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La batalla por la memoria

Óscar Miranda

En abril, indígenas colombianos derribaron la estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar en Cali. Foto: AFP.
En abril, indígenas colombianos derribaron la estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar en Cali. Foto: AFP.

Desde los Estados Unidos hasta Colombia, organizaciones indígenas están tumbando los monumentos a los conquistadores como una forma de rechazar la historia oficial de la invasión europea. ¿Por qué el Perú está libre de ese fenómeno y sí, en cambio, aparecen grupos radicales que se declaran hispanistas y defensores de la conquista?

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Los manifestantes la tumbaron usando sogas, la envolvieron con una bandera norteamericana y le prendieron fuego. Después de un rato de arrastrarla y verla arder, la arrojaron a un lago cercano. La estatua de Cristóbal Colón permaneció toda la noche sumergida, hasta que las autoridades locales llevaron una grúa y la rescataron.

Ocurrió en Richmond, Virginia, el 9 de junio de 2020 y fue la primera vez que las protestas por el asesinato de George Floyd incluyeron el derribo de un monumento al explorador genovés, considerado por organizaciones indígenas de los Estados Unidos como un “genocida”.

A partir de allí y durante las siguientes semanas, los ataques a los monumentos a Colón se repitieron en varias ciudades del país. Su onda expansiva llegó hasta Colombia. En setiembre, indígenas de la comunidad Misak derribaron una estatua del conquistador español Sebastián Belálcazar en Popayán, Cauca. En abril, otra estatua del mismo personaje fue tumbada en Cali. En mayo, los indígenas atacaron una escultura del conquistador Gonzalo Jiménez, y en junio pasado, se trajeron abajo un monumento a Colón, en Barranquilla: su cabeza fue arrastrada varios metros por las calles, mientras los manifestantes gritaban “¡Colón asesino!”.

¿Qué está ocurriendo? ¿Cómo fue que un movimiento antirracista de la comunidad afroamericana dio paso a una ola de ataques a las estatuas de los conquistadores españoles?

La historia de la lucha contra el racismo y sobre todo el racismo antinegro no se puede disociar de la historia de la esclavitud y de la historia colonial– explica la historiadora peruana Cecilia Méndez, quien reside en Santa Bárbara, California.

La batalla por la memoria

Méndez recuerda que la discusión sobre los monumentos de figuras racistas y esclavistas es parte de la lucha antirracista de los afroamericanos desde hace años. El año pasado, el cuestionamiento se amplío a los símbolos coloniales. Como el Colón que terminó sumergido en aquel lago de Richmond.

Estamos viendo el surgimiento de movimientos que están construyendo una forma de memoria crítica de los discursos oficiales– dice, por su parte, el antropólogo Ramón Pajuelo. –En momentos de conflicto político, terminan evidenciando que su manera de interpretar el pasado choca con la presencia de monumentos que representan un pasado que para ellos fue totalmente negativo.

Los pueblos indígenas tienen razones para rechazar ese pasado. La Conquista de América fue un período de extrema violencia y brutalidad que destruyó las vidas de cientos de miles de nativos americanos. El historiador británico Roger Crowley dice que la llegada del explorador genovés a estas tierras “abrió una era de asesinato masivo por parte de los conquistadores europeos” y que Colón es “el padre fundador del genocidio en el Nuevo Mundo”.

Evidentemente, fue un momento de destrucción de los pueblos originarios en esta parte del mundo– dice Pajuelo, quien es magíster en Historia Andina. –En el Tahuantinsuyo se calcula que vivían entre 15 y 18 millones de personas y un siglo después había el diez por ciento de esa población.

INDÍGENAS LOCALES

¿Por qué no vemos repetirse este fenómeno en Perú?

Pajuelo apunta al fuerte nacionalismo que hay en el país y a la presencia de un estado fuerte que ha logrado imponer con éxito símbolos de integración.

–Lo que no significa que no haya lecturas críticas, como esa “idea crítica” de la que hablaron Gonzalo Portocarrero y Patricia Oliart: la Conquista fue un desastre, la Colonia fue un período oscuro y la República, un período que no cambió nada.

Para Cecilia Méndez, parte de la explicación es que, como señalaba el antropólogo Carlos Iván Degregori, en el Perú no existen movimientos indígenas con la fuerza que tienen los de Ecuador, Colombia o Bolivia.

–En Colombia [donde se ha derribado varias estatuas] ha habido un empoderamiento de las comunidades indígenas. El estado colombiano está obligado por la Constitución a reconocer a sus autoridades, algo que no ocurre en nuestro país.

Méndez añade otra hipótesis: en nuestro país, a diferencia de lo que ocurrió en otros como Chile y Argentina, no ha habido una separación radical entre el Estado y los pueblos indígenas. Por el contrario, hemos tenido gobiernos que han procurado tener una narrativa inclusiva, al menos retóricamente.

Mientras no tenemos manifestaciones anticoloniales así de radicales, lo que sí han aparecido son grupos que sostienen la idea exactamente opuesta: que la Conquista fue lo mejor que le pasó a los habitantes de estas tierras, pues trajo la fe católica, la civilización y el progreso.

Se declaran “hispanistas”, defensores de la Hispanidad. Desfilaron en las marchas contra el supuesto fraude portando escudos pintados con el Aspa de Borgoña, un símbolo de la monarquía española. Ramón Pajuelo dice que son colectivos culturales que existen desde hace años y que en el contexto electoral se han politizado y tirado hacia la extrema derecha. Cecilia Méndez los considera un “grupúsculo” con nostalgias monárquicas y una ideología abiertamente racista y antiindígena.

ADIÓS AL PASEO COLÓN

Que nadie en Perú haya derribado la estatua de Cristóbal Colón que está en el paseo del mismo nombre, en el centro de Lima, no significa que todos estén contentos con su existencia.

En octubre del año pasado, un grupo de ciudadanos presentó una solicitud a la Municipalidad de Lima para que retire el monumento. Como se recuerda, la escultura presenta al navegante de pie, en actitud paternalista, con una mujer indígena desnuda a sus pies, desdeñando una flecha y cogiendo, en su lugar, una cruz.

La batalla por la memoria

No existe en ninguna otra parte del mundo una estatua de Colón que sea tan ofensiva– dice Abel Aliaga, activista decolonial, investigador y uno de los firmantes de la petición. –Representa la opresión desde todos los ámbitos posibles, porque es patriarcal, racista, misógina, colonialista... Es una figura que no merece sostenerse más porque reproduce en el subconsciente de todos los vecinos de esta ciudad una suerte de subordinación ante lo europeo.

El grupo de ciudadanos propone que esta estatua y otras que hacen apología a la colonización, como la que representa a Pizarro y que está situada en el Parque de la Muralla, sean llevadas a un espacio de memoria donde sean expuestas con un análisis histórico adecuado.

En lugar de Colón, dicen, se debería colocar un monumento a figuras históricas representativas. Si la avenida cercana se llama Garcilaso de la Vega, en honor a nuestro cronista inca, ¿por qué no llamar a esta otra avenida Paseo Guamán Poma, en honor a nuestro olvidado cronista indio?

Hasta ahora el municipio no les ha dado una respuesta.