Golpes, bullying, drogas y licor en el colegio militar de Arequipa

La República
18 Mar. 2019 | 06:05h

Clima de violencia. La República accedió a más de 70 testimonios escritos y verbales sobre estas irregularidades en el colegio militar Francisco Bolognesi. Incluso hay una denuncia por tocamientos indebidos en el Ministerio Publico. Exdirector de colegio, Juan José Soto, afirma que se sancionó a los cadetes que cometieron las faltas. Incluso fueron separados del plantel. 

Introducción

La ciudad y los perros, la novela de Mario Vargas Llosa que revela la violencia en un colegio militar, podría tener una segunda parte con las más de setenta denuncias sobre maltratos físicos y psicológicos contra los cadetes del Francisco Bolognesi. El Ministerio Publico procesa una denuncia por violencia sexual.

La República no solo ha recibido la documentación de estos hechos, que ocurrieron dentro del colegio arequipeño en los años 2017 y 2018. También habló con algunos padres de familia que confirmaron estos lamentables sucesos pese a sus reticencias por temor a las represalias. Este reportaje, que se difundirá en varias entregas, no quiere desprestigiar a ninguna institución; solo pretende exponer hasta qué punto la disciplina militar se confunde con el delito. ¿En nombre de la virilidad se puede arrancar los cabellos a un cadete con un alicate o mandarlo herido a una clínica? ¿"La letra con sangre entra" sigue siendo un método eficaz en estos tiempos? ¿Qué pasaría si esto ocurriese en un colegio civil? Las respuestas deben discutirse pensando en la integridad de los escolares.

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“Me quiero ir del colegio”. Percy le implora a su madre y lo hace llorando. Este adolescente había ingresado con mucha ilusión al Colegio Militar Francisco Bolognesi en 2018, una institución que brinda formación escolar con instrucción castrense. Percy quería ser militar. A los meses pidió su baja; lo desalentaron los abusos físicos y psicológicos a los que lo sometían sus superiores y compañeros. Es probable que si seguía, se hubiese matado. “Mi hijo se fue al puente Chilina. Quería suicidarse”.

Su madre cuenta estos pasajes mientras coloca ambas manos en su pecho. Su voz denota rabia y dolor cuando la entrevistamos en su casa. “Mi hijo lloraba cada vez que recordaba todo lo que le hicieron”. La terapia psicológica ayudó a que él pudiera dormir tranquilo. El trauma escolar le provocó insomnio.

Esta madre aceptó contar su historia con la condición de mantener en el anonimato el nombre de ella y su hijo. Percy no es el verdadero nombre del excadete víctima en este plantel militarizado de tercero a quinto de secundaria. No es el único caso. Hay más testimonios documentados obtenidos por La República de abusos de militares con los alumnos, bullying, consumo de drogas y alcohol, además de robos e incluso tocamientos indebidos entre cadetes. 

Este medio por lo menos contabilizó 75 episodios ocurridos durante 2017 y 2018. Algunos son investigados por el Ministerio Público, otros permanecían ocultos tras los gruesos muros de la institución, inaugurada en el gobierno dictatorial de Manuel A. Odría. La ferocidad de los colegios militares parece ser una regla. De eso da fe el premio nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, quien concluyó su secundaria en el Leoncio Prado de Lima. “En esos tres años descubrí la crueldad, el miedo, el rencor, dimensión tortuosa y violenta que está siempre, a veces más y a veces menos, contrapesando el lado generoso y bienhechor de todo destino humano”, dice el escritor en su libro de memorias. Su experiencia de cadete le sirvió para escribir su novela La ciudad y los perros, con personajes entrañables, feroces y violentos como los superiores y algunos cadetes del Francisco Bolognesi.

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Lejos de casa

Percy ahora trata de adaptarse a un nuevo colegio. Su madre pensó en regresar a la ciudad que su familia dejó atrás para que su hijo abrace su sueño militar, pero desistió. Conversamos en su casa. Llama a Percy para preguntarle por sus amigos del colegio. Algunos pasarán al cuarto año y otros abandonaron el plantel, se limita a decir. Cuando el adolescente se retira, su madre cuenta sobre los maltratos. Estos eran diversos. Les quemaban las manos con cigarros, les daban cocachos en la cabeza, los golpeaban con palos de escoba y los tiraban al piso para caminar sobre ellos. Estos actos eran cometidos por algunos oficiales del Ejército encargados de la disciplina al interior del colegio militar Francisco Bolognesi, pero también por un grupo de alumnos.

"El martirio empezaba el domingo", dice la madre de Percy. Este es el día en que los cadetes (alumnos) regresan al internado. Permanecen ahí hasta el viernes, día de salida.

Los excesos mayores se producen desde el domingo hasta el miércoles. Los jueves y viernes se para la mano para disimular los posibles hematomas y que los padres no se den cuenta cuando el menor regresa a su casa. La violencia es ejercida de forma piramidal. Desde los oficiales, alumnos supervisores y compañeros abusadores.

Más cuentos de terror

La historia de César muestra la sumisión al abuso. Por mandato de un alumno de cuarto año, un compañero de tercero le golpeó la cabeza y cara de forma tan violenta que lo dejó con el ojo hinchado y le rompió sus lentes de medida. El episodio es descrito en documentos que probarían la agresión.

"Que me miras, serrano de mierda”, le habría dicho su agresor a César durante la hora de la cena, minutos antes de golpearlo. Los cadetes de tercero estaban sentados en la mesa del comedor.

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El alumno de cuarto año notó que César tenía el cabello crecido. Entonces ordenó a sus compañeros que le metieran cocachos por la falta. La orden solo la acató el cadete que le dijo 'serrano de mierda'. La cena continuó como si no hubiese ocurrido nada. Cuando el monitor a cargo del cuidado del comedor se retiró, el aspirante de cuarto ordenó una nueva ronda de golpes contra César. "Cuento tres y le sacan la mierda", dispuso.

Tras la paliza, César fue trasladado a la clínica Arequipa. Tenía una contusión en el ojo que le impedía abrirlo. Así pasó su primer año en el colegio, asediado por otros alumnos, golpeado e insultado. El cadete siguió siendo víctima en una jungla donde sobreviven los más abusivos. Figura en otros casos de agresiones.  

El exdirector Juan José Soto Flores señala que tuvo conocimiento del problema y que sí hubo sanciones.

Pero hay más víctimas. En otra ocasión, también en el comedor, Hernán de 14 años fue llamado por un alumno de quinto, quien le ordenó que le sirviera la cena. Al parecer, le dio una ración reducida, lo que hizo enojar al mayor. Hernán fue obligado a poner su mano en la mesa y en medio de los dedos, el alumno de quinto le introdujo un cuchillo. Lo giró en sentido de las agujas del reloj y le causó lesiones. En el colegio fueron de la opinión que el agresor sea sancionado de la manera más severa.

La institucionalización

¿Sabe qué es un globo? - se le pregunta a Edwin Barrios Obando, asesor legal del colegio militar. Responde que desconoce. Se le explica que es un castigo usual ejercido en el colegio. Al supuesto infractor se le hace inflar los cachetes y luego se le da una bofetada o golpe con la fuerza suficiente para desinflarlos.

Barrios asegura que este castigo no se da, pese a que los alumnos aseguran que sí. Además, señala que no hay golpes entre cadetes, solo casos excepcionales. Empero, la documentación y testimonios lo desmienten. Como asesor legal, sabe que estas agresiones pueden ser consideradas delitos.

El colegio es militar, pero sobre este rigen normas nacionales de protección a menores de edad, la Ley 29719 que promueve la convivencia sin violencia en las instituciones educativas, aprobada en 2011. Además, el propio reglamento del colegio prohíbe las agresiones. Pero todo indica que en la práctica es letra muerta