El capitalismo y los genes

“Los avances en la biotecnología y en los intereses de los capitalistas han dado lugar a la creación de nuevas formas de renta: la privatización de componentes del cuerpo humano”

Nelson Manrique
27 Ago 2019 | 1:47 h

El capitalismo informacional viene redefiniendo profundamente las relaciones sociales de producción heredadas del capitalismo industrial. Un caso especial es el de la privatización de los genes y la creación de nuevas rentas naturales, como consecuencia de la revolución biotecnológica.

Marx elaboró la teoría de la renta para explicar un fenómeno que a primera vista cuestionaba la validez de la teoría del valor. Las tierras vírgenes que no han sido tocadas por la mano del hombre, no tienen trabajo humano incorporado, y por lo tanto no debieran tener valor. Sin embargo estas se compran y se venden en el mercado, y tienen un precio definido. Según la teoría, el valor es creado por el trabajo humano y sólo por él. ¿Cómo entonces una tierra no trabajada por el hombre puede tener valor? ¿De dónde sale la renta de la tierra que usufructúan los terratenientes?

Marx precisó, en primer lugar, que estas tierras tenían un precio, medido en dinero, pero no tenían valor. Por lo tanto producían rentas, pero no plusvalor. El trabajo humano puede añadir valor a las tierras (por ejemplo construyendo irrigaciones), pero estas tienen un precio aún en el caso de que no hayan recibido ningún tipo de trabajo humano. Es lo que Marx denominó la renta absoluta de la tierra. Es necesario explicar de dónde proviene esta renta.

Marx señaló que la renta absoluta nace de un proceso de privatización de los recursos naturales. Cualquier recurso natural que pueda ser monopolizado imponiendo un título de propiedad sobre él, puede generar una renta. Ahí donde la tierra se convierte en propiedad privada toda persona que pretenda utilizarla está obligada a pagar una renta por su uso a su propietario. Sucede lo mismo con las minas, el agua, las caídas de agua (para producir energía), las ondas electromagnéticas, etc.

Algunos creen que la renta se cobra por lo necesario que son ciertos recursos naturales, pero esto es equivocado: nada es más imprescindible que el aire, sin el cual la vida cesa en unos minutos, pero, como no han podido (hasta ahora) impedir que respiremos, el aire sigue siendo gratis y así será en tanto no pueda imponerse un monopolio sobre él.

Los avances en la biotecnología y los intereses de los capitalistas que invierten en esta rama han dado lugar a la creación de nuevas formas de renta natural, propias del capitalismo informacional del siglo XXI, verdaderamente sorprendentes. Rentas que se basan en la privatización de componentes del cuerpo humano, más específicamente, de los genes que están contenidos en las células de nuestro cuerpo.

La oficina de patentes de los Estados Unidos ha otorgado durante las últimas décadas patentes sobre miles de los genes de nuestro cuerpo: del suyo, del mío, y del de todos los seres humanos de la Tierra. Resulta entonces que corporaciones farmacéuticas son propietarias de determinados genes de nuestro cuerpo, de tal manera que jurídicamente los poseemos pero no son de nuestra propiedad, y las empresas propietarias de esas patentes tienen derecho a cobrar una renta, en forma de royalties, cada vez que alguien intente crear un tratamiento médico que utilice “sus” genes (aunque estén contenidos en nuestro cuerpo), e inclusive que pretenda investigarlos. Se crean así hoy masas de ganancias colosales.

Seguiremos con el tema.

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