultural que ha adoptado el Estado peruano desde hace más de dos décadas como vehículo para garantizar la equidad, la igualdad, la justicia social, la inclusión y la felicidad de sus ciudadanos culturalmente diversos.

Mientras los peruanos sigamos negándonos la existencia de la diversidad étnico-cultural o la veamos como accesoria y no como parte de nuestra cultura, estaremos negándonos también nuestra propia identidad, es decir, quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos; seguiremos contribuyendo así a que las políticas públicas relacionadas al enfoque intercultural y sobre la garantía de los derechos culturales en el Perú sean políticas estériles; pero, por sobre todo, seguiremos perpetuando la imagen de ese país que no se comprende a sí mismo.