Alana Sinkëy: la voz rica en matices que estuvo en Lima

Nació en Portugal, aunque por poco en su natal Guinea-Bisáu (África). Quince años después, decidió emprender rumbo a Madrid para abrirse camino como cantante y compositora. Es la voz de Cosmosoul y estuvo en nuestra ciudad capital con el innovador y desafiante proyecto Patáx, del multipercusionista Jorge Pérez González.

Nació en Portugal, aunque por poco en su natal Guinea-Bisáu (África). Quince años después, decidió emprender rumbo a Madrid para abrirse camino como cantante y compositora. Es la voz de Cosmosoul y estuvo en nuestra ciudad capital con el innovador y desafiante proyecto Patáx, del multipercusionista Jorge Pérez González.

 
La propuesta sonora de Patáx, proyecto con cuatro años de formación, lleva la fusión a un ecosistema diferente, en el que entran en comunión el neo jazz, flamenco, el folclore afrocubano, entre diversos ritmos que se cohesionan en la búsqueda de un resultado genuino. Variables de este logro, son los músicos con talento y formación que lidera el español Jorge Pérez González. Alana Sinkëy es uno de ellos.
 
Lleva diez años en la música y para los 25 con que cuenta, parece que ha sentido, experimentado y disfrutado de su carrera más allá de lo que su edad pudiera contener. Ojos inquietantes, pelo largo, negro, conjugado en dreads. Pasos breves, los mismo que en la armonía de su baile, en los conciertos en Lima, inquietó a más de uno. Ni siquiera es necesario observarla para estremecerse: su voz seduce hasta a los más críticos.
 
“Siempre he cantado. He sido consciente que me gustaba y tenía pasión por la música. En cualquier cosa que genere sonidos, estaré. Hacer música era un sueño que no podía aguantar por mucho tiempo”, comenta antes de iniciar la clausura del festival “Flamenco y punto” en el ICPNA de Miraflores, espacio de inflexión que permitió su llegada a Perú. 
 
Su padre es un músico importante dentro de la escena del folclore de Guinea-Bisáu. Principalmente por él, es que Alana se inclinó hacia la música. Entre tanto, sueña con devolverle a la tierra de sus padres las influencias que carga consigo: “Guinea-Bisáu es un país pequeño que poca gente conoce y, sin embargo, tiene una riqueza cultural enorme que me gustaría dar a conocer, algún día”.
 
Las raíces de Alana significan para Patáx una versión más atractiva y rica en matices para los arreglos que Jorge Pérez tejió sobre algunos temas de Michael Jackson, y los futuros trabajos con canciones de Madonna o The Police o, incluso, propias. Esto también se hizo evidente en las dos presentaciones de Patáx en el Jazz Zone: un contexto distinto en el que pudieron mostrar lo mejor de su repertorio fusión, en cuya fecha de despedida hizo al público bailar y aplaudir casi durante toda la noche.
 
 
Can you help her?, es una innegable muestra de la predisposición de Alana a la escritura de canciones. Realiza trabajos en solitario y con su grupo Cosmosoul: otra mixtura (al igual que Patáx) de diversos talentos en la búsqueda de un mismo fin: conseguir la mejor expresividad posible a través de la fusión de ritmos.
 
“Mi pasión por la música es tan grande, que cuando he llegado sedienta de hacer música a Madrid, al principio resulta complicado porque emprendes una especie de locomotora que no para”. El resultados de los sueños de niña es un trabajo constante de proyectos musicales, estudios, ensayos, grabaciones publicitarias, que sintetizan la exigencia a la que se ha visto sumida en el camino del arte que ha elegido. 
 
“Mucha gente no valora las profesiones artísticas como la música”, dice con una sinceridad que se comprueba en lo cotidiano. La prensa peruana, atrapada en el vorágine de los espectáculos casi vacíos, poca cabida le dio a un proyecto del talante de Pátax o a voces como las de Alana. Un problema que sucede a nivel regional, ingrato con quienes intentan modificar el mundo a través del arte.  
 
Pero la adversidad resulta una posición que otorga oportunidades. La clave de la acogida de Cosmosoul, en países como Brasil o Rusia, ha sido la sinceridad y organicidad al momento de construir los temas de sus dos primeras producciones. Sus integrantes son de cinco países diferentes y entienden la música desde un punto de vista tan único, que su complementariedad evita las pretensiones. “Creo que eso llega a la gente: la sencillez de nuestras intenciones con la música”, dice contenta.  
 
Alana Sinkëy estuvo solo cuatro días en Lima como parte de la gira de Patáx. Su mente sencilla, la calidad amable de su ser y su tímido silencio que se deshace cuando sube a escena, ahora están en México. Comparte escenario, bajo la dirección de Jorge Pérez, con Valentin Iturat  (Percusión), Carlos Sánchez (bajo), Daniel García (Piano) y la bailaora venezolana Anita Loynaz. Su voz seguirá viajando a la espera del regreso a nuestra capital.

 

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