La palabra del muro

El descubridor de la Dama de Cao ha publicado una nueva interpretación del denominado “Muro del Tema Complejo”, ubicado en la Huaca de la Luna. Es una enigmática estructura que sorprende a los especialistas y que ofrece nueva información sobre el mundo moche.

Muro Moche: Reconstrucción del Muro del Tema Complejo. Incluyendo el techo
Muro Moche: Reconstrucción del Muro del Tema Complejo. Incluyendo el techo
Roberto Ochoa

Todavía quedan restos de humedad en los muros derruidos por las lluvias torrenciales, en el barro sin secar en las veredas y en las rajaduras que decoran las rampas por donde transita una fila de prisioneros desnudos e identificados apenas por sus tatuajes, peinados y pinturas corporales. Desfilan atados por el cuello y escoltados por feroces guerreros vencedores en la batalla ritual. Lucen ensangrentados y aterrorizados. Todos presienten la muerte e intercambian miradas de pánico y desconsuelo. Los prisioneros saben que están sentenciados mientras transitan por ese enorme patio de la muerte donde emergen restos de extremidades entre el lodo que dejó el diluvio propio de un Meganiño. A duras penas ascienden por la rampa hasta la cumbre de la pirámide y logran tener una última visión de los enormes campos de cultivo destruidos por las lloqllas de lodo y piedras. Por última vez tendrán una visión del mar y de las islas y se despiden de esa Luna equinoccial en cuarto creciente que parece una barca donde el planeta Venus le da brillo al crepúsculo. Antes de morir logran contemplar no sin asombro el cuarto sagrado con sus muros y techo decorados con íconos pintados en alto relieve donde los esperan el sacerdote-astrónomo y los verdugos. Esa será su última visión del mundo de los vivos.

Así se puede ver ahora en los ambientes de la Huaca de la Luna, Trujillo.

Mil quinientos años después, en la última década del siglo XX, el arqueólogo cusqueño Régulo Franco Jordán fue uno de los primeros mortales en contemplar -sin sentencia de muerte- los finos altorrelieves del cuarto sagrado descubierto en Huaca Cao Viejo, un enorme montículo de adobe que emerge casi frente al mar y muy cerca a la desembocadura del río Chicama, ubicado a una hora de la ciudad de Trujillo. Por aquellos años el mundo seguía sorprendido con los hallazgos en las tumbas reales del señor de Sipán, en Lambayeque, cuando Franco dio la noticia del hallazgo de un “muro de tema complejo” único en su género por la valiosa información para entender la cosmovisión de la prodigiosa cultura Moche. Poco tiempo después, en la Huaca de la Luna se descubría un muro similar pero en mejor estado de conservación que dejó asombrado a los arqueólogos de todo el mundo.

La primera impresión que dejan ambos muros es la existencia de un mensaje secreto aún por descifrar. Y es que si sabemos tanto de los incas fue por los apuntes de los cronistas conquistadores, pero los moches habían desaparecido mil años antes de la llegada de los cristianos y poco o nada se sabía de su cultura de no ser por sus numerosas huacas, sus maravillosos huacos y su fina orfebrería. Así como las tumbas reales de Sipán son un libro abierto para conocer a los moches, el muro del tema complejo es algo así como el prólogo de ese libro que nos permitirá entender el enigmático orden del mundo moche.

Portada del libro con nuevas revelaciones para entender el muro.

Fue el propio Régulo Franco y Juan Vilela quienes publicaron la primera interpretación hipotética del denominado “Muro del temas Complejo”, conocido ahora como el Muro de los Mitos. Luego se publicaron sendos estudios a cargo de Segundo Vásquez y Rodolfo Sánchez Garrafa, entre otros. El debate estaba abierto hasta que Franco volvió a la carga con el libro Moche, Iconografía y Cosmovisión, publicado en plena pandemia y luego de su casi milagrosa recuperación tras ser afectado por la Covid.

El libro brinda una explicación contextual de la iconografía Moche siempre en base a los enigmáticos diseños del muro. “Las diversas representaciones en relieve y policromadas, hechas de barro y pigmentos minerales, tienen estrecha vinculación con la función de los espacios ceremoniales de estos templos mayores, nunca antes registrado para ninguna obra arquitectónica monumental, por lo menos en Sudamérica” –revela Franco. Y añade que “no olvidemos que antes de la década de los noventas, la iconografía moche y sus diversas interpretaciones tenían como fundamento las pictografías de la cerámica, muchas o gran parte de éstas piezas tienen procedencia anónima, obtenido de excavaciones clandestinas”.

En sus 250 páginas, finamente editadas y graficadas con ilustraciones de Luis de la Vega, el libro trata de descifrar la complicada iconografía del muro, resaltando hasta tres espacios, con énfasis en la información arqueoastronómica. Se habla de la luna en cuarto creciente hasta las constelaciones importantes del mundo Moche como Las Pléyades, Escorpio (“el arado”), las denominadas “Tres Marías” del Cinturíon de Orión y hasta el planeta Venus.

En sus 250 páginas, finamente editadas y graficadas con ilustraciones de Luis de la Vega, el libro trata de descifrar la complicada iconografía del muro, resaltando hasta tres espacios, con énfasis en la información arqueoastronómica. Se habla de esa luna en cuarto creciente hasta de constelaciones importantes en el mundo moche como Las Pléyades, Escorpio (“El Arado”) y el planeta Venus. ”Por primera vez estamos frente a un calendario mítico ceremonial, único en su género en el mundo antiguo. En este discurso demiúrgico se establecen los fundamentos ideológicos de la cosmovisión moche a partir de tres campos”, concluye Franco.

Trujillo: reinician trabajos de conservación en Huaca de La Luna

“Por primera vez estamos frente a un calendario mítico ceremonial, único en su género en el mundo antiguo”, reconoce el arqueólogo cusqueño. “En este discurso demiurgico se establece los fundamentos ideológicos de la cosmovisión moche a partir esencialmente de tres campos: orígenes (genesis o cosmogonía); el mundo de arriba (el campo celestial) encabezado por la divinidad central PACS (personaje de cinturón de serpientes) a donde retornan los difuntos en rituales de pasaje y expiación, y a quiénes desde la tierra se les brinda ofrendas, por ejemplo de venados y alimentos que van a ser reproducidos por los ancestros que se dirigen al plano superior; y abajo o el plano inferior, donde están expresados los ritos de propiciación del mundo doméstico, los alimentos y los productos del mar, asociados naturalmente al paisaje en el que se encuentran”.

El libro ubica al muro en los contextos arquitectónicos de las Huaca El brujo y de la Huaca de la Luna, y esa sorprendente relación que ambas construcciones tienen con el cerro campana, considerado el apu de Trujillo. Al respect, Franco sostiene que “la ideología religiosa moche, a través de las representaciones en alto relieve y policromadas, está básicamente concentrada en la fachada principal y el recinto esquinero que tiene como soporte los Temas Complejos (Muro mayor/oeste y muro menor/norte). El discurso de las siete Terrazas de la fachada principal está basado en ceremonias que se realizaban en el mundo real (batallas rituales, captura de prisiones, sacrificios humanos, el decapitador como divinidad central en la tierra y escenas de baile de tránsito de este mundo al mundo de los ancestros que es la vida paralela en la concepción del pensamiento moche). Asimismo, en las Terrazas superiores o gradientes, están las diversas representaciones del mundo sobrenatural (divinidad de la pesca o el mar, la divinidad de la agricultura, la divinidad del inframundo o la vida paralela, y en el escalón superior la presencia de frente de la divinidad central con cinturón de serpientes y rasgos felínicos que ha sido denominado por Larco Hoyle como Aiapaec (adjetivo de divinidad en la lengua nativa). Este ser, en realidad, sería considerado como el ser central, el hacedor del mundo, el ser principal de la ideología Moche, demostrado en la iconografía mural contextualizada.

Huaca de La Luna no abrirá sus puertas por falta de conservación

Es importante resaltar que, a diferencia de otras interpretaciones científicas del Muro del tema Complejo, ésta vez Franco divide el muro en tres partes. “Estos tres campos fueron divididos por sogas (símbolo de la serpiente cósmica y de la fertilidad) cogidos por seres míticos y a la vez articuladas a los tres campos míticos ceremoniales. Y todo este contexto narrativo, peculiar, era seguramente narrado por un oficiante o especialista de la religion moche cuando se realizaban ceremonias públicas en la plaza ceremonial, festines, y actos de presentación como es el caso del desfile de guerreros y prisioneros captúrales en batallas rituales que, como ya he sostenido, se realizaba al pie de la montaña conocida como Cerro Campana, al parecer entre las legiones del valle de Moche con los del valle de Chicama”.

Otra información relevante es la referida a las sucesivas construcciones y reconstrucciones de Huaca El Brujo, donde se hallaron vestigios de su primera edificación y la destrucción provocadas por terremotos y tsunamis. “Una de las hipótesis interesantes es que los que incursionan en la fase final de vida de estos templos son los Huari, que se encargan con el tiempo de ordenar la destrucción sistemática de todas las representaciones divinas de la fachada principal del templo mayor de Cao, hacia los 800 DC, aproximadamente. Y esta destrucción justificaría que- entonces- el centro de poder de la Sociedad Moche Tardio del territorio del sur (valles de Moche, Virú, Chao, Santa, Nepeña y Huarmey) estaba en el complejo El Brujo”, sostiene Franco.

Se trata de un libro de lectura obligada para entender la magnitud cultural de los Moche. Además de proporcionar fuentes iconográficas murales de primer nivel (gracias al avance de la investigaciones arqueológicas) el libro brinda también una serie de interpretaciones sobre el territorio sacralizado del Brujo, su arquitectura relacionado al complejo mundo moche a través de la iconografía de los murales. En suma, los “mochicólogos” del presente y del futuro tendrán a la mano toda la documentación grafica, fotográfica y documental para someter a la crítica constructiva las ideas vertidas por el autor.