Rafael Roncagliolo

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Pax coronavírica e infodemia

“Asistimos así a una ausencia de hegemonía en el sentido estricto de este término: supremacía moral e intelectual, política y cultural. No militar”

En un sesudo texto, Ignacio Ramonet, actual Director de Le Monde Diplomatique, en español, registra que “en todos los frentes de guerra -Libia, Siria, Yemen, Afganistán, Sahel, Gaza, etc.- los combates se han suspendido. La peste ha impuesto de facto, con más autoridad que el propio Consejo de Seguridad, una efectiva Pax Coronavírica.

Un virus diminuto ha logrado la paz a escala planetaria. Lo que no alcanzaron ni la Pax Asyriaca en el siglo VII a.C., ni la Pax Romana en los dos primeros siglos de nuestra era; ni la Pax Hispannica del siglo XVII; ni la Pax Britannica del XIX; ni la Pax Americana del XX. Hoy en día, el dominio sobre la humanidad no lo ejerce ninguna gran potencia, sino un virus que ni siquiera es un ser vivo. A esto hemos llegado, a costa de zarandear y maltratar a la naturaleza.

Como lo ha reconocido Andrés Oppenheimer, después de esta pandemia, “ningún país va a ser la gran superpotencia”. Se ha precipitado el declive de la hegemonía norteamericana. Lo que se esperaba para la segunda mitad del siglo, el virus lo adelanta a la tercera década.

Se anuncia un orden en el que quizás (ojalá) no haya poderes imperiales, y en el que los países pesarán por su capacidad para la asociación cooperativa, pese a la tapia en los oídos de muchos gobernantes de América Latina, que siguen usando sus paraguas en los días soleados, porque en Washington llueve.

Impotentes para mantener una supremacía económica, política y cultural, algunos voceros del establishment han emprendido una guerra informativa de proporciones. Empezó atribuyéndole nacionalidad china y origen conspirativo al virus (el “virus chino” lo llamaba el Presidente Trump). Hoy se prolonga mediante fantasiosas versiones de un pacto entre EEUU, Japón y la India, para destruir a China por su violación de los derechos humanos.

Esta campaña se inserta en la epidemia de fake news, que la OMS ha definido como infodemia, pandemia de falsedades. Informativas. Pandemia que anida en la necesidad compulsiva de información que se respira en la cuarentena. Y que olvida que la opulencia de información es miseria de información, como escribió, hace más de cuarenta años, Manuel Vásquez Montalbán.

La diferencia con el pasado estriba en que hoy las especulaciones son menos creíbles. Porque no se puede evitar que el mundo se entere de que China ofrece ayuda a muchos países (entre ellos, el Perú) y de que Rusia apoya a Italia, mientras los EEUU no manejan adecuadamente los estragos del coronavirus en su propio territorio.

Asistimos así a una ausencia de hegemonía en el sentido estricto de este término: supremacía moral e intelectual, política y cultural. No militar.

Está ocurriendo en el plano internacional algo parecido a lo que pasa en la esfera interna de cada país. Se debilita la imagen de gran potencia todopoderosa a la que hay que acatar. Y, al mismo tiempo, se debilita la idea de que lo que importa es asegurar las ganancias y que la salud pública vendrá por añadidura. Dos imágenes, una sobre el mundo, la otra sobre el plano interno, erosionadas ambas por la fuerza de los hechos.