El esencialismo peruano

Escribe Jaime Cordero.

Jaime Cordero.
Jaime Cordero.
La República
26 06 2019 | 17:45h

De un tiempo a esta parte a los hinchas peruanos nos ha dado por ponernos filosóficos. Sí, pues, así somos. Debajo de la camiseta, el gorrito y la vincha radica un pensador profundo, preocupado por cuestiones trascendentales como el ser, la identidad y el sentido de la existencia. Es ese hincha que cuando no usa la mano para darle vueltas a la matraca la emplea para sostener su cabeza, vallejiano gesto, mientras piensa: ¿Cuál es la esencia del fútbol peruano? ¿Será el ‘toque fino’? ¿La gambeta y la huachita? ¿La ‘gitanería’? Y en eso se le van los días: pensando que, entre los cañonazos de Lolo, las vivezas de Chale, los goles de Cubillas, las hazañas de Guerrero y la finta del Orejas hay un hilo conductor que debemos respetar para que todo tenga sentido. No basta con ganar, hay que ganar respetando la esencia. Y si nos alejamos de la esencia, luego no nos quejemos si nos va mal.

No me gustaría mantenerme al margen de esta discusión, sobre todo ahora que la goleada que nos propinó Brasil nos ha devuelto a nuestra zona de disconfort habitual: la calculadora. He ahí, pienso, una pista de lo que realmente es la esencia del fútbol peruano: el sufrimiento y sus múltiples derivados, cosas como creer en milagros, dudar de las estadísticas y creer que el trabajo serio (eso que tanta falta nos hace) se puede compensar con magia (eso que supuestamente nos sobra). El fútbol peruano es en esencia tremendista y tragicómico: un día es la expresión más refinada de Sudamérica y al día siguiente esos mismos jugadores no sirven para nada. Y así: un día Gareca es el estratega genial que tanta falta nos hacía; al siguiente solo sirve para preparar asados y componer milongas. En fin, pedimos equilibrio a nuestros once jugadores cuando nosotros mismos somos unos desequilibrados.

Sí, pues, así de consistentes somos. En lugar de reclamar un psicólogo para los seleccionados, quizás deberíamos buscarnos uno nosotros.

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