Rodolfo Salas: “Sacaco bien merecía atención de la ciencia”

Paleontólogo y su equipo investigan en el desierto de fósiles, en Arequipa. En noviembre abrirá el museo de sitio remodelado.

Paleontólogo. Rodolfo Salas con la osamenta fosilizada de una ballena. Foto: Lucero Reyes / La República
Paleontólogo. Rodolfo Salas con la osamenta fosilizada de una ballena. Foto: Lucero Reyes / La República
Pedro  Escribano

Hace 10 millones de años, el desierto de Sacaco, en el distrito de Bella Unión, Arequipa, era un mar. Estaba habitado por vertebrados gigantes como ballenas, delfines, cachalotes, focas, tiburones y cocodrilos, en especies que ahora no existen. La zona es un gran cementerio de fósiles. En los llanos, en las faldas de las colinas, se pueden observar las grandes osamentas extendidas.

Hasta allí llegó, hace tres años, el paleontólogo Rodolfo Salas Gismondi dirigiendo un equipo de investigación apoyado por Prociencia/Concytec y la Universidad Cayetano Heredia. El proyecto se llama “Ballenas del Desierto” y consiste en dos partes: uno, estudiar los fósiles y clasificarlos; dos, remodelar el pequeño museo de sitio y ponerlo en valor. Es decir, integrarlo al circuito turístico de Ica, Nazca y Acarí.

Desde mucho antes, Sacaco es reconocido en el mundo por sus fósiles, pero recién se ha hecho un proyecto que considere el aspecto científico y turístico.

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Hace más de 80 años, Roque Martín del Buey, migrante español, se afincó en ese desierto y sembró olivos gracias al único ojo de agua que existe allí. Al morir, su hijo Carlos junto con su esposa Josefina Rojas, en los años 90, con el apoyo del Museo de Historia Natural de San Marcos, edificaron un pequeño museo con el que cercaron un fósil para protegerlo.

“El proyecto concluye en noviembre y será con la inauguración del museo de sitio y la apertura al circuito turístico. Se ha cumplido con la investigación científica y con los planes de la puesta en valor”, dice Rodolfo Salas.

El científico nació en Lima y tiene un doctorado en Paleontología en la Universidad de Montpellier y posdoctorado en la Universidad de Zúrich. Narra que antes de llegar a Sacaco trabajaba en el Museo Natural de Nueva York. Regresó al país gracias a que la U. Cayetano Heredia lo postuló en el programa de repatriación de talentos.

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Museo. Vista interior del museo de sitio en el que se observa el fósil de una ballena. Foto: difusión

Noticias sobre fósiles

Asegura que se interesó por Sacaco cuando conoció al paleontólogo francés Christian de Muizon, quien, además de ser director del Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) en Perú, había realizado investigaciones en el lugar.

“Con Mario Urbina, que es paleontólogo y forma parte del equipo de Sacaco, aprendimos mucho de este maestro francés que, seguro, si no nos hubiera contagiado su pasión por esta zona, no estuviéramos aquí. Sacaco bien merecía atención de la ciencia “, dice Salas Gismondi.

El equipo de Rodolfo Salas, además de Mario Urbina, está integrado por Diana Ochoa, coinvestigadora del proyecto, geóloga que estudió las rocas fosilíferas e hizo análisis para determinar su antigüedad.

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Hallazgo. Diana Ochoa con el diente de tiburón megalodón recién descubierto. Foto: difusión

También Lucero Reyes, bióloga, que ha hecho su tesis sobre pinnípedos fósiles de Sacaco y participó en la implementación y museografía del museo.

Las gestoras de turismo son Libet Cabrales y Paula Vásquez, quienes han elaborado un expediente para integrar Sacaco en las rutas turísticas.

Bióloga. Lucero Reyes ante un fósil gigante. Foto: difusión

Evolución

Quien observa las llanuras de Sacaco no creerá que antes ese paraje de viento y arena fue una mar, específicamente una bahía poblada de isla (como el dibujo inferior que es una de las ilustraciones que ha hecho el artista Javier Herbozo para el museo).

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“Esta bahía, hace 10 millones de años, al elevarse la cordillera andina por acción de las placas tectónicas, desapareció. Es decir, lo sumergido se elevó y quedaron expuestos los fósiles del fondo marino”, explica Rodolfo Salas.

Existen fósiles, los más antiguos, de entre 10 y 11 millones de años, y los más recientes, de 1 millón de años. Las osamentas, las más pequeñas miden entre 7 y 14 metros, y las grandes, 14 metros de largo.

“En esta bahía muchos vertebrados acuáticos, sobre todo ballenas, algunas de esas especies no existen, como aquella que medía solo 5 metros. Otras han evolucionado hasta nuestros días, como la ballena azul. Asimismo, había una especie de delfín con apariencia de morsa que se extinguió hace 6 millones de años. También cocodrilos marinos que vivieron hace 4,5 millones de años y medían hasta 9 metros”, detalla el paleontólogo.

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El solitario del mar

Rodolfo Salas resalta el fósil de un oso perezoso, una especie que hoy en día no la podemos imaginar en el mar.

“Hasta donde se sabe —explica—, es el único caso en el mundo en que hubo un perezoso acuático, pues se alimentaba de pastos marinos y algas. Este animal (Thalassocnus) vivió entre 8 y 4,5 millones de años”.

Sacaco tiene una extensión de 70 kilómetros, aproximadamente. No se puede calcular la cantidad de fósiles que hay en sus colinas y parajes, algunos expuestos y otros bajo superficie. Sacaco guarda muchas sorpresas, como el diente de un tiburón megalodón que la doctora Diana Ochoa acaba de descubrir. Entonces, hay mucho por investigar, mucho hueso que roer.